La guaxa, bruja y vampiresa de la mitología asturiana

La guaxa es una tenebrosa criatura de la mitología asturiana. Parece una vieja descarnada, arrugada y pálida con un único diente: un colmillo tan largo que supera la longitud de la barbilla. Esta perturbadora criatura tiene muchas similitudes con la meiga chuchona de Galicia y la guajona de Cantabria, todas ellas entidades que recuerdan a los vampiros.

La guaxa. Ilustración de Javier Prado para su magnífica obra Monstruos Ibéricos.
La guaxa. Ilustración de Javier Prado para su magnífica obra Monstruos Ibéricos.

¿Qué o quién es la guaxa?

La guaxa es una criatura que nada tiene que ver con el ser humano. Una de las dos formas que suele adoptar, sin embargo, puede confundirse con una mujer anciana, delgada y arrugada. Muy desagradable de ver, terrorífica incluso, sobre todo a causa del único diente, larguísimo, que sale desde sus encías desdentadas. Es el que usa para chuparle la sangre a sus víctimas.

Rogelio Jove y Bravo, el primero en escribir sobre ella, la describe como una mujer muy delgada, enjuta y fea que es capaz de entrar de noche en las casas a través de las cerraduras de las puertas. Una vez dentro, utiliza su único, larguísimo y afilado diente para desangrar a los niños o a las mujeres jóvenes que duermen.

Modus operandi

Con cada visita de la guaxa, sus víctimas se ponen más debiles y más pálidos, hasta que finalmente enferman y acaban muriendo. Ese es el motivo de las expresiones asturianas «violu la guaxa» (lo vio la guaxa) y «comiolu la guaxa» (lo comió la guaxa), que se usan para referirse a personas que se ven muy cansadas o desmejoradas de un día para otro.

Es exactamente lo mismo que pasa con las víctimas de la meiga chuchona de la mitología gallega. Por supuesto, lo mismo sucede con la guajona cántabra, que no es más que una adaptación de la guaxa a la mitología de esas tierras (después tratamos este tema).

Volvamos a la guaxa. Se dice que se oculta, durante el día, agazapada e inmóvil, en cuevas o en los troncos huecos de los árboles.

Al preguntar por La Carpia en Vilubi, Ponga, nos narran algo similar. En esta localidad, este asustaniños femenino es identificada con una lechuza o con una bruja.

Estudio del mito de la guaxa

No se conoce la antigüedad de su leyenda y existen muchas opiniones al respecto. Tampoco se sabe su evolución. La primera vez que se registra su existencia por escrito es en Mitos y Supersticiones de Asturias (1.897), de Rogelio Jove y Bravo.

Aurelio de Llano defiende que la guaxa es una incorporación moderna a la mitología de Asturias. Es una opinión respetable, pero, si tenemos en cuenta que la obra de Jove y Bravo recoge creencias populares asturianas y que fue publicada hace ciento veintisiete años, eso le da a la guaxa, en el peor de los casos, un par de siglos de antigüedad.

La guaxa en el folclore popular

Ya hemos dicho que, coloquialmente, se emplea la frase «comiolu la guaxa» o «violu la guaxa» cuando se alude a alguien que ha enflaquecido o ha desmejorado mucho en poco tiempo. También existe el dicho: «Diz q’anda de nueite por todo el llugar, comendo los nenos que gordos tán» (Dicen que anda de noche por el lugar, comiéndose a los niños que están gordos).

Se cree que contra la guaxa, y también contra las brujas, funcionan ciertos amuletos, como la la higa o cigüa, o mano negra de azabache, amuleto muy usado desde la antigüedad en Asturias, o la piedra de San Pedro o quiastolita.

Imagen de la guaxa

Rituales contra la guaxa

También funcionan algunos rituales, como dar a la víctima un preparado a base de alicornio* u otro que se elabora dejando al sereno durante nueve noches seguidas una mezcla. Esta se compone de cierta medida agua en la que se han sumergido trozos de astas de ciervo y también algun objeto de plata.

Otro remedio era medir al niño afectado con un hilo negro, hacer luego nueve nudos pequeños y otro más grande y colgar el sisal enroscado a modo de collar en la garganta, junto a una bolsita en la que iban diez granos de trigo. Sin embargo, el remedio que se considera más efectivo es, a la vez, el más sencillo. Consiste en que el niño pise todas las mañanas, descalzo, el rocio de los campos».

La guaxa: origen y antigüedad

Ciertos estudiosos han buscado los orígenes de esta criatura en los vampiros de Europa del este, en la lamia griega o en ciertos elfos de las mitologías nórdicas, que tenían la costumbre de saciar su sed de sangre chupando los dedos de los niños para que estos no pudiesen crecer.

Aureliano de Llano es de otra opinión. Para él, la guaxa es una creación moderna. Este autor defiende en su obra El libro de Caravia (1.919) que la guaxa no era más que un asustaniños con forma de lechuza.

Ramón Baragaño en Mitología y Brujería en Asturias se suma a las tesis de Aurelio de Llano, identificando a la Guaxa con un ave nocturna.

Brujas bebedoras de sangre

Existen numerosas historias de brujas que se alimentan de sangre. En el año 1.480 se documentan los pleitos y acusaciones de la Real Chancillería de Valladolid contra Teresa Prieta, vecina de Xove (Xixón), por ejercer el oficio de estriga (bruja). Se la acusaba entrar en casas ajenas de noche y chupar la sangre «mayormente de niños». Estas investigaciones no pudieron establecer la veracidad de estos hechos.

Tal paranoia y persecución puede deberse a la racionalización que hacía el inculto y supersticioso pueblo llano de la altísima mortalidad infantil en ciertas épocas históricas. No es ninguna broma, ya que, ante las muertes repentinas y aparentemente inexplicables de bebés y niños muy pequeños, los aldeanos reaccionaban culpando a personas concretas, como a vecinas con mala fama (a veces por el simple hecho de vivir aisladas o de una manera «diferente»). Esto enlaza directamente con la figura de las meigas.

De hecho, cuando se pregunta en los pueblos del centro de Asturias (Xixón, Sieru, Villaviciosa…) por la guaxa, las respuestas recibidas varían mucho. Una de ellas es que se trata de una bruxa (una bruja, lo que confirma el párrafo anterio). Otras personas le atribuyen la forma de un ave nocturna, como veremos a continuación.

Dibujo de la guaxa y unas lechuzas

La guaxa, la lechuza y la strix

Brujas y lechuzas siempre han estado asociadas en el folclore popular europeo. En el 43 a.C, el romano Ovidio describía a las strix como aves nocturnas de plumas blancas, cabeza grande, ojos redondos de mirada fija y uñas y pico afilados. Estos últimos eran ideales para abrir las arterias de durmientes de corta edad, para poder chupar después su sangre. Nos cuenta que su nombre era srix, o estirges, y que su grito nocturno ponía los pelos de punta. Como podeis ver, Ovidio nos las deja bien descritas.

Este autor las relaciona con las arpías, otros seres de la mitología griega, mitad pájaro y mitad mujer (al igual que las sirenas del mundo griego). Horacio y Propercio también hablan de las strix, agregándoles un rostro femenino y manos con forma de garras.

Más datos: en Rumanía se denomina strigoica al vampiro femenino y en Italia las brujas que chupan la sangre son las estrigas. Apuleyo (siglo III) narra en La Metamorfosis de Lucio, una escena en la que Pánfila, untándose el cuerpo con ungüentos mágicos, se transforma en ave nocturna para iniciar sus correrías como bruja.

La guajona cántabra

Como hemos mencionado, en la vecina Cantabria, Manuel Llano incluye como ser mítico a la guajona. Muy similar a la guaxa, tiene la forma de una vieja seca y arrugada con un solo diente afilado. Comparte con la guaxa y la chuchona gallega esa afición por la sangre de personas jóvenes.

Adriano García-Lomas, un estudioso de estos temas, sostiene que la guajona ha sido inventada a partir de su equivalente asturiana por el folclorista Manuel Llano. Esta opinión está muy extendida y puede considerarse la aceptada hoy en día.

Dibujo de la guaxa, desnuda

Y esta ha sido la leyenda de la guaxa

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