El nombre del mundo es bosque es una novela alucinante de Ursula K. Le Guin. Esta lectura magistral es, en primer lugar, un llamamiento a la defensa de la naturaleza, pero no se queda ahí. También arroja luz sobre la manera de ser de nuestra raza. La obra nos habla de como interactúa el ser humano con el mundo natural y viceversa. El título de este artículo es, pues, un juego de palabras.

El nombre del mundo es bosque: algo parecido a una sinopsis
El argumento es amplio, sencillo, mayúsculo e impactante. Efectivo. Es un lienzo perfecto para plasmar todo lo que la autora pretende transmitirle a los lectores.
La humanidad lleva más de un millón de años viajando por las estrellas y ha conquistado la galaxia. Esto ha provocado que, en algunos planetas colonizados durante las primeras épocas de la exploración espacial, la evolución haya tenido tiempo de actuar. Este es el caso del mundo en el que se desarrolla el libro: Nueva Tahití, una colonia cubierta de bosques destinados a convertirse en tablones de madera para la agotada Tierra, un planeta en el que la madera vale más que el oro (porque es menos abundante, así de sencillo).
En este mundo, la cepa humana original ha evolucionado en seres pacíficos, muy bajitos, peludos y completamente vinculados con la naturaleza; muy diferentes de sus «primos», que han vuelto para reclamar ese planeta como propio. Estos últimos van a comportarse con los athshianos, esos menudos humanoides a los que ellos llaman crichis, como el hombre siempre ha hecho: los van a esclavizar, a maltratar, a hacinar, a violar y a denigrar de todas las maneras imaginables. Con la propia naturaleza, con el planeta, van a hacer lo mismo.
Esta novela nos habla de la naturaleza del ser humano, como os he dicho. Y la autora desnuda esa naturaleza ante nosotros de una manera fría y magistral que no os va a dejar indiferentes.
Un nuevo mundo dentro de un nuevo universo
Esta obra nos presenta un planeta idílico, un edén, que está siendo destrozado por un ser humano regido por un expansionismo imperialista, agresivo y capitalista (¿os suena?). Esos son los puntos fuertes de la ambientación: la naturaleza, el contraste de esta con los mecanismos de una sociedad humana cruel y egoísta, todo endulzado con unas cuantas pinceladas de un lejano (muy, muy lejano) futuro.
Soplaba el viento, y las mil tonalidades del moho y el crepúsculo, los pardorrojizos y los verdes pálidos, cambiaban sin cesar en las alargadas hojas de los sauces. Espesas y rugosas, las raíces estaban cubiertas de un musgo verde a orillas de los arroyos que fluían lentamente como el viento, demorados por suaves remolinos y falsos remansos, atascados en piedras y raíces, las ramas colgantes y hojarasca. No había un solo claro, ni un resquicio de luz hendía la espesura. Hojas y ramas, troncos y raíces -lo umbrío, lo complejo- invadían el viento, el agua, la luz del sol, la luz de las estrellas. Debajo de las ramas, alrededor de los troncos y sobre las raíces corrían senderos pequeños, ninguno en línea recta, todos se desviaban ante un mínimo obstáculo, tortuosos como nervios. El suelo no era seco y compacto sino húmedo y esponjoso, producto de la colaboración de los seres vivos y la lenta, la morosa muerte de las hojas y los árboles, y en aquel fértil cementerio crecían árboles de treinta metros de altura, y hongos diminutos que brotaban en círculos de un centímetro de diámetro. Había un olor en el aire, sutil, variado y dulzón.
El nombre del mundo es bosque. Úrsula K. Le Guin.
El nombre del mundo es bosque fluye a través de sus personajes
Esta historia es narrada por tres individuos muy interrelacionados y completamente distintos entre ellos. Esa es la clave: los personajes y sus distintas maneras de ver el mundo. Estos tres son, por orden de aparición, el capitán Don Davidson, el athshiano Selver y el doctor (y capitán) Raj Lyubov,
Don Davidson
En la narrativa de El nombre del mundo es bosque, Don Davidson es un militar blanco, heterosexual, atractivo y en plena forma física. Hasta aquí, perfecto, ¿verdad? Sin embargo, lo que caracteriza y enriquece a este personaje es su mente. Es escalofriante. Su manera de pensar es insana por completo, a la par que perturbadoramente creíble y real. Se acerca muchísimo a la psique de un enfermo mental peligroso y, a la vez, es muy parecida a la mente de una de estas personas tan egoístas y superficiales llamadas «gente normal».
El capitán Don Davidson es tan representativo de los defectos de nuestra raza que, más de un millón de años después de la conquista de la galaxia por el ser humano, conserva todos los rasgos negativos del machismo y del racismo característicos del siglo veinte.
Dongh no había aparecido por la radio últimamente. Casi siempre hablaba Juju Sereng, de Ingeniería. Davidson había salido de juerga frecuentemente con Juju y lo consideraba un amigo, pero ahora no se podía confiar en nadie. Y Juju era otro asiatiforme. En verdad, parecía raro que tantos de ellos hubiesen sobrevivido a la Masacre de Centralville; de todos los hombres con quienes había hablado, el único no asio era Gosse. Aquí, en Java, los cincuenta y cinco hombres leales que quedaban luego de la reorganización eran casi todos eurafs como él, algunos afros y afroasiáticos, pero ninguno asio puro. La sangre es la sangre. Uno no podía ser verdaderamente humano si no llevaba en las venas unas gotas de sangre de la Cuna del Hombre. Eso no le impediría, por supuesto, salvar a los infelices bastardos amarillos de Central, pero explicaba en parte el colapso moral y la escasa resistencia de esa gente.
El nombre del mundo es bosque. Úrsula K. Le Guin.
El capitán Raj Lyubov
El doctor Raj Lyubov, cuya capitanía es, en sus propias palabras, «un invento necesario para la paz de espíritu de los militares», es el único ser humano «a la altura» de la sensibilidad de los lectores. Él es capaz de ver con claridad lo que está sucediendo en el planeta y ha redactado múltiples quejas sobre los abusos que sufren sus habitantes indígenas. El bueno de Raj parece ser el único habitante del planeta que se da cuenta de que los esvis nativos, los athshianos, son seres humanos y son inteligentes.
Algo muy digno de mención es la maravillosa amistad que surge entre este personaje y Selver, uno de estos athshianos. Esto es uno de los mayores aciertos de la novela y también uno de sus ejes.
Selver, el hijo del bosque de fuego
Selver, un athshiano, un «crichi», como lo llaman los colonos humanos, es el personaje más importante de El nombre del mundo es bosque. Él, un individuo muy especial, es el el catalizador de todos los sucesos importantes en la trama.
―¿Quién es? ―preguntó la mensajera de Trethat, siguiéndolo con la mirada.
―El hombre a quien venía destinado tu mensaje, Selver de Eshreth, un dios entre nosotros. ¿Habías visto alguna vez a un dios, hija? …
―¿Qué dios es, madre?
―Un dios nuevo ―dijo Ebor Dendep con su voz vieja y seca―. El hijo del bosque de fuego, el hermano de los asesinados. Él es el hombre que no ha renacido. Ahora marchaos, todas; id al Albergue. Ved quiénes irán con Selver, ocupaos de que lleven alimentos. Dejadme un rato a solas. Estoy colmada de presentimientos, como un viejo estúpido, necesito soñar…
El nombre del mundo es bosque. Úrsula K. Le Guin.
A través de este personaje (y, un poco, a través de Raj Lyubov) podréis conocer a los athshianos, su sociedad y su manera de vivir, tan diferente a la nuestra. También esto es una de las claves de esta novela.

Ursula K. Le Guin
Desafortunadamente fallecida, (1929-2018), Ursula K. Le Guin escribió 21 novelas, 11 compilaciones de relatos, 4 ensayos, 12 novelas infantiles y 6 poemarios.
Debo reconocer que es la primera novela de esta autora que leo. Siempre hay una primera. Y me he quedado de piedra. Como escritor, este es un libro que me ha devuelto la humildad y me ha puesto los pies en la tierra. La última vez que me pasó algo parecido fué con El frío azul, de Ramón Caride.
A mi manera de entender, y tras una conversación con Conchi Regueiro, una gran amiga que sabe mucho de esto, os recomendaría como lecturas imprescindibles de esta autora Los desposeídos, La mano izquierda de la oscuridad, y también el título que hoy nos ocupa, es decir: El nombre del mundo es bosque.
Y eso es todo sobre El nombre del mundo es bosque
Esta es la primera obra de esta autora que comento en el blog, pero os aseguro que no será la última, porque, y hablo muy en serio, me ha impresionado profundamente su narrativa.
Sin embargo, por ahora, eso es todo.
Un abrazo enorme y muchas gracias por leerme.
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Y si no, ya sabéis:
Sentid, vivid y no os rindáis nunca.
Una idea sobre “El nombre del mundo es bosque: en un futuro muy lejano…”
¡Qué reseña tan interesante! Por supuesto, después de leerla, despiertas completamente la curiosidad por esta novela, que se intuye tan rica y fantásticamente escrita. ¡Una gran recomendación, sin duda!