El oricuerno, o alicornio, es el último paso de la evolución de la criatura conocida como unicornio en nuestra península. Olvídate de la imagen que la industria audiovisual nos ha vendido sobre este ser mítico, porque la realidad es más rica, más compleja y, sobre todo, más antigua. Ahora te la cuento.

Oricuerno y alicornio vs unicornio: poniéndonos en contexto
Venga, vamos a entender de qué va esto y después hablamos del oricornio. El unicornio es un ser mítico del folclore europeo, originario de la civilización del Indo de la que provienen los pueblos indoeuropeos que se extendieron en diversas oleadas desde hace más de tres milenios por los territorios que hoy son Europa. Es así de antiguo.
Sin embargo, podemos considerar que la prueba documental que da inicio a la figura del unicornio tal como lo entendemos data del siglo V a. C. y se haya en la descripción que hace de él el griego Ctesias de Cnido. Mucho más tarde, los bestiarios occidentales de la Edad Media (bajo la influencia de Physiologus y otros textos antiguos), describen a este ser mítico como dotado de un único y largo cuerno que tiene propiedades especiales. También mencionan que solo puede ser capturado utilizando el olor de una doncella.

Siglos más tarde, su imagen se había estandarizado de la siguiente manera: un caballo blanco con un largo cuerno en la frente, ojos de cabra, patas de antílope y el pelo muy duro y crespo. Pero tú ya sabes que no aparece así en las representaciones actuales, en las que su imagen ya ha sido contaminada por el mundo audiovisual moderno. En estas, un unicornio es idéntico a un caballo blanco. Las únicas diferencias son el cuerno y, en algunas ocasiones, un tamaño mayor.
Vamos con nuestro oricuerno
Bien, pues el oricuerno es la evolución popular actual del unicornio indoeuropeo en nuestra península. Su apariencia es la de un un caballo blanco con patas de gamo y cola de león. Su cabeza es de color púrpura, sus ojos son azules y el cuerno que tiene en la frente no es recto, sino largo y retorcido. Por último, su rasgo más extraño: una pequeñas alas que nacen por encima de sus pezuñas.
La leyenda más popular acerca de estas criaturas afirma que tienen la propiedad de poder convertir a las mujeres en hombres en el día de San Juan, pero otros retazos de folclore aportan que puede remediar la impotencia, purificar aguas envenenadas, curar enfermedades y tratar envenenamientos. Por este motivo su cuerpo, y sobre todo su cuerno, eran algo muy codiciado y valorado.
Un buen ejemplo de la importancia del oricuerno o alicornio como símbolo de pureza, fuerza y valor es el cuadro que Juan Ricci pintó para el monasterio de San Millán de la Cogolla (La Rioja), donde se representa a San Millán, patrón de Castilla, montado sobre un alicornio y empuñando una espada flamígera durante la batalla de Hacinas.
Por ultimo: muy pocas personas han conseguido ver un oricuerno.
Cuando el oricuerno se llama alicornio
El oricuerno del las leyendas cántabras es conocido como alicornio (es probable que a causa de las alitas que tiene sobre las pezuñas) y responde a la descripción física que hemos mencionado, pero de él podemos decir algunas cosas más.
- Son capaces de galopar a una velocidad extraordinaria; los pocos pastores que han visto a un alicornio describen asombrados como saltaba de risco en risco como una centella.
- Se dice que viven en las cumbres más inaccesibles, aquellas que quedan por encima de las nubes más altas, porque allí siempre alcanzan los rayos del sol.
- Solo beben agua de los manantiales más puros y solo se alimentan de las flores más tiernas.
- La única manera de capturarlos es con el señuelo de una joven pura y bella, pues por algún motivo atráen a los oricuernos de una manera irresistible.

Como cazar oricuernos (y alicornios)
Como hemos dicho, para cazar a un oricuerno nos hace falta una joven pura (algunas leyendas dicen que debe ser bella también). La dejaremos sola en algún lugar que se pueda vigilar con facilidad. El oricuerno no tardará en aparecer. Se acercará lentamente a la joven y en ese momento los cazadores saltarán sobre él y lo someterán o lo matarán.
Aristóteles afirma que es un cuadrúpedo tan pequeño como el cabrito, con un solo cuerno en la cabeza, de fuerte base, proporcionado en el medio y de punta aguda y muy fina. Tiene tal fuerza y valor que las fieras no pueden nada contra él y no hay animal al que golpee que no lo mate.
Para cazarlo se emplea como estratagema colocar a una joven de lindo rostro en el camino, pues en el momento en el que la ve salta sobre ella, queriendo mamar. Entonces ella le deja el pecho y le da de mamar hasta que se emborrache y puedan capturarlo los cazadores, poniéndolo a seguro.
Libro de la utilidad de los animales (documento medieval)
El cuerno del oricuerno
Uno de los usos para el cuerno del oricuerno (una vez apartado del resto del animal) es transformándolo en un vaso. Quien beba por él estará a salvo de cualquier veneno y también de cualquier otro infortunio. Andrés Thevet ya describía el poder del cuerno de este ser mítico en su tratado Cosmografía.
La ralladura del cuerno de oricuerno era el ingrediente indispensable para elaborar pócimas y ungüentos que remediaban la impotencia, curaban envenenamientos y descontaminaban aguas ponzoñosas. Así está escrito en el antiquisimo Sobre la Cosmografía de Levante (1554), también de André Thevet, o en el Tratado de la Hermosura y del Amor (1576) de Maximiliano Calvi. En este último texto, el propio Cupido afirma lo siguiente: «el amor es como un alicornio que torna saludable cualquier agua enpozoñada adonde beviere».
El cuerno de un oricuerno también podía ser utilizado como talismán. Con él se bendecían aguas o preparados que protegían contra las acciones de seres malignos como brujas o demonios. Se dice que estas costumbres continúan en ciertos pueblos de montaña de Palencia y de León.
Por último, un detalle curioso: una leyenda afirma que el rey Enrique IV de Castilla, llamado el Impotente, llegó a enviar emisarios a África en busca del mítico oricuerno debido a las propiedades afrodisíacas que se le atribuían. Este no era sino cuerno de rinoceronte, un animal desconocido en Europa en ese momento. Esta leyenda fue recogida en la novela En busca del unicornio de Juan Eslava Galán.

El «cornín de alicornio» y el «agua de alicor»
Dice Manuel Martín Sanchez que en algunas zonas de nuestro país, como el Bierzo, existen algunos pueblos en los que se conservan fragmentos de cuerno de alicornio, que ellos llaman «cornín de alicornio».
Se los atesora como poderosos talismanes, y se les atribuye un extraordinario poder curativo. Se los utiliza para elaborar la llamada «agua de alicor», para lo que basta con llenar un recipiente con agua y trazar tres cruces sobre ella con el fragmento de cuerno de alicornio. Después se sumerge en ella y se deja allí un tiempo. El agua resultante tiene propiedades curativas, pero no debe beberse.
También en Cantabria viven varias personas que afirman tener fragmentos de cuernos de oricuerno (como recoge Pollux Hernúñez). Ellos los utilizan como talismán y afirman que ya los han librado de muchos males. En cuanto a Asturias, se dice que allí también hay y que sus propietarios lo utilizan como defensa contra la terrorífica Guaxa.
En Brañosera (Palencia) existe un popular cuentecillo conocido como «El agua del Alicornio».
Una leyenda del oricuerno
Existe una leyenda muy popular y debo decir que muy interesante que trata sobre un oricuerno pero, aún más, sobre el amor entre dos mujeres. Os la voy a contar pero, primero, os dejo la tonadilla que era cantada por las gentes del pueblo.
De mocita enamorada
he pasado a ser varón,
Carlos digo ser llamada
en mi nueva condición.
Casada me vi de golpe,
casada y sin remisión
sin una amiga tan fiel
muerta me vería yo.
Mi suegro me puso sillas
por saber mi condición
con Isabel como amiga,
de las pruebas salgo yo.
Estaba desesperado
de esta ya no salgo, no,
pero apareció un oricuerno
que en hombre me convirtió.
Volvieron todos a casa
Isabel en el balcón,
corrió Carlos a abrazarla.
Le ofreció todo su amor.
Había una vez una muchacha que, víctima de infortunios e injusticias, tuvo que huir de su pueblo y hacerse pasar por hombre. Dijo llamarse Carlos, y llegó a otro pueblo donde nadie la conocía. Una vez allí, comenzó a trabajar en la casa de un comerciante que tenía una hija llamada Isabel.
Quiso la fortuna (o el destino) que nuestra buena Carlos e Isabel se enamorasen. Isabel se declaró y la pobre Carlos no sabía qué hacer, ya que en esos tiempos el amor entre mujeres era algo prohibido. Sin embargo, estaba enamorada y las cosas se enredaron de tal forma que ambas acabaron casadas.
Fue durante la noche de bodas cuando Carlos reunió el valor para contarle a Isabel toda la verdad: que no era hombre, sino mujer, que había sido víctima de grandes injusticias y había huido de su pueblo. Isabel la miró y, con amor, le dijo: «Te ayudaré. Seguiremos viviendo como si tú fueras hombre».
Sin embargo, tras un año, Carlos e Isabel no tenían hijos y ya sabemos como son los pueblos. La gente murmuraba y muchos comenzaron a desconfiar de Carlos y de su condición de hombre. Fue su suegro, el rico comerciante, el que decidió hacer algo al respecto. Convocó a todo el pueblo a un gran banquete, en el que le iba a hacer una encerrona a la pobre Carlos.
«Pondré sillas bajas y sillas altas. Si Carlos se sienta en la silla más baja es que es mujer y si se sienta en la silla más alta es que es hombre», había pensado el comerciante (Nota del autor: yo tampoco lo entiendo). Sin embargo, Isabel se había enterado de todo y se lo contó a Carlos, que escogió la silla más alta.
Pero no fue suficiente…
Sin embargo, ni la gente del pueblo ni el padre de Isabel quedaron convencidos, así que decidieron hacer una última prueba: una cacería. Parece ser que existía la costumbre de que, tras la cacería, todos los que habían participado en ella fuesen juntos a bañarse al río. Ahí se podría ver, por fin, si Carlos era hombre o mujer.
Y llegó el temido día, tuvo lugar la cacería y los participantes fueron a bañarse al río. Todos los hombres se desnudaron excepto Carlos, que se sentó en una roca a pensar qué podía hacer. Desde allí vio acercarse a un animal enorme, de largas patas y una gran cabeza de la que sobresalía un cuerno. Carlos reconoció al oricuerno de las leyendas. Este ser mítico se acercó a ella y le dijo que se desnudase, mientras dibujaba en el aire un símbolo con su cuerno. En ese mismo momento, Carlos se convirtió en hombre y pudo vivir, feliz, con Isabel.

El otro alicornio, el bicéfalo
En la mitología de León existe un ser mítico que recibe el nombre de alicornio pero que poco tiene que ver con los seres de los que hemos estado hablando. De él nos hablan Jesús Callejo y Toño Benavides.
Se trata de una criatura similar a un águila, pero con la peculiar y extraordinaria cualidad de ser bicéfala. Posee garras de león y presenta (eso sí) un cuerno sobre cada una de sus cabezas.
Hace muchos, muchos años las aguas del río Caprada bajaban envenenadas y causaban la muerte instantánea a toda persona o animal que bebiese de ellas. Solamente los alicornios podían beber tranquilos. Aun es más, cuando lo hacían, sus poderes contra la ponzoña se propagaban aguas abajo, momento que aprovechaban los demás animales para aliviar su sed.
David Gustavo López.
Pero llegó el día en que el Alicornio murió y sus despojos fueron hallados en la cima del Picón. A ver su cadáver subieron gentes de todos los pueblos, y cada uno que llegaba tomaba de él una reliquia.
En Peñalba, en poder de la señora Marcelina, se conserva lo que se cree fue uno de los cuernos que sobresalían de sus dos cabezas.
Este animal nos recuerda a aquel otro que Plinio llamaba “Tragopan”, tan grande como un águila y que tenía cuernos encorvados de color rojo.
Hasta aquí con nuestros oricuernos y alicornios
La mitología ibérica es un cuadro extenso y maravilloso formado por la suma de todas las ricas mitologías de los distintos pueblos de nuestra península. Este ser mítico aparece, ya como oricuerno, ya como alicornio en varias de estas mitologías. Son las siguientes:
- La mitología de Asturias.
- La mitología de Cantabria.
- La mitología de León.
- La mitología de Castilla.
Si quieres saber más sobre ellas y sobre los seres míticos que las componen, pincha en los enlaces, y además…
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Fuentes de documentación
- La piedra celeste: creencias populares leonesas. de Francisco Rua Aller y Manuel Rubio Gago. Ed. Diputación Provincial León. 1986.
- Seres míticos y personajes fantásticos españoles, de Manuel Martín Sánchez.
- Condado de Castilla. El oricuerno o alicornio: el unicornio en las tierras de Castilla.
- Mitología leonesa. de Toño Benavides. Eolas Ediciones, 2024.
- El mundo encantado de Castilla y León, de Jesús Callejo, ilustrado por Tomás Hijo.
2 ideas sobre “Oricuernos y alicornios. Descubre lo que te han estado ocultando”
¡Wow! Me ha encantado descubrir el origen del unicornio y su desarrollo a través de los tiempos y las distintas mitologías. ¡La verdad es que alucino con el trabajo de investigación tan alucinante que tiene cada post! ¡Sigues sorprendiendo con cada artículo a través del tiempo y eso tiene muchísimo mérito! Gracias por acercarnos, una semana más, un pedacito tan rico de sabiduría y tradición de lo “nuestro”.
¡Muchísimas gracias!
Lo cierto es que yo también disfruto muchísimo de estos trabajos de investigación que tanto me enriquecen.
Un abrazo enorme, amiga mía.