El pataricu y su gran familia

El pataricu de la mitología asturiana es un peligroso gigante de un solo ojo que habita en la costa comprendida entre las desembocaduras de los ríos Navia y Eo, en la parte más occidental de Asturias. Concretamente, vive en las cuevas de los acantilados de esas costas y, también, en la legendaria isla de Eonavia, que se encuentra frente a ellas.

Ilustración de DaBaAn de un par de pataricus
Ilustración de DaBaAn @dabaan_art

El pataricu forma parte de la gran familia de cíclopes de las mitologias peninsulares. Todos ellos tienen muchos rasgos comunes y también muchas características propias diferenciadoras. Así, Euskadi (y Navarra) tienen a su tártalo. Cantabria tiene a su ojáncano y a su ojáncana, que son importantísimos en esa mitología. En Galicia tenemos a nuestro olláparo y también a nuestro ollapín. León tiene la leyenda del ojaranco y en Extremadura existen el jáncano y el pelujáncano.

El pataricu: un poco de historia

La mención más antigua del «pataricu» aparece en la obra de los eruditos del occidente asturiano Bernardo Acevedo y Huelves y Marcelino Fernández en su «Vocabulario del bable occidental» (1932). En sus páginas se afirma que la gente del mar entre el Navia y el Eo creían que frente a sus costas existía una isla, la mítica nación de los pataricus, gigantes caníbales con un solo ojo en la frente. Dotados de un olfato fuera de lo común, siempre mereodeaban las playas para ver si encontraban a algún despistado que llevarse a la boca.

Estos dos señores afirmaban, hace casi cien años, que el mito del pataricu se encontraba en proceso de extinción. Ningún otro autor los vuelve a mencionar con posterioridad, por lo que todo apunta a que la creencia popular en estos seres llegó a su fin en algún momento. Algo que les ha sucedido a muchos seres míticos.

Pero han sido recuperados, ya a través de la obra antes mencionada, ya gracias a la investigación del folclore asturiano, e incluso de su lenguaje, ya que existen frases hechas que aluden a la maldad de este monstruo. De esta manera, en algunos pueblos de Navia, suele decirse: «Yas más malu qu’el Patarico».

¿Y cómo es el pataricu?

Siempre se ha dicho que los pataricus son gigantes, eso queda claro en todas las fuentes. La pregunta es: ¿cómo de gigantescos? Pues parece ser que no demasiado: Con entre siete y diez metros de altura, tal vez sean de los más pequeños de esta gran familia de cíclopes ibéricos.

Tienen una cabeza muy grande y en ella tienen un solo ojo, también muy grande, justo en el centro, sobre una nariz que… Sí, ¡También es muy grande! Y puede que sea por un motivo, pues esta raza de seres pueden olfatear a sus presas a una gran distancia. Se dice que este prodigioso olfato les es de gran ayuda a la hora de detectar náufragos, a los que rastrean y engullen de un solo bocado.

Se dice que su piel es pálida en extremo y que sus largas melenas parecen estar hecha de algas, pero estas apreciaciones pueden ser fruto de una imaginación aterrorizada.

Ilustración de un patarico, de Jose Angel ARES
Impresionante ilustración de Jose Ángel Ares @JoseAngelARES

El pataricu: rasgos de identidad y costumbres

Algo que nos puede ayudar a distinguir a un pataricu del resto de sus primos de otras mitologías es que este tiene mucho, muchísimo menos vello corporal. Donde la mayoría de los demás van tapados por sus propias greñas y por sus propias barbas, se dice que los pataricus pueden ir desnudos, enseñándolo todo sin ningún tipo de pudor, o bien ir «vestidos» con redes de pesca, algas o jirones de velas de barcos.

Los pataricus tienen un hambre voraz y continua, lo que puede explicar parcialmente la costumbre de engullir crudas y de un solo bocado a sus víctimas en cuanto las atrapan.

Algunas fuentes apuntan que los pataricus poseen grandes tesoros, que mantienen muy bien escondidos. Esto lo explicaremos a continuación.

¿Dónde mora el pataricu?

En las fuentes, se citan dos moradas para estos seres, a los que parece gustarles mucho el mar. Por un lado es bien conocido que los pataricus tienen sus guaridas en las cuevas que hay en los acantilados de la costa asturiana entre las desembocaduras del Eo y el Navia.

Por otro, también se dice, en la fuente más antigua que tenemos, que viven en la legendaria isla de Eonavia (o Eonaviega), frente a las mismas costas que acabamos de describir, en el occidente asturiano fronterizo con Galicia.

Los pataricos están atentos a cualquier naufragio que suceda en esas costas, tanto en las asturianas, como en las de su isla, para comerse a los marineros y hacerse con los objetos de valor. Por lo tanto, son poseedores de grandes tesoros que esconden en lo más profundo de sus cuevas, en zonas de difícil acceso y, por lo general, sumergidas.

La leyenda de L’aniellu de per equí

En un cuento de la tradición asturiana conocido cómo «L’aniellu de per equí», aparece un ogro con las mismas características que un patarico. En el relato, una niña se pierde en el bosque y llega a la casa del ogro, quien la obliga a trabajar para él y a cuidar a su rebaño de ovejas y cabras. Un día, la niña logra cegar al monstruo aplicando un hierro al rojo vivo sobre su único ojo, tras lo que se escapa escondida entre las ovejas en una estratagema que nos recuerda a la Odisea. Es casi lo mismo a lo que hizo Ulises con el cíclope Polifemo.

Pero el gigante alaba la valentía y la astucia de la niña y le regala un anillo como prueba de que no le guarda rencor. Es un ardid, un engaño en el que la niña cae. En cuanto se pone el anillo, descubre que ya no se lo puede quitar. El anillo, que es mágico, comienza a gritar: «per equí, per equí», delatando la posición de la pequeña en todo momento. Viendo la imposibilidad de quitárselo, la niña se corta el dedo del anillo y lo tira a un caudaloso río, en el que se cae el ogro, ahogándose.

A mi la que me da miedo es la niña

¿Qué podemos aprender de este relato popular asturiano?

Pues yo lo tengo claro: que las niñas de Asturias son temibles y terroríficas. Tendré mucho cuidado en mantenerme alejado de ellas.

Por otro lado, hay indicadores claros de que este cuento responde a un eco de la mitología clásica. Hay otros relatos muy similares protagonizados por otros cíclopes de nuestras mitologias. Por otro lado, muchos aspectos de esta leyenda no se corresponde con la imagen del patarico de las zonas costeras comprendidas entre el rio Eo y el Navia. Esos seres no se ahogarían en un río. Yo lo expongo todo para que cada cual saque sus conclusiones.

La leyenda del Pataricu

Si algún día pasas por Lastres verás que cerca de su playa hay dos torres: una grande y otra rota. Ahora ya sabes qué fue lo que pasó.

Esta leyenda me parece extraordinaria, ya que no solo retrata a la perfección a un ser mítico de Asturias: el patarico. También retrata a las mil maravillas a otro: la serena asturiana.

Pataricu, ojanco, olláparo, ojánco, jáncano, pelujáncano, tártalo, torto y ollapin: los cíclopes de nuestra península

Todas las versiones coinciden en señalar que el rostro de todos ellos es completamente redondo, de color amarillento, con barbas gruesas y largas. Su único ojo, en la mitad de la frente, relumbra como una candela, y está rodeado de una pálida arruga. Son fuertes y de largos brazos. Sus voces son muy potentes. Algunas de estas razas tienen tener diez dedos en cada mano y en cada pie, y dos hileras de dientes.

Sus moradas se ubican en profundas grutas. En el caso de los pataricus, se encuentran en cuevas de la costa. Para sus primos suelen estar en lo profundo del bosque, con las entradas cubiertas de maleza y cegadas por enormes piedras que solo ellos pueden mover.

El ojáncano, jáncano o páncano cántabro

El ojáncano es, tal vez, la criatura más popular de la mitología de Cantabria. Tras mucho documentarme y compararlos, es posible que esta sea la criatura más peligrosa de toda su familia. Son enormes, tienen el rostro redondeado, la piel cubierta de sucia y pavorosa pelambrera y largas barbas y cabellos de color rojo. Están dotados de un único ojo, que a la noche brilla con un color rojo espectral.

Ente las maldades que la mitología cántabra atribuye a este ogro está el de derribar árboles, cegar fuentes, robar ovejas, raptar a jóvenes pastoras, destruir puentes, matar gallinas y vacas, abrir simas y barrancos, arrastrar peñas hasta las camberas y brañas donde pasta el ganado, romper las tejas y robar imágenes en las iglesias.

Los cuervos son sus amigos y les mantienen informados. Sus enemigas y contrapartida son las anjanas.

Este importantísimo ser aún no tiene un post propio, pero lo tendrá dentro de muy poco.

La ojáncana, jáncana o juáncana cantabra

En la mitología cántabra la ojáncana es la hembra del ojáncano, y frecuentemente se la representa como la esposa del este. Al igual que el ojáncano, es un personaje sanguinario y aterrador, aunque es aún más perversa y arrojada que su compañero.

Está dotada de una cabeza inmensa y dientes sucios y retorcidos, especialmente uno inferior, similar al colmillo del jabalí. Tiene unos pechos inmensos, que carga a la espalda cuando camina, caza, está enfadada o huye, lo que le da apariencia feroz y terrorífica.

El olláparo y el ollapín de Galicia

En Galicia, este ser es un gigante antropofago que tiene un solo ojo en mitad de la frente y, en ocasiones, con otro ojo en el cogote. Bruto y feroz, muy salvaje y voraz, gran comilón, que vive en cavernas en los bosques y en los montes, sobre todo en las montañas de Lugo y Ourense.

El ollapín vive en cavernas de Galicia, en la comarcas gallega de Bolo y Caldeas y comparte muchos rasgos con el Olláparo, como sus costumbres antropófagas y su gran fuerza y brutalidad. La característica principal del Ollapín es que su único ojo no está en medio de la frente, como suele ser habitual en las criaturas ciclópeas, sino que lo tiene en el pescuezo.

No os voy a hablar más sobre estos dos seres porque ya tienen un magnífico post propio en este blog en el que lo podréis saber todo sobre ellos. Este es:

El olláparo, el terrible cíclope de Galicia.

El Jáncanu y el Pelujáncanu extremeños

Son la versión hurdana de esta criatura. Son seres malignos y antropófagos que visten con pieles de animales y poseen un cuerpo peludo y gigantesco, además de un único ojo enorme en su frente, lo que no les impide tener una vista prodigiosa y “panorámica” de varias leguas a la redonda desde la altura que les proporciona su estatura. A menudo se le supone casado con una jáncana o bien ser el hijo de alguna de ellas, pese a que éstas no suelen ser de un tamaño tan descomunal como el Jáncanu. 

El Pelujáncanu se diferencia del Jáncanu únicamente en su cabeza calva con un solo pelo, en el que reside su descomunal fuerza.

El tartalo o torto del País Vasco

En la mitología vasca, son cíclopes antropomorfos, gigantescos,​ con costumbres antropófagas y comportamiento terrorífico. Viven en las montañas, según algunas fuentes en un monte próximo a las localidades navarras de Zizur Mayor y Astraín, el Monte Emerriega o en el monte Saadar en Cegama (Guipúzcoa), donde hay un dolmen llamado Tartaloetxea («casa de Tartalo»).

Su tamaño es descomunal al igual que lo es su fuerza, y su entretenimiento favorito es tirar piedras de un monte a otro. No me extenderé más, porque esta criatura tiene un post propio en el que la podréis conocer tan profundamente como queráis. Este es:

Tártalo, el temible cíclope de Navarra y Euskadi.

El ojaranco de Castilla y León

Conozco a este individuo gracias al gran Jesús Callejo Cabo, que en su extraordinaria obra El mundo encantado de Castilla y León nos habla de la variante segoviana de esta familia de seres. Él nos habla del filólogo y folklorista Aurelio M. Espinosa, contándonos de él lo siguiente:

¿No se parece mucho esta leyenda a la del pataricu y la niña asturiana? 😉

Escultura en madera de un pataricu

Hasta aquí con el pataricu y su familia.

Si te interesan las criaturas de la mitología de Asturias, en este blog puedes conocer a bastantes más:

El patarico y su gran familia Clic para tuitear

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

2 ideas sobre “El pataricu y su gran familia”