La luz fantástica

La luz fantástica es la segunda novela de la maravillosa, de la descomunal saga Mundodisco. También es la segunda novela de la «saga de los magos» y la primera novela en la que Terry Pratchett se toma en serio el proyecto de crear un universo tan absurdo como sólido y fascinante.

Puedes leer esta reseña literaria aquí y ahora, es una idea perfectamente aceptable. Sin embargo, debes tener en cuenta que esta es la segunda parte de una historia que se desarrolla en dos novelas y que esta es la segunda de ellas.

Tal vez quieras leer la reseña de la primera parte. Si es así, aquí la tienes: El color de la magia, la primera novela de Mundodisco.

Si lo que quieres es descubrir Mundodisco, saber quien es su autor, cuales son sus sagas, sus curiosidades y un montón de datos interesantes, deberías leer esto: Tres razones por las que leer al maestro Pratchett y tres veces tres motivos para engancharse a su Mundodisco

La luz fantástica

Terry Pratchett encuentra la voz y la dinámica con la que va a escribir Mundodisco en esta novela. No llega a alcanzar las cotas magistrales y únicas de esa mezcla de humor y crítica social presentes a partir de Ritos Iguales, pero aún así, sin ciertos elementos creados en esta novela, la saga en general no sería ni una sombra de lo que es.

En La luz fantástica se da forma a la comunidad de los magos de la Universidad Invisible. Eso no es ninguna broma. Y en esta novela aparece por primera vez Cohen el Bárbaro. ¡Cohen el Bárbaro!

―Mi nombde ez Cohen, chico.

Las manos de Bethan se detuvieron en el acto.

―¿Cohen? ―preguntó―. ¿Cohen el Bárbaro?

―El mizmo.

―Espera, espera ―interrumpió Rincewind―. Cohen es un tipo corpulento, con un cuello de toro, los músculos de su pecho son como sacos de balones de fútbol. Es el mejor guerrero del Disco, una leyenda viviente. Mi abuelo me contó que le había visto…, mi abuelo me contó…, mi abuelo…

Se detuvo ante la mirada penetrante del viejo.

―Oh ―dijo―. Oh. Claro. Perdón.

―Zi ―suspiró Cohen―. Ez ciedto, chico. Máz que una leyenda, zoy hiztodia.

Ilustración de Cohen el Bárbaro.
¡Aclamad a Cohen el bárbaro!

Lo cierto es que la luz fantástica está escrita magistralmente. La manera de narrar es agradable y te sumerge de lleno en la visión irónica y cínica de Rincewind. Es una lectura agradable que te hará olvidarte del mundo y te llevará de la mano hasta el final de la novela. Es decir, es un muy buen libro.

Es un libro lleno de momentos muy espectaculares que, además, se erigirán en puntales para el resto de los libros de la saga, como, por ejemplo, toda la parte en la que Rincewind se adentra en el mundo de los espíritus para rescatar a Dosflores y lo acaba encontrando en la casa de la Muerte, donde el turista está enseñando a esta, a Hambre, a Guerra y a Peste a jugar a las cartas.

Un deus ex machina monumental

La novela comienza con algo que, de no haber sido usado magistralmente por el maestro Pratchett, sería una gran metedura de pata: un Deus ex machina monumental. A los escritores se nos avisa sobre no usar este recurso, que consiste en salvar la vida de los personajes cuando están en serios apuros mediante una intervención divina, la repentina aparición de un aliado muy poderoso o… ¡magia!

Y eso es lo que sucede en el mismísimo comienzo de La luz fantástica. Tanto Rincewind como Dosflores se habían caído por el borde del Mundodisco (que es plano, en efecto) y estaban a punto de morir en el espacio. Pero un hechizo a escala mundial cuyo único objetivo es cambiar la ubicación de nuestros dos protagonistas los sitúa de nuevo sobre la superficie de Mundodisco.

Si este recurso hubiese sido usado por un autor menos hábil o bien si el propio Pratchett lo hubese hecho más avanzada la narración para salvar a los protagonistas de un peligro relacionado con la trama de esta novela, hubiese sido un error enorme.

Pero no, queda genial. La manera de ponerlo en escena es increíble, además, porque el autor aprovecha para presentarnos a la comunidad de hechiceros de Mundodisco.

La luz fantástica: conozcamos a los magos del Disco

En esta novela, Terry Pratchett define y describe una sociedad que va a ser esencial en el desarrollo de las novelas de esta gran saga, la comunidad de los magos de la Universidad Invisible.

La Universidad Invisible de Ankh-Morpork
La Universidad Invisible de Ankh-Morpork

El autor da forma a la estructura y a muchas de las costumbres de esta institución, estableciendo que existen ocho grandes órdenes de magos.

Una lectura atenta revelará que Terry Pratchett cita y utiliza sólamente a cuatro de ellas en este libro, dejando otras cuatro sin crear para novelas posteriores.

De hecho, los líderes de estas cuatro ordenes son nombrados, descritos y muertos en esta novela. No queda ahí la cosa, porque en el transcurso de los acontecimientos narrados en La luz fantástica… ¡fallecen dos archicancilleres!

Rincewind y Dosflores

En esta novela, Pratchett ya ha encontrado la personalidad de Rincewind, el personaje más aclamado de la saga Mundodisco. No es exactamente el mismo que en la novela anterior y se ha transformado en el carismático y querido personaje que nos acompañará hasta el final de la saga.

Dosflores, sin embargo, sigue en su línea y mete a Rincewind en un problema tras otro.

La pareja ha desarrollado una sólida amistad que se sigue desarrollando a lo largo de este libro hasta sus últimas páginas, cuando llega la despedida.

Esta no nos debemos extrañar, pues Rincewind es famoso por ser el solitario protagonista de las novelas de la saga de los magos.

Volverá a encontrarse con Dosflores en el futuro, pero no volverá a tener un compañero nunca, con permiso del equipaje.

La luz fantástica: conozcamos a los druidas del Disco

En cierto lugar del bosque, un joven druida atravesaba una fase esencial de su entrenamiento. Había comido el hongo sagrado, había fumado el santo rizoma, había pulverizado cuidadosamente la seta mística insertándola luego en varios orificios y ahora, sentado con la piernas cruzadas bajo un pino, se concentraba en establecer contacto con los extraños y maravillosos secretos del corazón del Ser, pero sobre todo en impedir que la tapa de sus sesos se desenroscara y se alejara flotando.

Los druidas del mundo creado por Terry Pratchett no han tenido una continuidad o una evolución en las siguientes novelas de la saga, a pesar de estar magistralmente creados en esta obra. A mi me parecen, sencillamente, impagables. En una novela llena de grandes escenas, las de estos señores son, con permiso de Cohen, las mejores.

Los druidas del Disco se enorgullecían de su progresista aproximación a los misterios. Por supuesto, como los druidas de todas partes, creían en la unidad esencial de todo lo que vive, en el poder curativo de las plantas, en el ritmo natural de las estaciones y en la incineración de todo el que no percibiera adecuadamente todo esto.

Y es que el propio Pratchett parece extraordinariamente inspirado cuando escribe sobre ellos. Es curioso que no tengan peso en otras novelas cuando, por ejemplo, en este libro también introduce por primera vez la raza de los trolls.

Estos son sosos, limitados y extraordinariamente alejados de lo que van a ser en las siguientes novelas y aún así trascienden para seguir creciendo y enriqueciéndose en los siguientes libros de la saga.

El universo, según decían los druidas del Disco, dependía para su funcionamiento del equilibrio de cuatro fuerzas que ellos identificaban como encanto, persuasión, inseguridad y mala leche.

De esta manera, el sol y la luna orbitaban en torno al disco porque habían sido persuadidos para no caer, pero no salían volando a causa de la inseguridad. El encanto permitía que los árboles crecieran y la mala leche los mantenía arriba, etcétera.

Algunos druidas sugirieron que existían ciertos fallos en esta teoría, pero los druidas más ancianos les explicaron con precisión que había un lugar y un momento para la polémica documentada y el debate científico: la pira ceremonial en el siguiente solsticio.

Imagen ampliada de la portada de La luz fantástica, de Terry Pratchett

Y lo mejor para el final: Cohen el Bárbaro.

Como ya he dicho, aunque Rincewind es un personaje muy trabajado, atípico y entrañable, existen en esta gran saga un puñado de personajes que incluso lo superan. Son simplemente… extraordinarios.

No puedo dejar de mencionar a Samuel Vimes, pero otro miembro de este grupo es el genial Cohen.

Hubo una época en la que Terry Pratchett perseguía ridiculizar la literatura de fantasía de una manera elegante, como explico detenidamente en Tres razones por las que leer al maestro Pratchett y tres veces tres motivos para engancharse a su Mundodisco

Eso es lo que es Cohen, un personaje que deja al descubierto al clásico bárbaro, ahora enfrentado con todas las cargas que conllevaría, en un universo coherente y realista, un trabajo como el suyo. Si sumamos a esto los achaques de la vejez, tenemos a un personaje que da tanto juego que en otros libros se convertirá, prácticamente, en el que lleva el peso del relato (Y sin el prácticamente en el caso de El último héroe).

Eso es todo. Muchas gracias por leerme.

Sentid, pensad y no os rindáis nunca. 

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