Iliddiam sobre Iliddiam es como se conoce a la parte… digamos que… «superior» de la extraordinaria villa que es la pieza central alrededor de la que orbita la serie literaria Desde Iliddiam.

―¡Por la luna! ¡¿Pero qué es aquello?! ―exclamó Hazel. Señalaba las estructuras de piedra que levitaban sobre la villa, que aún estaba a bastante distancia.
―Son las ruinas voladoras de Iliddiam. Allí las llaman Iliddiam sobre Iliddiam ―le respondí. Si tu pregunta es acerca de qué son y para qué sirven, nadie lo sabe. Son un vestigio del lejano pasado.
―Bueno, dejémoslo en que, si alguien lo sabe, no lo comparte con el resto de la gente ―aportó Khan Kshur. Había agotamiento en su profunda voz.
La hija de la ayalga. David das Tebras.
ILIDDIAM SOBRE ILIDDIAM
Como hemos dicho, estamos hablando de unas ruinas voladoras que atestiguan un pasado grandioso. Se trata de una multitud de placas de piedra, algunas de ellas enormes, que levitan muy alto sobre la Alta Iliddiam.
Los restos de estructuras muy extrañas coexisten con los bosques que han crecido entre estas ruinas. En teoría, nadie vive en Iliddiam sobre Iliddiam, y tan solo un puñado de estos edificios han sido restaurados y después conservados por el clan de los Cenn Faelad.
Su arquitectura era indescriptible, distinta de cualquier cosa que hubiese visto antes. Al observarlas con calma, comprobé que las ruinas voladoras no respondían a ninguna lógica.
Su forma y estructura no respondían a ninguna función práctica evidente. En muchos aspectos, carecían de sentido. «O no lo tienen para gente como nosotros», pensé.
La piedra en la que estaban construidas era de un gris bastante oscuro y un poco brillante. Parecía una buena piedra, dura y resistente. Debía de ser difícil para un cantero trabajar con ella. Sin embargo, las ruinas estaban llenas de grabados, relieves, figuras y arcos que no servían para sujetar ninguna bóveda ni tejado, de elaboradas columnas llenas de extraños motivos que no solo eran verticales, sino también horizontales y diagonales. Había altísimas agujas de piedra en medio de jardines y explanadas, que se iban estrechando poco a poco hasta acabar en punta a una altura de cientos de pies. Había paredes dedicadas a albergar gigantescos murales esculpidos que representaban escenas incomprensibles.
La hija de la ayalga. David das Tebras.
Las placas de ruinas que vuelan más bajo son bastante pequeñas. Muy poca gente conoce los secretos que ocultan las placas superiores. La placa de mayor tamaño está a una altura intermedia con respecto a las demás y es la conocida como Placa de la cúpula. Está enlazada con la Torre de piedra roja de la Alta Iliddiam.
La torre de Piedra Roja
La única manera que existe para que la gente normal suba a Iliddiam sobre Iliddiam es la gran Torre de Piedra Roja que se alza en el borde mismo de la Herida de Lug.
La cima de esta gran torre no es más que una amplia explanada de piedra lisa rodeada de almenas muy bajas que muestran una serie de símbolos, una suerte de extrañas letras arcaicas grabadas con profundidad en el suelo de roca, justo al pie de las almenas. Abarcan toda la circunferencia de la torre y son mandatos de reescritura de la realidad inscritos en roca. Ocasionan que la fuerza de la gravedad no actúe sobre lo que esté sobre la plataforma, sea persona u objeto.

―Seguro que os estáis preguntando qué sucede y cómo vamos a subir a las ruinas ―dijo el jentil―. Os lo explicaré. ―Señaló los símbolos arcanos grabados en el suelo―. Dentro de este círculo no funcionan un par de leyes de la naturaleza. Hay otro parecido allá arriba, pero mucho mayor y más complejo―señaló a las ruinas, en lo alto, justo encima de nosotros―. Una de las leyes naturales que han sido anuladas es la de la gravedad. Solo necesitamos dar un pequeño impulso y ascenderemos hasta las ruinas.
La hija de la ayalga. David das Tebras.
Y de esta manera se sube a Iliddiam sobre Iliddiam, dando un pequeño impulso con los pies. De esa manera, la gente ascenderá hasta una estructura en forma de cúpula que existe en la Placa de la Cúpula, la mayor de las placas voladoras.
Mirad hacia aquella estructura voladora, la que está justo encima de nosotros y tiene un agujero en el centro. ―Señalaba con su índice hacia una de las mayores y más barrocas de entre las estructuras arquitectónicas que flotaban sobre Iliddiam.
La hija de la ayalga. David das Tebras.
La Placa de la Cúpula
La Placa de la Cúpula es la más grande de las plataformas de ruinas voladoras que sobrevuelan la villa, y tal vez sea, también, la que está más llena de maravillas.
Cuando penetramos a través del enorme agujero, descubrí imágenes de los seres que habían creado las ruinas. Se parecían a nosotros, aunque a veces apareciesen portando objetos cuya función desconocía.
Eran grabados esculpidos sobre los bloques de piedra blanca que rodeaban el agujero, entre líneas y líneas concéntricas de una escritura que ya habíamos visto en la planta superior de la torre. Me pareció que se trataba de un larguísimo comando de reescritura de la realidad inscrito en piedra, o más bien de muchos de ellos seguidos. Me dio pena que Exién no estuviese con nosotros.
El gran agujero no servía para dejar atrás la placa. Daba acceso a una sala de dimensiones inconcebibles, cuyas paredes estaban decoradas por completo con dibujos maravillosos, creados en distintos tonos de azul sobre un blanco puro y nacarado. No eran grabados y tampoco eran pinturas. Eran otra cosa, algo notable, pues estas imágenes, estas escenas, tenían un brillo, una viveza y una energía que no había visto jamás.
Mientras me elevaba a través de la inmensa habitación, me percaté de que el techo tenía una ligerísima curva, como si fuese una enorme cúpula con una convexidad muy poco pronunciada.
Cuando faltan unos cinco pies para llegar al techo, la fuerza de la gravedad vuelve a funcionar, pero está invertida: El techo es el suelo y el suelo es el techo.
Me posé y retomé mi forma física. Noté la superficie del techo contra las palmas de mis pies. Su tacto era extrañísimo. Frío, pero agradable. Nunca había tocado nada así. La gravedad me empujaba hacia la cúpula en vez de hacerlo hacia el agujero por el que habíamos llegado. En lo que respectaba a mi percepción y a mis sentidos, todo estaba bien. Ahora ese agujero estaba arriba, y, si miraba hacia abajo, los dibujos azules sobre la superficie blanca eran el suelo sobre el que caminaba.
La hija de la ayalga. David das Tebras.
En el exterior de la enorme cúpula aún se puede ver una gran sección del suelo de una gran plaza, cubierto de enormes baldosas de mármol. Alrededor de esta plaza, un montón de extrañas estructuras y edificios se mezclan con una exótica y abundante naturaleza. En la lejanía, saliendo de densas masas arbóreas, se pueden ver dos o tres columnas que no sostienen nada y que terminan en punta a cientos o miles de pies de altura.
La Arboleda Protegida de Iliddiam sobre Iliddiam
La Arboleda Protegida es… pues bueno, una arboleda, pero una muy especial. Está rodeada de un enorme anfiteatro de piedra y en su interior existen tres círculos concéntricos de piedras altas, estrechas y de un color blanco azulado. Se trata de una zona muy importante de la Placa de la Cúpula, y lo es por varias razones. La primera de ellas es que está protegida mágicamente desde tiempos inmemoriales y esa magia sigue por completo vigente a día de hoy.

El segundo motivo es que es un lugar que no está abandonado. De hecho, nunca ha dejado de ser utilizado. Es el más importante y sagrado de los puntos de reunión de la asamblea que gobierna Iliddiam, y lo es desde tiempos ancestrales. En torno a la gran mesa redonda que hay en su centro se toman las decisiones más importantes, aquellas que requieren que no haya curiosos que puedan escuchar.
A lo largo de varias millas, formando un gran círculo, el terreno descendía en una serie de gradas de piedra. Nos acercamos al borde y descubrimos otro bosque en el fondo. También tenía forma circular, aunque un poco ovalada, y estaba rodeado por el nivel más bajo de las gradas. Tres círculos concéntricos de piedras altas, estrechas y de un color blanco azulado descollaban sobre las copas de los árboles. Estaban llenas de símbolos, una vez más.
La hija de la ayalga. David das Tebras.
Los extraordinarios estadios invertidos
De entre todos los lugares extraordinarios de Iliddiam sobre Iliddiam, existen dos edificios que podrían ocupar el primer puesto en cuanto a lo extraño de su diseño.
Las estructuras tenían una altura de varios cientos de pies y tal vez unos diez pisos. Nunca había visto nada semejante. Quizá, en su día, estuviesen destinadas a que viviese gente en ellas, aunque yo no lo haría ni loca. El primer piso, a ras de suelo, era el más pequeño y tenía el diámetro de una torre de buen tamaño. A medida que se ascendía, cada piso tenía un diámetro un poco superior. Los últimos se abrían como una flor de columnas, arcos, picos y adornos.
En las alturas, los extremos de algunos de los elementos arquitectónicos más largos de la estructura de nuestra izquierda se enlazaban con las de su gemela de la derecha, uniéndolas de esa manera, como dos enamorados que se tocan con las puntas de sus dedos.
―Llevan en pie muchos miles de años ―dijo Sakar, a mi lado. ¿Quién lo hubiese dicho, verdad?
―¿Qué son?
―Están huecas. Como una copa. Si entras y subes hasta arriba sales a una especie de gran auditorio escalonado. Hay una plataforma cuadrada y elevada en el centro de la estructura y lo demás son gradas, adornos y extrañas estatuas. Yo creo que servían para que un pequeño grupo entretuviese de alguna manera a una multitud.
La hija de la ayalga. David das Tebras.
El claro del Palacio de Cristal de Iliddiam sobre Iliddiam
Este es otro lugar muy importante de estas ruinas voladoras. Se trata de un pequeño grupo de bellos edificios que rodean una gran explanada de césped bien cuidado. El clan de los Cenn Faelad lo mantienen todo en muy buen estado y utilizan el lugar para celebrar fiestas en ciertas ocasiones especiales. En estas celebraciones es costumbre bailar durante toda la noche.
El edificio más espectacular de este lugar destaca por encima de los otros: se trata de aquel conocido como el Palacio de Cristal.
Al final, salimos a un enorme claro en el bosque. Lo rodeaban tres grandes edificios de piedra de dos pisos y un gran palacio hecho de cristal en su mayor parte. A través de las paredes de cristal vimos como preparaban la mesa para la cena en el primera planta del palacio. La segunda y la tercera estaban a oscuras, pero en la planta baja y en el jardín se veían a muchas parejas bailando.
La hija de la ayalga. David das Tebras.

Y esto es todo lo que os puedo revelar (de momento) de Iliddiam sobre Iliddiam
Estas ruinas voladoras ocultan muchos más secretos, pero no os los voy a contar de momento. Tengo que ir al ritmo de las novelas y no soy amigo de los spoilers. En el momento adecuado, ampliaré este post con toda esa información.
Bueno… este es el tercero de una serie de artículos que describen el mundo de mi serie literaria Desde Iliddiam. El primero es Desde Iliddiam y sus mundos: el mítico Otro Lado. El segundo es La Reescritura de la realidad, el poder definitivo. Y habrá muchos, muchos más.
Y hablando de Desde Iliddiam…
Si te gustan las novelas de fantasía (al más puro estilo de El señor de los anillos), déjame informarte de que estoy escribiendo una serie literaria basada en nuestras mitologías, las de la Península Ibérica. Por lo tanto, son novelas repletas de nuestros seres míticos y leyendas. De momento, he escrito las siguientes:


Y si aún queréis cómo empezó todo, aquí tenéis.
Desde Iliddiam, cómo un juego de rol desembocó en la creación de un mundo.
Y, sin más, ya sabéis: sentid, vivid… Y no os rindáis nunca.
2 ideas sobre “Iliddiam sobre Iliddiam, las ruinas voladoras de un pasado desconocido”
¡Me ha encantado este post! Tanto o más que los anteriores sobre Iliddiam, y es que me asombra lo maravillosamente construida y descrita que está la ciudad, la novela, los personajes y todo lo que rodea a sus misterios. ¡Que fantásticas novelas amigo! ¡Un placer seguir leyendo sobre sus increíbles características y secretos!
Como siempre, muchísimas gracias, amiga mía. Sin tu apoyo y tu cariño, este blog no sería lo mismo.