Descubre a los cíclopes de la Península Ibérica

Los cíclopes de nuestras mitologías pueden pertenecer nada menos que a nueve razas diferentes. Pues sí, aunque la gran mayoría de la gente no lo sabe, hay razas de cíclopes en las mitologías de la península y son nada menos que nueve.

Cinco de los cíclopes de nuestra península.

Tenemos al ojáncano y a la ojáncana de Cantabria, que son muy, pero que muy importantes en su mitología. También están los tártalos tortos del País Vasco y Navarra. El jáncanu, la jáncana y el pelujáncanu son extremeños. También contamos con el olláparo y al ollapín, ambos gallegos. Muy importantes son, también, los pataricus de Asturias y el ojaranco de Castilla y León.

De dónde venimos (Un poco de historia)

Todo el mundo cree que los mitos y leyendas de gigantes de un solo ojo nacen con la mitología griega. Esto es cierto, pero hay que explicarlo. Los griegos creían en serio que habían existido unos humanoides gigantes con un único ojo en la mitad de la frente, probablemente (aunque hay otras teorías) a causa del hallazgo de cráneos de elefantes enanos en diferentes islas del Mediterráneo. Aquí os dejo una foto, para que os vayáis dando cuenta de por donde van los tiros.

Estatua griega de un cíclope y cráneo de elefante enano.

Cuando los griegos encontraron cráneos de este tipo, es poco probable que dedujesen que el orificio que hay en la frente, en la posición que ocupan los ojos en nuestra cabeza, era un orificio en el que se implanta la trompa. Ellos no habían visto muchos elefantes (los romanos sí lo harían, después). Los griegos creyeron (muy probablemente) que esos enormes cráneos habían pertenecido a gigantes de un solo ojo.

El resultado fue obvio: los griegos implantaron a los cíclopes (kyklos, círculo, y ops, ojo), una raza de gigantes con un único ojo en medio de la frente, en un lugar bien visible de su mitología. Ahora pongámonos técnicos.

En el corpus mitológico griego se pueden diferenciar tres tipos de cíclopes. En la Teogonía de Hesíodo se describen a tres cíclopes hijos de Urano y Gea que le fabricaron a Zeus el rayo. Ellos son BrontesEstéropes y Arges. En la Odisea de Homero el héroe Odiseo se encuentra con el cíclope Polifemo y sus hermanos, seres embrutecidos que llevan una vida de pastoreo. Finalmente, Estrabón describe otro grupo de siete cíclopes originarios de Licia, que habían construido las murallas de Tirinto (muros ciclópeos) y tal vez las cavernas y los laberintos cerca de Nauplia.

Y a lo que vamos

No os puedo decir qué tipo de conexión tienen nuestros cíclopes con los de la mitología griega. La verdad es que no sé si alguien puede. Lo único que os puedo decir es que los griegos estuvieron en la península y los romanos (herederos y continuadores de la mitología griega) la conquistaron para hacerla una parte importante de su imperio.

La realidad hoy en día es que en todas las mitologías del norte peninsular hay una raza de cíclopes. También tienen una en León, por supuesto (su conexión con el norte es muy fuerte). Además, también existen los cíclopes en la mitología de Extremadura. Todos ellos comparten características muy claras, por lo que es fácil suponer que tienen un origen común. Hoy, aquí, vamos a conocerlos a todos. Ellos son:

Pataricus, ojancos, olláparos, ojarancos, jáncanos, pelujáncanos, tártalos, ojáncanas y ollapines: los cíclopes de nuestra península

Vamos con los rasgos comunes: el rostro de todos ellos es redondo y con cabellos, bigotes y barbas largas y ásperas. Su único ojo está en la mitad de la frente y se dice que «relumbra como una candela». Son fuertes en extremo, con anchas espaldas y brazos largos y musculosos. Sus voces son muy potentes.

Siempre viven en profundas grutas. En el caso de los pataricus, estas se encuentran en cuevas de la costa. En el caso de las demás razas estas cuevas suelen estar en lo profundo del bosque, con las entradas cubiertas de maleza y cegadas por enormes piedras que solo ellos pueden mover.

Todos son malignos y a todos les encanta la carne humana. Estas características varían en intensidad dependiendo del cíclope. Por poner un ejemplo: los ojáncanos y las ojáncanas de Cantabria son completamente malos, son el paradigma de la maldad. En contraposición, el tartalo vasco es peligroso pero no es completamente malo, ya que tiene una importante faceta de protector del ganado.

Ahora veámoslos uno a uno.

El olláparo: el primero de los ciclopes de la península

El Olláparo es uno de los dos representantes gallegos de los cíclopes de la península. Bruto, feroz, extremadamente salvaje y de una voracidad insaciable, no le hace ascos a la carne humana. Vive en cavernas en los bosques y en los montes, sobre todo en las montañas de Lugo y Ourense.

El olláparo es otro de los cíclopes de la península.

Todas las historias dicen que es enorme, pero en algunas es alto y delgado y se cubre con un abrigo de color pardo y en otras va desnudo, tapándose con sus larguísimas barba y melena, que dejan al descubierto tan solo el ojo.

Estas barbas son duras como cerdas de jabalí, y son largas y rojas como el fuego. Su pelo es rojo también, pero de un tono menos intenso. Se dice que engrasa tanto las barbas como los cabellos con unto de oso.

También se dice que su único ojo arde con fuego interior y que está rodeado de una pálida arruga. Algunas fuentes narran que tiene diez dedos en cada mano y en cada pie, como el ojáncano cántabro. Otras fuentes, pocas, también afirman que que su voz es como un trueno y que tiene dos hileras de dientes.

Particularidad única: existen algunos integrantes de esta raza de cíclopes con un segundo ojo en el cogote… Buf. Perturbador, ¿verdad?

El ollapín: el segundo de los ciclopes de la península

Esta variante conserva muchos rasgos del Olláparo, como sus costumbres antropófagas y su gran fuerza y brutalidad. Vive en cavernas de Galicia, en la comarcas gallegas de Bolo y Castro Caldelas. No está tan extendido y es mucho menos conocido el olláparo.

Particularidad única: la diferencia principal con respecto a sus primos es que su único ojo no está en medio de la frente, sino en un lugar muy incómodo: en la mitad del pescuezo, donde suele estar la nuez… Lo sé, pobre tío.

Existen muchas cosas que contar sobre los olláparos y los ollapines, pero voy a extender más sobre ellos aquí porque porque ambos tienen un magnífico post propio en este blog en el que lo podréis saber todo sobre ellos. Este es: El olláparo y el ollapín, los cíclopes gallegos

El ojáncano: el tercero de los ciclopes de la península

Los ojáncanos son, tal vez, las criaturas más populares de la mitología de Cantabria y es posible que sean los cíclopes más peligrosos de la península. Estos importantes seres míticos recibe muchos nombres (Ojáncanos, bujáncanus, jáncanos, juáncanos, injáncanos, ijánganos y páncanus). Nos lo cuenta Carlos Cabria.

El ojáncano, uno de los ciclopes de la Península Ibérica.

Estos cíclopes cántabros no llevan ropa, ya que su cuerpo está cubierto casi por completo por un abundante pelo rojizo, descuidado, enredado y duro como el de los jabalíes. Sus barbas y bigotes les llegan hasta las rodillas y su cabellera les tapa los hombros y la espalda. Además, tienen la costumbre de embadurnar todo su pelo con unto de oso. Esto provoca que sus espesas pelambreras se vuelvan más rígidas, impermeables y resbaladizas.

A los ojáncanos se los suele describir y representar con tallas que van desde los tres metros de estatura hasta dimensiones realmente gigantescas. Además, su poderío físico es mayor aún de lo que le correspondería por su tamaño. También se dice que cada una de sus manos y cada uno de sus pies cuenta con diez dedos en lugar de cinco. Además, tienen varias hileras de dientes (por lo general dos).

Seguimos con el ojáncano

Los ojáncanos encarnan el mal, lo brutal y lo salvaje. Son criaturas terroríficas, malvadas y muy agresivas, que viven para causar daño. En sus correrías por el bosque, se le prenden las barbas y el pelo a las ramas de los árboles, que arranca de sus raíces en el paroxismo de su furia incontrolable. En este estado de furia, es capaz de desviar el curso de los ríos y de destrozar aldeas.

Particularidades únicas: Cuando estos seres envejecen, son otros de su misma especie quienes los matan, les abren el vientre y se reparten lo que hay dentro. Después los entierran junto a las raíces de grandes robles para que, a los nueve meses, surjan unos enormes gusanos viscosos, amarillentos y apestosos. Las ojáncanas los amamantan con leche y sangre de sus pechos hasta que, cuando cumplen tres años, se transforman en ojáncanos y ojáncanas jóvenes.

Además, los cuervos son sus amigos y los mantienen informados. Por otro lado, las anjanas son sus enemigas declaradas. Este enfrentamiento entre ojáncanos y anjanas constituye el eje de la mitología cántabra y lo explicaré de manera detallada en otro artículo.

Los cíclopes cántabros, ojáncano y ojáncana, tienen un extenso y detallado artículo propio en este blog en el que podréis conocer todas sus características, costumbres, rarezas, e incluso muchas de sus leyendas más populares. Aquí lo tenéis: El ojáncano y la ojáncana, los terribles cíclopes de Cantabria.

La ojáncana: el cuarto de los ciclopes de la península

Cuento a las ojáncanas como cíclopes independientes de sus machos porque son muy diferentes a ellos y tienen un montón de particularidades propias. Por ejemplo: las ojáncanas son aún más malvadas, feroces y peligrosas que los ojáncanos. Son un poco más pequeñas que ellos y también están cubiertas de vello rojo. Su cabeza es inmensa y sus dientes son sucios y retorcidos, sobre todo los inferiores, que son similares a colmillos de jabalí. Los utiliza para despedazar a sus presas, ya que son voraces cazadoras.

La ojáncana es otro de los cíclopes de nuestra península

Su manjar predilecto son los niños que se pierden en el bosque. Les encanta beber su sangre antes de devorarlos a grandes dentelladas. Estas características las convierte en uno de los asustaniños más populares de Cantabria.

Las ojáncanas no pueden quedarse embarazadas de un ojáncano pero, como hemos mencionado, amamantan con leche y sangre que mana de sus pechos a los gusanos que nacen del cuerpo putrefacto de los ojáncanos muertos y enterrados.

Particularidades únicas: se dice que, mientras crían a estos gusanos, estos pueden morir si les toca en el cogote un murciélago, aunque se pueden salvar si la ojáncana les da de comer una hoja de avellano untada con sangre de zorro. Otra particularidad única es que las ojáncanas tienen unos pechos inmensos, que les cuelgan hasta casi las rodillas. Se los cargan a la espalda cuando corren, caminan, cazan o huyen, lo que les da una apariencia extraña y terrorífica.

El pataricu: el quinto de los ciclopes de la península

El pataricu de la mitología asturiana es bastante diferente de las demás razas de cíclopes de la península. Habita en en las cuevas de los acantilados de la costa comprendida entre las desembocaduras de los ríos Navia y Eo, en la parte más occidental de Asturias. También viven en la legendaria isla de Eonavia, que se encuentra frente a estas costas.

Los pataricus tienen mucho, muchísimo menos vello corporal que el resto de los cíclopes de otras mitologías. Donde los demás van tapados por sus propias greñas y por sus propias barbas, se dice que los pataricus pueden ir «vestidos» con redes de pesca, algas o jirones de velas de barcos o incluso desnudos, enseñándolo todo sin ningún tipo de pudor. Además, la piel de estos cíclopes es pálida en extremo y sus largas melenas parecen estar hecha de algas.

Los pataricus tienen un hambre voraz y continua, lo que puede explicar parcialmente la costumbre de engullir crudas y de un solo bocado a sus víctimas en cuanto las atrapan.

Los pataricos están atentos a cualquier naufragio que tenga lugar en sus costas para comerse a los marineros y hacerse con los objetos de valor. Por lo tanto, son poseedores de grandes tesoros que esconden en lo más profundo de sus cuevas, en zonas de difícil acceso y, por lo general, sumergidas.

Particularidades únicas: tienen una nariz muy grande con la que pueden olfatear a sus presas a una gran distancia. Se dice que este prodigioso olfato les es de gran ayuda a la hora de detectar náufragos, a los que rastrean y engullen de un solo bocado. En este contexto debemos situar la conocida leyenda del Rey Castro, centrada en el maravilloso Castro costero de Cabo Blanco (El Franco), dotado de unos prodigiosos fosos defensivos, donde José Máximo Fernández sitúa una lucha sin cuartel entre este gigantón y los no menos portentosos mouros que le atacan, obligándole a construir con sus enormes manos los cuatro fosos aún visibles

Esto no es lo único que se sabe sobre los pataricus. Hay más, muchísimo más. Si os ha entrado la curiosidad, está todo explicado en el siguente post: el pataricu asturiano: el devorador de hombres

El tártalo, otro de los ciclopes de la península

El tártalo: el sexto de los ciclopes de la península

Los tártalos viven en las montañas. Algunos dicen que, al igual que los ojáncanos y los olláparos, van prácticamente desnudos y se tapan con sus larguísimas melenas y sus pobladas barbas, que dejan al descubierto solamente el ojo. Otros aseguran que se cubren con una zamarra de color pardo.

Son seres salvajes, muy fuertes y agresivos. Atacan y devoran a cualquier animal, y eso incluye pastores, niños y mozas que se encuentren por los montes. Se dice que están dotados de poderosos vozarrones.

Las leyendas que hablan de estos seres narran que su pasatiempo favorito es lanzar piedras de un monte a otro. Esto nos recuerda a sus vecinos, los jentiles, aunque estos últimos solo se les parezcan en esto y en su enorme tamaño.

Particularidades únicas: los tártalos tienen una faceta benigna, la de protectores de los rebaños. Esto los diferencia de los cíclopes de otras zonas.

Podría contaros muchas, muchísimas cosas más sobre estos cíclopes, pero no lo voy a hacer porque hay un artículo de este blog dedicado a ellos por completo. Ahí podréis enteraros de todo. Aquí lo tenéis: tártalo, el temible cíclope de Navarra y Euskadi.

El jáncanu: el séptimo de los ciclopes de nuestra península

Son los cíclopes más sureños de esta gran familia: seres peludos y gigantescos que visten con pieles de animales. Son seres malignos y antropófagos que viven en las cuevas de los montes hurdanos y se dedican al pastoreo. Se emparejan con las jáncanas, que no suelen ser de un tamaño tan descomunal como los jáncanus. 

Particularidades únicas: El ojo que poseen es enorme y les proporciona una vista prodigiosa y una visión “panorámica” de varias leguas a la redonda desde la privilegiada posición que les proporciona su estatura.

El jáncanu, otro de los ciclopes de nuestra península.

El pelujáncanu: el octavo de los cíclopes de nuestra península

Los pelujáncanus se parecen mucho a sus primos jáncanus, pero no en todo, y las diferencias son muy espectaculares. Donde los jáncanus son muy, muy peludos, los pelujáncanus no lo son en absoluto. De hecho tienen un único pelo en medio de su cabeza calva. En este cabello solitario reside su descomunal fuerza.

El ojaranco: el noveno de los cíclopes de nuestra península

Podemos conocer a esta última familia de cíclopes, los menos conocidos y expandidos, gracias al trabajo del gran Jesús Callejo Cabo, que en su extraordinaria obra El mundo encantado de Castilla y León nos habla de la variante segoviana de esta familia de seres. En ese trabajo nos cuenta algo acerca del filólogo y folklorista Aurelio M. Espinosa:

Y estos han sido los cíclopes de la Península Ibérica

La mitología ibérica es un cuadro extenso y maravilloso formado por muchas piezas. No todas poseen su propio cíclope, pero algunas de las más importantes sí. Si queréis conocer a los compañeros mitológicos de los gigantes que hoy nos ocupan, estas son las mitologías a las que pertenecen:

La mitología de Extremadura.

La mitología de Galicia.

La mitología de Asturias.

La mitología de Cantabria.

La mitología del País Vasco.

La mitología de Portugal.

La mitología de León.

Y además:

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Un abrazo enorme. Muchas gracias por leerme.

Sentid, vivid y no os rindáis nunca.

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