¡Malditos piskies! Conoce a los extraordinarios duendes de Cornualles

Los piskies son unas criaturas muy emblemáticas del folclore de Cornualles. Se trata de unos duendes muy alegres y activos, tanto para ayudar como para hacer travesuras.

Magnifica imagen de los piskies de Cornualles.

Están fuertemente emparentados con otros duendes del Reino Unido y son protagonistas de múltiples narraciones y fábulas. En este post podréis disfrutar de algunas de ellas.

¿Quienes son los piskies?

A lo largo de mi proceso de documentación, he descubierto que hay dos visiones de los piskies: pueden ser muy parecidos a los duendes clásicos, o pueden ser una especie de hadas luminosas. Dicho en otras palabras, los piskies pueden ser parecidos a las pixies o bien parecidos a los brownies.

Los siguientes párrafos te dejarán claro a que me refiero.

Robert Hunt, en Popular Romances of the West of England (1865) divide a las criaturas fantásticas de Cornualles en cinco categorías: Gente pequeña, spriggans, buccas/bockles/knockers, browneys y piskies o pigseys.

El piskey es un duende muy travieso y muy poco sociable. Su diversión favorita es atraer a la gente a los pantanos, apareciéndose como una luz. Esta puede ser la luz de la ventana de una cabaña o la de un hombre que lleva una linterna. El Piskie participa, en muchos aspectos, del carácter del Spriggan. Tan extendidas estaban sus depredaciones, y tan molestos eran sus trucos, que en un momento fueron muy populares los amuletos contra Pigseys.

Deben haber sido unos duendes muy alegres, ya que «reírse como un Piskie» es un dicho popular. Estos pequeños suponían una plaga para los granjeros, pues montaban a sus potros y perseguían a sus vacas.

Robert Hunt. Popular Romances of the West of England (1865)

Sin embargo, la opinión de Evans-Wentz sobre el asunto está muy alejada de la de Hunt:

Los Pobel Vean o La gente pequeña, los spriggans y los piskies no son realmente distinguibles los unos de los otros. Bucca, que propiamente es solo una, es una deidad, no un hada.

El único verdadero ser feerico de Cornualles es el pisky, de los Pobel Vean o Gente Pequeña, y el Spriggan es sólo uno de sus aspectos. El pisky se parece mucho al brownie escocés de las tierras bajas.

Evans-Wentz.

En mi opinión, la argumentación y la clasificación de Evans-Wentz tiene mucho sentido. Esa última comparación con los brownies escoceses también lo tiene, pues comparten muchos rasgos. A ambos les gusta ayudar en las granjas (cuando no les da por hacer gamberradas) y ambos desaparecen cuando se les da ropa nueva.

Piskies. Imagen delMuseo de Magia y Brujería, Boscastle
Imagen del Museo de Magia y Brujería, Boscastle

¿Que aspecto tienen?

El aspecto y el tamaño de los piskies puede variar, aunque siempre se trata de pequeños duendes de forma humanoide. A lo largo de este artículo descubrirás sus diferentes versiones. Comenzaremos con la de un piskey que llamó a la puerta de un predicador en West Cornwall:

Un Pequeño hombrecito, no más grande que un perro cuando se sienta sobre sus patas traseras. Estaba vestido con un abrigo marrón y un chaleco blanco. Los calzones también eran marrones; sus medias eran verdes y las hebillas de sus zapatos eran de plata y parecían dos gotas de rocío. En su cabeza llevaba una gorra roja, que se quitó cortésmente tan pronto como se abrió la puerta. Al hacerlo, dejó al descubierto una pelambrera de liquen gris. En su mano derecha tenía una ramita recta, al final de la cual había trozo de lino blanco, a modo de bandera de tregua.

Revista de Cornualles Vol 2, Lee, 1899.

En el siguiente relato, una anciana nos da una descripción maravillosa de un piskie:

Vi que el trillo lo manejaba un viejecito de menos de un metro de altura vestido de e manera sencilla con unos pocos trapos. Su larga melena, que le caía sobre los hombros, parecía un manojo de juncos. Su rostro era más ancho que largo y sus pobladas cejas no dejaban distinguir el color de sus ojos, que eran grandes y redondos, parecidos a los de un búho. De entre ellos asomaba su larga nariz. Su boca se extendía de oreja a oreja y estas estaban muy atrás para hacerle espacio. Sus dientes eran largos y mellados.

Estaba tan ansioso por su trabajo que, con cada golpe de la trilla, movía sus labios arriba y abajo y sacaba y metía la lengua. No tenía una barbilla o un cuello dignos de mención, pero sí unos hombros lo bastante anchos para un hombre que le doblara la estatura. Sus brazos y sus piernas, desnudos, eran desproporcionados, demasiado largos para su cuerpo rechoncho. Sus pies eran más como los de una rana que como los de un hombre.

Bottrell’s Traditions and Hearthside Stories of West Cornwall, Second Series (1873),

En otro relato, también de un piskie trillando maíz, este es descrito como «un individuo pequeño, vestido con un traje verde muy andrajoso» (Notes and Queries, Series 1, Volume 11, Couch, 1855)

Ambos piskies dejan bien clara su naturaleza de duendes, pues en las dos historias se les ofrece ropa nueva. Tras esto, los piskies abandonan el trabajo y desaparecen. Este es un rasgo común de una enorme cantidad de duendes de toda Europa.

He aquí otra interesante descripción:

Nuestros piskies son pequeños seres a medio camino entre lo puramente espiritual y lo material. Tienen el poder de hacerse invisibles a los ojos de las personas y se interesan mucho en los asuntos de estas. Ahora les hacen el trabajo, ahora se ofenden por una nimiedad, y las vuelven locas con todo tipo de travesuras. Interpretan la grosera gratitud de los labradores como un insulto, y los caprichosos duendes los engañan a la primera oportunidad, y se ríen de buena gana de sus desventuras.

Cuando no cantan o bailan su principal diversión nocturna es montar a los potros de los campesinos y trenzarles las melenas. Los granjeros encuentran a sus potros por la mañana en campos en los que no los habían dejado, aterrorizados, jadeando y echando espuma.

Hay muchas historias que reflejan a los piskies como hombres y mujeres muy pequeños. En ellas, los varones son morenos de tez, pero las mujeres la tienen clara, parecida a la piel de un melocotón. Una anciana de Trevescan atestiguó haber visto a los piskies bailando. Dijo que eran como niños pequeños y que tenían capas rojas.

Los piskies son muy pequeños

¡Malditos piskies!

Al describirlos, hemos mostrado el lado amable de los piskies. Ahora toca revelar su lado mas gamberro.

Era una creencia común en Cornualles que, cuando un viajero se extraviaba, ya fuese de día o de noche, y especialmente si estaba familiarizado con el camino, esto era causado por los piskies. Los campesinos de esta bella tierra celta conocían el remedio para este extraño hechizo: el viajero debe darle la vuelta a una de sus prendas.

De hecho, si esta precaución se toma antes del comienzo del viaje, los piskies no pueden obrar su sortilegio. Por lo tanto, no debes sorprenderte si viajas a Cornualles y ves a algún lugareño con una prenda puesta del revés. Es un preventivo, un remedio, o, si lo prefieres, un amuleto contra piskies.

Un clérigo de veracidad incuestionable me aseguró que los habitantes de Paul creen, aún a día de hoy, que los piskies controlan las nieblas y las brumas y que pueden, si así lo desean, echar un velo espeso sobre el viajero. Otras veces arrojan una luz ante su rostro que lo deslumbra por completo y le impide avanzar en su viaje.

Un hombre que viajaba de Newlyn a Paul utilizando un recto camino rural fue objeto de las burlas y de las bromas de estos seres. No fue hasta que se le ocurrió darle la vuelta a su abrigo que escapó a los efectos de su influencia.

Halliwell, 1861.

El libro Popular Romances de Hunt (1865) le da la razón a estas historias:

Ningún pigsey puede dañar a un humano si este lleva su abrigo dado la vuelta. Esta se ha vuelto una práctica muy común en las personas que viajan entre una villa y otra por la noche. Llevan el manto o la chaqueta vuelta y dicen que es para evitar que el rocío le quite el brillo a la tela, pero en realidad es a causa de los pigseys.

Halliwell, 1861.

En Cornualles se culpa a los piskies de muchas travesuras además de desviar a a los viajeros. Hitchins y Drew explican que se les echa la culpa si los hilos se enredan al coser, si los parches se caen o si cualquier cosa pequeña del hogar se pierde. Si ocurría cualquier accidente cuya causa inmediata no era obvia, estaba bien claro quienes eran los culpables: ¡los piskies!

Los piskies, esos grandes jinetes

Mientras estaba agachada y buscaba a tientas el guante y las hebillas, sintió como un gran número de la gente pequeña, una veintena o más, saltaban sobre su espalda, su cuello y su cabeza. Al mismo tiempo, otros la hicieron tropezar, tirándola al suelo, donde le hicieron rodar una y otra vez. Cada vez que su rostro quedaba hacia arriba podía ver a un piskey, vestido con harapos, como era su costumbre, montando un potro de un año. Tenía las patas clavadas en las crines del animal y sostenía un junco en la mano para guiarlo. Allí iba sentado, gritando «tee-hee-hee» y «haw-haw-haw», con la boca abierta de oreja a oreja.

Halliwell, 1861.

En efecto, a los piskies, además de hacer travesuras, les encanta montar a caballo.

De niño, estaba de visita en una granja cerca del rio Fowey. Bien recuerdo al granjero diciéndonos, dolido, una mañana, mientras desayunábamos: «los piskies han estado montando a Tom otra vez». El creía que eso conduciría a la muerte del hermoso y joven caballo. Me llevaron al establo para que lo viese. No cabía duda de que el animal estaba muy angustiado. Además, se negaba a comer su comida.

El granjero me dijo que los piskeys habían hecho nudos de hada en las crines y que por lo menos veinte de ellos se habían sentado en el cuello del caballo. Incluso me aseguró que uno de sus hombres les había visto azuzar al animal a toda velocidad, dando vueltas y vueltas a uno de sus campos.

Más tarde, otro granjero me contó que esto era un problema: «¡Montan a mis caballos hasta la extenuación cada noche! ¡Lo hacen siempre que les da la gana!»

Hunt, 1865.
Piskies montando un caballo. Ilustración de North Cornwall Hadas y leyendas, Tregarthern (1906)
Ilustración de North Cornwall Hadas y leyendas, Tregarthern (1906)

¡Más travesuras!

Un granjero de Bosfrancan, en St Burrien, tenía una magnífica vaca llamada Daisey, que tenía unas ubres enormes. Cada vez que era ordeñada, solamente era capaz de producir un galón de leche. Después de eso, emitía un suave balido, levantaba las orejas y la leche dejaba de salir. Nadie sabía que era lo que sucedía.

Una tarde de verano, Daisey fue la última vaca en ser ordeñada por una de las criadas. Esta ya tenía el cubo casi lleno cuando llegó a la vaca, por lo que después estaba tan lleno que apenas podía levantarlo. Se le ocurrió llevarlo sobre la cabeza pero, para que no le hiciese daño, primero arrancó un buen puñado de hierba y tréboles y se los puso entre el pelo y el cubo.

Apenas se lo había puesto en la cabeza cuando vio a cientos de pequeños seres pululando en todas direcciones alrededor de la vaca. Metían las manos en la leche, la sacaban usando los tréboles como copas improvisadas y después se la bebían. La hierba y los tréboles habían crecido y florecido y llegaban hasta el vientre de la vaca. Cientos de estas criaturas corrían entre la alta hierba portando ranúnculos, enredaderas y flores de dedalera para atrapar la leche que fluía de los cuatro pezones de Daisey.

Bajo las ubres de la vaca, la criada vio a uno mucho más grande que los demás, acostado boca arriba, con los talones levantados hacia el vientre de la vaca. Supuso que debía de ser un piskie porque tenía una sonrisa de oreja a oreja y se estaba riendo. Los otros seres, mucho más pequeños, corrían por sus piernas, arriba y abajo, llenando sus tazas vegetales y vaciándolas en la boca del piskie. Cientos de esas criaturas estaban subidas sobre el lomo de Daisey, rascándole la grupa y haciéndole cosquillas alrededor de los cuernos y detrás de las orejas. La criada se dio cuenta de que debía haber cogido un trébol de cuatro hojas cuando recogió la hierba para poner bajo el cubo. Eso era lo que le permitía verlos.

La madre de la criada, que sabía que la gente pequeña no soportaba el olor a pescado, ni el sabor de la sal o de la grasa, le aconsejó que frotase las ubres de la vaca con salmuera de pescado. Ella le hizo caso, pero pronto deseó no haberlo hecho, pues Daisey comenzó a deambular por los campos, balando y llorando. Se consumió hasta que se quedó en piel y huesos y la vendieron en la feria de Burrien por casi nada. El granjero solamente tuvo mala suerte después de esto.

Hunt, 1865.

El siguiente es un relato popular que tiene su eco por todo Reino Unido, donde existen versiones parecidas protagonizadas por otros duendes y hadas.

Una anciana enfermera fue llamada para ayudar en el parto a una diminuta dama. La enfermera acudió y fue pagada muy generosamente por sus servicios. Tras el parto, se encontraba lavando al bebé cuando un poco de la espuma del jabón con el que lavaba a la criatura le entró en uno de sus ojos. Al momento, le fue revelado todo lo que estaba pasando a su alrededor. Descubrió una multitud de piskies, que llenaban la habitación y realizaban todas las bromas y travesuras posibles.

La anciana regresó a su casa y continuó con su vida. Pasado un tiempo acudió a una feria local y pudo ver a uno de estos piskies. Él se acercó a ella y le preguntó con que ojo podía verlo. Ella señaló el ojo en el que le había entrado la espuma del jabón e inmediatamente recibió un golpe del piskie y se quedó ciega para siempre de ese ojo.

Hunt, 1865.

Los niños cambiados

En el pasado era una creencia común muy difundida que los piskies eran responsables del robo de niños humanos.

Una mujer que vivía cerca de la Iglesia de Breage tenía una hija muy bella. Un buen día, comenzó a afirmar que los piskies se habían llevado a su hija y habían dejado a un bebé marchito en su lugar. Este niño vivió hasta los veinte años. Durante todo este tiempo había sido inquieto, malhumorado y terriblemente arrugado. Al morir, no era más grande que cuando los piskies lo habían traído.

La mujer creía que los piskies solían venir a menudo para mirar por encima de una pared que había junto a la casa para ver al niño. En cierta ocasión, había puesto al niño fuera de la casa por la noche para ver si los piskies se lo volvían a llevar, pero no fue así.

Evans Wentz, 1911

Un método para recuperar al niño real era visitar Men-An-Tol. Allí se suponía que había un hada o un duende muy poderoso que podía realizar curas milagrosas y recuperar a los niños cambiados. Otro método era colocar un trébol de cuatro hojas sobre el niño cambiado. Parece ser que los piskies devolvían al niño original si se hacía esto.

Antiguo dibujo de los piskies haciendo de las suyas.
Illustration from North Cornwall Fairies and Legends, Tregarthern (1906)

Pixies y piskies

Según a el Popular Romances de Hunt, los piscys o pixys de East Devon y Somerset son criaturas diferentes de sus primos de Cornualles (que son nuestros piskies), siendo los pixies traviesos pero inofensivos, y los piskies de Cornualles más astutos, con un ingenio más afilado y muy capaces de las travesuras que hemos estado viendo.

Además, los pixies viven por todo el suroeste de Inglaterra (los condados de Devon, Cornwall y Somerset) mientras que los piskies solo viven en Cornualles.

En el pasado, la gente estaba absolutamente convencida de la existencia de los piskies, y cada casa tenía un lugar preparado para que pudiesen realizar sus bailes. Ellos lo hacían, pero los lugares a los que más solían acudir eran los monumentos megalíticos del suroeste de Inglaterra: los dólmenes, los crómlechs y también los montículos de hadas.

El declive de los piskies

Algunos creen que los piskies son los espíritus de los habitantes prehistóricos de Inglaterra. Según esta creencia, estos duendes son pequeños porque se están encogiendo y, algún día, llegarán a desaparecerán por completo.

La edad de los piskies, como la de la caballería, ya ha pasado. En la actualidad ya solo queda una casa en Cornualles que tengan fama de visitar. Tampoco roban niños ya, ni trastean con los objetos de la casa. Incluso los campos y caminos que antiguamente frecuentaban parecen estar casi abandonados.

Ya rara vez se escucha su música y parecen haberse olvidado de sus bailes a medianoche. Esta nueva era de la tecnología y la información ha diezmado a los piskies. Los pocos que quedan no tardarán en desaparecer.

Postal de Polperro, en Cornualles en la que aparecen un piskie.
Polperro es una pintoresca localidad del sur de Cornualles.

Terminamos con los piskies, pero con la mitología de Cornualles no hemos hecho más que empezar

Cornualles es una de las ocho naciones celtas y podéis estar seguros de que los piskies son solamente el primero de sus seres mitológicos en aparecer en este blog. Con el tiempo, todos ellos estarán aquí, acompañando a estos activos duendecillos.

De momento, si os apetece, podéis echarle un ojo a las demás criaturas míticas, tanto de las mitologías de las naciones celtas como de las de nuestra península. Aquí las tenéis:

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Un abrazo enorme. Muchas gracias por leerme.

Sentid, vivid y no os rindáis nunca.

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