La Baja Iliddiam es la más viva, alegre, colorida y variada de las cuatro zonas que componen la extraordinaria villa de Iliddiam.

Encajada entre dos altas cordilleras montañosas y recorrida por el ancho río Minio y dos de sus afluentes, la Parte Baja de la villa de Iliddiam está repleta de edificios y viviendas de todas las formas y colores. Y no solo eso: torres, granjas y pequeños bosques comparten el espacio con las extrañas estructuras de roca roja que son tan características en esta zona.
Mientras bajábamos, me fijé en la Baja Iliddiam. Se veían calles, casas y edificios, todos compartiendo el espacio con las bonitas torres, agujas y demás estructuras naturales de llamativa piedra rojiza. Las calles estaban abarrotadas; mucha gente de todo tipo las recorría. Su enorme plaza central era el lugar que más lleno de gente estaba.
Esta parte de Iliddiam no se parecía nada a la zona alta. Las calles eran más estrechas y no estaban empedradas, sino que eran de tierra. Las casas eran castros idénticos a los de mi hogar: circulares, pequeños, de un solo piso y con tejados de cañizo y paja embreada. Entre estas casas había algunos edificios más grandes.
En el centro de todo esto se formaba un pequeño lago donde las aguas del río Minio se unían con las de otros dos ríos más pequeños que descendían desde las montañas. Había allí, igual que en la parte alta de la villa, unos muelles llenos de actividad.
La hija de la ayalga. David das Tebras
La Baja Iliddiam
Iliddiam no es solo una villa extraordinaria; es el elemento central de la serie de novelas de fantasía Desde Iliddiam, de David das Tebras, que soy yo. Hoy vamos a descubrir la Baja Iliddiam, la más vital de sus cuatro partes.
¿Por qué es la más vital? Pues porque su población está compuesta por una variopinta mescolanza de individuos pertenecientes a docenas de especies diferentes.
También se veían, aquí y allá, personas trabajando los campos y otras pocas caminando por las calles. Pocos eran humanos.
Había seres muy pequeños, como Crack, pero que no eran trasnos, y también otros muy grandes, e incluso con formas extrañas, como uno muy peludo, con cuernos y patas de cabra, que parecía muy feliz y nos saludó mientras pasábamos a su lado con la carreta.
Yo estaba maravillada. Muchos de esos individuos de distintas especies se juntaban formando grupos cuando se encontraban y reían y charlaban con toda la armonía del mundo. Algunos de ellos me llamaron mucho la atención: pertenecían a la misma especie, pero sus tamaños y sus pieles variaban. Estas últimas eran de los distintos colores y texturas de la tierra y de la piedra. Todos tenían los ojos muy rojos y llevaban muchos adornos de oro.
Séptima hija. David das Tebras
Estos habitantes de la Baja Iliddiam no pertenecen a familias nobles y acomodadas cuyo linaje se remonta a épocas pasadas de esta villa (eso sucede en la Alta Iliddiam). No, la población de la parte baja de esta villa está compuesta mayoritariamente por personas de clase baja. Su alegría, iniciativa y ganas de vivir se plasman en la personalidad y en la apariencia de esta zona de Iliddiam.
La Herida de Lug
La villa de Iliddiam parece partida en dos por el hacha de un ser gigantesco. Este corte, que para la gente de la Alta Iliddiam es un precipicio extraordinario y para los de la Baja Iliddiam es una altísima pared de roca roja, es conocido como La Herida de Lug.
El acantilado se encumbró sobre nosotros, cerca, muy cerca, como una muralla imposible levantada por entidades primordiales. El rojo lo dominaba todo, y no era el color mate que se veía a lo lejos, en las montañas que abrazaban la villa, sino un tono profundo, mineral, casi húmedo, que lanzaba destellos bajo la luz del sol, que asomaba desde lo alto como si se estuviese produciendo un amanecer a mediodía.
Séptima hija. David das Tebras
En la Alta Iliddiam, el espectacular Mirador de la Parte Alta, protegido por una barandilla de piedra, se encuentra en el límite superior de la Herida de Lug. En la Baja Iliddiam hay muchos locales y viviendas excavadas en la base de esta altísima pared de roca roja. Una de ellas es una conocida taberna llamada La Cova dos Alarbios.
La Cova dos Alarbios
Esta taberna, una de las tres que tiene la parte baja de la villa, es un lugar muy animado y agradable. Está regentado por su dueño, un mouro muy grande e impresionante llamado Dig Dag dung, aunque todo el mundo le llama Dedé. A la Cova dos Alarbios acuden personas de todo tipo provenientes de todas las zonas de Iliddiam.

No tardé en pasar entre dos grandes y ornamentadas columnas que daban lugar a una bella caverna natural que alguien había decidido convertir en una taberna muy agradable.
La había bautizado como la Cova dos Alarbios y era un espacio ideal para reunirse con los amigos y para charlar con toda tranquilidad tomando unas cervezas, o disfrutando de una buena comida. Pero el local no era popular solo por estas cosas, sino también porque sus paredes estaban cubiertas casi por completo por una veintena de bellos murales. La mayoría de ellos recreaban los lugares más bonitos e icónicos de la Baja Iliddiam.
Séptima hija. David das Tebras
Los que acuden a esta taberna se sientan alrededor de un montón de mesas redondas para comer y beber en uno de los espacio más pintorescos y alegres de toda Iliddiam.
El puerto fluvial de la Baja Iliddiam
El gran río Minio cae sobre la Baja Iliddiam en forma de espectacular cascada y, al hacerlo, crea un hermoso lago. A sus orillas existen unos muelles muy activos a los que llegan muchas carretas repletas de mercancías descargadas en los muelles de la Alta Iliddiam. Estas mercancías vuelven a ser embarcadas para que sigan río abajo hasta la importante ciudad de Ribademinio, en la Costa de la Vida.
La rampa llevaba a una explanada al lado de un puerto, en las orillas del lago de la Parte Baja. En la plaza había mucho ajetreo. Hombres de muchas razas se afanaban en descargar las carretas y llevaban las mercancías a los barcos, o bien las dejaban delante de las pasarelas de madera a las que estaban amarrados.
El lago tenía un bonito color verde y estaba muy tranquilo. Los muelles, de madera, eran mucho más toscos que los de la Parte Alta. También lo eran los barcos en los que cargaban las mercancías. No se parecían a los de los otros muelles, eran curragh, embarcaciones con un esqueleto de mimbre cubierto de pieles de animales cosidas e impermeabilizadas con brea, muy parecidas a las que construía mi pueblo.
La hija de la ayalga. David das Tebras
Estos muelles dan a una amplia explanada empedrada en la que los vendedores de pescado pregonan su mercancía a gritos desde puestos que son poco más que unas tablas colocadas sobre unos barriles, pero que están abarrotadas de todo tipo de pescados.
La torre de la Puerta
En el centro de este hermoso lago existe una pequeña isla rocosa, y desde ella se alza hacia los cielos una de las maravillas de Iliddiam: la Torre de la Puerta.
Esta espiral de roca negra y brillante no tiene puertas ni ventanas, al menos desde fuera, y se eleva hasta una altura imposible. En ella residen los reescritores de la realidad asignados a la villa por su organización: la celosa y peligrosa Doble R.
Muchas personas creen que las características extraordinarias de esta torre se deben a que ha sido construida utilizando única y exclusivamente la reescritura de la realidad. Están en lo cierto, pero solo arañan la superficie de la sorprendente realidad, ya que esta torre es mucho más de lo que parece.

El mercado de la Baja Iliddiam
Llegamos entonces a una gran explanada rodeada de edificios y viviendas. Una mezcla de olores a distintos tipos de comidas deliciosas hicieron que el estómago me rugiese y me doliese de nuevo.
El amplio espacio estaba abarrotado de gente y de pequeños puestos de venta creados con madera y telas, y en su zona central existía una gran plataforma natural de roca roja.
La hija de la ayalga. David das Tebras
Salvando las distancias con Ribademinio, que es una ciudad importante, Iliddiam es la mayor villa comercial en todo el Val Minior. Este es uno de los motivos de que en la plaza central y más importante de la Baja Iliddiam haya un mercado permanente. Además, una vez por semana, acuden vendedores de las ciudades y pueblos cercanos y la plaza se llena de puestos para celebrar un «día de mercado».
―Es día de mercado ―dijo Khan Kshur, devolviéndome a la realidad―. Fíjate en la plaza. Ahí están los establecimientos de los comerciantes de la villa y, rodeándolos, en la propia plaza y en las calles circundantes, están los puestos de los mercaderes de ciudades y villas cercanas. ―Mientras hablaba, señalaba con su enorme dedo y se protegía la cara del sol con su otra mano.
Conforme escuchaba a mi amigo mouro, otra maravilla llamó mi atención: una impresionante torre de roca roja que se alzaba en medio de la gran plaza central. Era mucho más alta que las demás y partía de la cima de una gran plataforma natural de roca roja, casi una torre en sí misma, alcanzando la suma de ambas una altura prodigiosa.
La hija de la ayalga. David das Tebras
La Torre de la Baja Iliddiam
Centrémonos ahora en la gran estructura de roca roja que ocupa el espacio central de esta gran plaza.
Su base ha sido vaciada para crear una sala gigantesca con el techo a una altura de unos diez pies. Tanto este techo como las paredes tienen una superficie muy irregular que le dan al conjunto el aspecto de una cueva natural. Este espacio tan amplio es utilizado para celebrar el mercado los días que hace mal tiempo.
Una de las columnas de esta sala tan grande, la que ocupa su centro, es mucho más gruesa que las demás y en ella existe una escalera en espiral que asciende hasta el siguiente nivel de la estructura a través de un gran agujero.
Este segundo nivel es un pequeño laberinto rojo de pasillos y cámaras. En su centro hay otras escaleras ascendentes. Es el punto en el que comienza la Torre de la Baja Iliddiam, residencia oficial del representante de esta zona.
…de donde surgía la estructura de roca roja más impresionante que había visto hasta el momento. Tenía forma de torre y se retorcía sobre sí misma durante muchas decenas de pies, siempre hacia arriba, girando y volviendo a girar para recuperar la verticalidad. El resultado final era sorprendentemente bello.
La hija de la ayalga. David das Tebras

La torre de los trasnos
En la Baja Iliddiam vive una comunidad de trasnos formada por hembras y niños pequeños de ambos sexos. Son los supervivientes de un problemático clan de trasnos asalvajados que dieron muchos problemas a los protagonistas de La hija de la ayalga.
Si forman parte de la población de Iliddiam es gracias al extraordinario Grik, un niño trasno muy especial y uno de los personajes principales de Desde Iliddiam. También hay que agradecérselo a Bricio, un semitrasno gruñón y veterano y uno de los líderes de los guerreros de la villa.
No tardé en acercarme al bosquecillo que rodeaba a una de las estructuras que habían sobrevivido a las batallas: la torre en la que vivía la comunidad de trasnos de Iliddiam. Era una estructura natural de roca roja en forma de aguja y en algún momento del pasado se habían excavado túneles y habitaciones en su interior.
Nosotros lo habíamos acondicionado para que albergase a un buen número de trasnos. Esta estructura estaba rodeada de unas pocas gradas de piedra, muy antiguas, que formaban un semicírculo. Förl lo había llamado «las ruinas de un pequeño anfiteatro». Alguien había pintado unas letras muy grandes en las piedras. Bricio me había dicho que significaban «He vuelto».
Esta comunidad de trasnos era reciente y estaba formada por los supervivientes del antiguo clan de Grik, todos ellos mujeres y niños.
La hija de la ayalga. David das Tebras
O Canouro Confundido
O Canouro Confundido es una de las tres tabernas que existen en la parte baja de la villa. No es la mejor (esa es la Cova dos Alarbios) ni la peor, y, en general, es un buen sitio para tomarse unas cervezas o algo más fuerte.
O Canouro Confundido era una gran casa castreña de piedra a la que no paraba de entrar gente. Tenía planta circular y tejado de cañizo, como era normal, pero un tamaño muy superior al de cualquier edificio de su estilo. Tendría unos quince pasos de diámetro y varios edificios anexos, similares y más pequeños. Estaba muy cerca del puerto fluvial de la parte baja de la villa, a unos pasos del río Minio.
La hija de la ayalga. David das Tebras

La Balumba Negra
Como toda villa importante, no podía faltar en Iliddiam un «local de señoritas alegres». Un prostíbulo, vamos.
Giré hacia la izquierda, pasé bajo un gran arco de piedra roja muy bonito, crucé un puente de madera y ante mí apareció el local que había llamado mi atención. Era una casa de madera de dos pisos pintada en alegres tonos de color rosa. Encima de la puerta de entrada había un cartel que ponía «La Balumba Negra». Me puse contentísimo. ¡Era uno de los locales de mi tío!
La hija de la ayalga. David das Tebras
La Balumba Negra está situada en un rincón apartado de Iliddiam y forma parte de una gran cadena fundada por Pumba Barbalumba, el tío de Timy, uno de los personajes principales de las novelas. Estos locales, que se pueden llamar Balumbas Negras o Barbalumbas, se extiende por todo Jardín de Antiguos.

La herrería de Förl
La residencia y forja del renombrado herrero dvergar Förl es una de las localizaciones más importantes en La hija de la ayalga y La marca del urco. Desde fuera, parecen dos edificios sencillos de una planta, pero lo que pocos saben es que se adentra en la montaña que tiene detrás mediante pasillos y salas excavadas en la roca de la montaña.

Las murallas de la Baja Iliddiam
Estas murallas estaban en ruinas durante los sucesos que tienen lugar en La hija de la ayalga y fueron reconstruidas para hacer frente a un asedio durante la trama de La marca del urco. A día de hoy vuelven a estar en ruinas.
Tras un buen rato atravesando bosques llenos de ruinas, los árboles desaparecieron y la carretera comenzó a atravesar una gran extensión cubierta de yerba y de flores. Esta explanada verde, solo cortada por el gran río, estaba encajada entre las escarpadas paredes de las altas montañas que, horas atrás, había contemplado en la lejanía. Al fondo se veían unas murallas de piedra roja en muy mal estado y, tras ellas, comenzaba una población bastante grande.
―Bienvenidos a Iliddiam ―dijo Förl.
La carreta continuaba su avance lento y traqueteante. Pasamos a través del arco de las viejas murallas rojas, que ya no tenía puertas.
Séptima hija. David das Tebras
Y esto es todo lo que os puedo revelar (de momento) sobre la Baja Iliddiam
Esta zona de la villa oculta muchos más secretos, pero no os los voy a contar de momento. Tengo que ir al ritmo de las novelas y no soy amigo de los spoilers. En el momento adecuado, ampliaré este post con toda esa información.
Bueno… este es el cuarto de una serie de artículos que describen el mundo de mi serie literaria Desde Iliddiam. El primero es Desde Iliddiam y sus mundos: el mítico Otro Lado. Después vino La Reescritura de la realidad, el poder definitivo. El tercero es Iliddiam sobre Iliddiam, que describe otra de las zonas de Iliddiam. Y habrá muchos, muchos más.
Y hablando de Desde Iliddiam…
Si te gustan las novelas de fantasía (al más puro estilo de El señor de los anillos), déjame informarte de que estoy escribiendo una serie literaria basada en nuestras mitologías, las de la Península Ibérica. Por lo tanto, son novelas repletas de nuestros seres míticos y leyendas. De momento, he escrito las siguientes:


2 ideas sobre “La Baja Iliddiam: vibrante, vital y misteriosa”
¡Qué maravillosas descripciones de un lugar fantástico, rico y hasta arriba de detalles y personalidad propia!
Leyéndote me parece recorrer sus calles y sumergirme hasta arriba en esa maravillosa ciudad, y estoy segura de que es ahí donde un escritor se da cuenta de que el universo que ha creado es simplemente “perfecto”.
¡Un placer descubrir maravillas de tu mano, amigo!
Muchísimas gracias 😊
Con personas cómo tú, es normal que las cosas salgan bien.