El Urco. De cada aullido, un difunto.

El Urco es un monstruo de las mitologías del noroeste peninsular. Tiene la forma de un perro enorme, del tamaño de un buey, y acostumbra a salir del mar arrastrando cadenas. Su aparición nunca es una buena noticia y, en las diferentes leyendas, sus aullidos o su propia presencia són sinónimos de muerte inminente.

El Urco, dibujo sencillo pero impresionante

Lo cierto es que el Urco está guapísimo. Personalmente, lo considero la criatura que más me gusta de toda la mitología gallega. Y eso tiene mucho mérito, porque para llegar a ese primer lugar le ha ganado a criaturas alucinantes, como los mouros, y a leyendas que me encantan, cómo pueden ser las de la Santa Compaña y las otras procesiones espectrales que recorren estas bellas y misteriosas tierras bañadas por el mar.

Sin embargo, y de una manera muy extraña, una misteriosa fuerza me mantuvo oculto al Can do Mar durante casi toda mi vida. Solo supe de él hace unos años, cuando ví, por pura casualidad, una serie que tiene a esta terrible criatura cómo telón de fondo. Me estoy refiriendo a la serie neboa, de la que hablaremos al final de este post.

El Urco

Estamos hablando de una bestia mitológica del noroeste de la península, especialmente de Galicia, donde se le conoce como Can de Urco (perro de Urco), Can do mar (Perro del mar) o simplemente Urco.

Se muestra como un enorme perro negro la mayor parte de las veces, pero también, en contadas ocasiones, puede aparecerse de color blanco. Tiene largas orejas y unos cuernos que apenas sobresalen de su espeso y encrespado pelaje. Acostumbra a salir del mar por la noche, arrastrando grandes cadenas y aullando furiosamente. Estos aullidos y su misma presencia se considera el augurio de una muerte inminente.

Al poco tiempo comenzó a oírse otro sonido, un sonido leve e inquietante, justo en los límites de mi capacidad de audición. Tenía una cualidad resonante y gutural, como el gruñido de un perro cuando no quiere que te acerques a él. Poco a poco fué aumentando en intensidad. El silencio reinante y los ecos del túnel del que provenía le daban una cualidad terrorífica. Elliott estaba completamente erizado y también gruñía.

―Creo que ya sé lo que es, y, si ese es el caso, estamos en problemas ―dijo Exién.

Enfrente nuestra, en la oscuridad del túnel, aparecieron dos enormes ojos que proyectaban un intenso brillo, ojos de cazador nocturno. La criatura a la que pertenecían entró lentamente en el sótano.

―Por Cosus. E o Urco. O Can do mar. Estamos mortos ―dijo Khan Kshur.

Su voz tenía una cualidad extraña. Se había olvidado momentáneamente de hablar en lengua antigua y había dicho toda la frase en su propio idioma.

Mis compañeros me habían hablado de la criatura que avanzaba lentamente hacia nosotros. Era la enorme bestia negra que el líder de nuestros enemigos tenía sometida mágicamente, aquella que, según me había contado Exién, tiraba de la plataforma con ruedas en la que se habían llevado nuestros objetos. Pero si realmente era el mismísimo Urco, estaba muy lejos de ser un simple monstruo. En el Otro Lado, en el lugar en el que yo había nacido y crecido, el Can do mar era una conocida y terrible leyenda. 

Una extraña sensación me recorrió el cuerpo. Había algo inquietante en este ser, una cualidad antinatural y terrorífica.  No era una bestia normal; era algo más, y era algo malo. Exudaba mal de la misma manera en la que su mirada rezumaba inteligencia. 

Tenía el cuerpo de un perro, pero desmedidamente grande, de un tamaño superior al mayor de los osos, y muy peludo, con el pelo negro y enmarañado. Sin embargo, su cabeza era más la de un lobo de grandes orejas y una boca desproporcionadamente grande.

―Deberíamos haber hecho el sacrificio a Cosus, amigo mío ―le dije a Ashdraig.

―Si, deberíamos haberlo hecho.

―¡Que mono es! ―exclamó Timmy, incomprensiblemente.

La criatura caminaba con terrorífica elegancia y tranquilidad. Algunos eslabones de las destrozadas y oxidadas cadenas que colgaban de su cuello y de sus extremidades tocaban el suelo cuando la bestia se movía y hacían un ruido desagradable al rozar contra la piedra y la suciedad. 

En vez de lanzarse a por nosotros cómo el animal que parecía ser, nos rodeó, observándonos todo el tiempo, mostrándonos sus enormes dientes en una terrorífica sonrisa. Siguió caminando hasta que se situó en frente del rastrillo que bloqueaba las escaleras por las que habíamos llegado. Una vez allí, se echó y se dedicó a observarnos. Al hacerlo, apoyó la enorme cabeza en el sucio suelo y pude apreciar dos cuernos de color negro brillante que salían de la parte posterior de su craneo, hasta superar un poco la espesura de su pelaje. No eran nada faciles de ver si la criatura no estaba en esa posición. También pude ver mejor las grandes cadenas de hierro oxidado que colgaban de su cuello y de sus zarpas delanteras. 

―¿Que hacemos? ―pregunté―. ¿Vamos a por él?

―Ti estás tolo ―dijo Khan Kshur. Nunca lo había visto tan nervioso.

―A lo mejor podemos hacernos amigos suyos ―dijo Timmy, con una ingenuidad que me sorprendió, a la vez que comenzaba a caminar hacia la bestia.

―¡Quieto!¿¡Donde te crees que vas!? ―le gritó Exién.

Hasta ahora no había dicho nada. Yo ya estaba empezando a conocerlo y creía saber bien por qué; el aos sí había estado pensando, devanándose los sesos para averiguar cómo salir bien parados de esta.

Pero el leprechaun no le hizo ni caso y siguió caminando. Exién nos hizo un gesto y nosotros hicimos lo mismo, abriendo nuestra formación para adaptarnos al combate que sin duda iba a comenzar. 

El Urco no reaccionó de ninguna manera hasta que Timmy estuvo a tres pasos de él. En ese momento saltó sobre el menudo leprechaun con velocidad antinatural. La criatura abrió la boca hasta que esta alcanzó unas proporciones imposibles, mucho mayores que las de un lobo o las de cualquier otro depredador. Hubiese podido tragarse a Timmy entero sin ningún problema, pero sin embargo le lanzó una dentellada fulminante, con el claro objetivo de partirlo en dos. La rapidez y la velocidad de la criatura nos sorprendió a todos, mientras que la furia que expresaba su rugido nos heló la sangre. 

Cuando los dientes del Can do mar se cerraron, Timmy ya no estaba allí. Con esa velocidad de la que hacía gala en algunas ocasiones, se había lanzado hacia adelante y había rodado por el suelo, con lo que ahora estaba detrás de la bestia. 

Toda la acción, desde que el Urco estaba tumbado en el suelo, había sucedido en dos segundos. 

― Eres muy travieso, eso me gusta ―le dijo Timmy a la criatura―. Me caes bien. Te voy a llamar Mordisquitos.

La hija de la Ayalga.
David D.Tebras

El Urco, una criatura con mucha historia

La terrible figura del Urco comenzó a incluirse entre las que componen el Entroido de la provincia de Pontevedra a partir de 1876 (Antón Fraguas).

El Entroido de Galicia es una fiesta equivalente al carnaval. Existen diferentes entroidos en tierras gallegas, que se celebran en diferentes localidades y en fechas muy diferentes. Muchos de ellos mantienen vivas valiosas figuras mitologicas, cómo es el caso de «Los Cigarrones» del Carnaval de Verín.

Sin embargo, la figura del Can do mar tiene una antigüedad mucho mayor, pues los pueblos marineros de Galicia tienen multitud de historias y refranes protagonizados por esta criatura.

El origen de estas narraciones populares se pierde en la niebla del tiempo, pues fueron los analfabetos marineros de las costas gallegas los que mantuvieron vivas tanto nuestra lengua cómo nuestra identidad durante una larga época en la que los poderes reinantes en ese momento intentaban hacerlas desaparecer.

Testimonios orales sobre el Urco

Estos dos son testimonios recogidos en el artículo Mitología y tradición oral en un pueblo perdido de Galicia, de Rafa Cabeleira. Se trata de un artículo impagable, cuya lectura aporta mucho al interesado en nuestra tradición oral.

«Algunas noches salía del mar, corriendo como un demonio. Se transformaba en un caballo con cabeza de vaca y se paraba a bufar delante de la puerta de alguna casa. A la mañana siguiente aparecía alguien muerto en esa misma casa pero no los mataba él, ¿eh? ¡Qué va!»

Emilio.
El Urco, dibujo de Eduardo Valdés-Hevia
Can do Urco, by Eduardo Valdés-Hevia

Es capaz de tragarse veinte sacos de calderilla de un bocado con la misma facilidad de que un burro se traga dos granos de cebada.

O Urco, o Urco… de cada berro un difunto.

Adolfo.

El Borrón

Su propia leyenda dice que el Urco vive en las orillas del río Lérez, pero que su lugar de procedencia y su hogar se encuentra debajo del mar. Se trata de un lugar tenebroso, desconocido e ilocalizable conocido como Borrón. Nadie ha ido nunca y ha regresado con vida, por lo que no es posible describirlo. En muchos de los relatos populares sobre el Urco este sale del mar y después, tras realizar sus tenebrosas andanzas, vuelve al mar para regresar a este reino, que se supone está en otro mundo.

El Urco en Asturias

En Asturias, la figura del Urco se fusiona y se confunde con la del Huerco o Güercu. Este ser anuncia la muerte y puede adoptar la figura de un gran perro negro, pero no tiene por qué hacerlo necesariamente. También puede tener la forma del futuro muerto o la de cualquier otro animal de mal presagio. Puede ser una lechuza, un cuervo, un perro, un gato… Pero si finalmente es un perro, cómo es el caso en varias narraciones populares, su aullido cobra una gran importancia.

Otros grandes perros del averno

Desde la antigüedad, los dioses de la muerte tienen grandes y antinaturales perros que guardan las entrada de los inframundos de sus respectivas mitologias.

Son muchas las figuras mitológicas de perros infernales. En la península, sin ir más lejos, tenemos un buen número de ellas.

Todos estamos al tanto del Cerbero griego, pero no os hacéis una idea de cuantos hay. Creo que os van a sorprender por su número y por sus características.

  • Cerbero, también era conocido como Cancerbero. Hijo de Equidna y Tifón, era un enorme perro con tres cabezas y una serpiente en lugar de cola. Se trata del famoso perro del dios Hades, que guardaba la entrada al reino de su amo. Su cometido era ese: no dejar salir a los muertos y no dejar entrar a los vivos.
  • Garm era el terrible perro de cuatro ojos que guardaba las puertas de la morada de Hela en el Helheim, en Niflheim. Se plantó frente a Odín cuando el padre de todos intentó llegar hasta la Vala para conocer el futuro de su hijo Baldr. En el Ragnarök, Garm se enfrentará contra Tyr.
  • Xoloitzcuintli. En la antigua lengua de los aztecas, este nombre tán simpático y pegadizo viene de dos palabras: Xólotl, dios del ocaso y de la muerte, y itzcuintli, o perro. Y es que, en la mitología azteca, el perro de Xólotl tiene la función de proteger a los vivos y también la de guiar las almas de los muertos a través del peligroso Mictlán, su inframundo.
  • Sabala y Syama. Estos dos perros de cuatro ojos custodian la entrada al submundo, en el que gobierna Yama, el dios de la muerte. Ambos son hijos de Sarama, la perra de Indra, rey de los dioses védicos.
  • Mauthe Doog (perro negro de Escocia). Es un perro sobrenatural, más grande que un perro normal y con ojos luminosos, que se encuentra principalmente en el folclore de las Islas Británicas. Es esencialmente una aparición nocturna considerada como un presagio de muerte.
  • Cú sidhe / cú sith / Cŵn Annwn. Es «el sabueso de los sidhe» o bien «el sabueso de las hadas» . Este monstruoso perro habita en las mitologias de las naciones celtas, siendo conocido cómo cù sìth en Escocia, cú sidhe en Irlanda y Cŵn Annwn en Gales. Tiene un pelaje verde oscuro o negro, el tamaño de un buey y los ojos ardiendo con fuego interior. Algunos de estos canes eran blancos y no puedo dejar de notar las semejanzas con nuestro Urco, sobre todo al tener en cuenta que Galicia fué una nación celta, igual que estas tres.
  • El Moddey Dhoo (que significa «perro negro»), de la isla de Man (otra nación celta, sacad vuestras propias conclusiones) es un sabueso negro espectral que acostumbra a merodear el castillo de Peel, en la costa oeste de la Isla de Man.
  • Los Gabriel houds ingleses son una jauría de sabuesos espectrales. La muerte o la desgracia le acarecerá a todos aquellos que escuchen su canto. En algunas partes de Inglaterra se dice que tienen cabeza humana.
  • Los dips son malvados perro vampiro de la mitología catalana. Salen de noche y, en la oscuridad, buscando víctimas a las que desangrar, y sólo se pueden ver sus ojos y su cola, larga y enhiesta. Atacan, matan y desangran al ganado y también a las personas que deambulaban por las calles a horas intempestivas. Por lo tanto, su aparición es un presagio de muerte, porque te matan.
  • La cacería salvaje indoeuropea y muchas de las procesiones fantasmales que descienden de ella son acompañadas de jaurías de perros espectrales. Oir su aullido es presagio de muerte.
El Urco no es el único perro que hay en nuestras mitologías. Imagen de un perro fantasmal de ojos rojos.

Néboa

Cómo dije al principio del post, fué esta la serie que, sorprendiendome gratamente, me descubrió la figura de una de las criaturas mitológicas más chulas del folclore de mi tierra.

Se trata de una buena serie de investigación y asesinatos que, en mi opinión, tiene dos grandes aciertos y atractivos. Uno de ellos es que refleja ese misterio y esa magia de las noches gallegas que son herederas de aquellas grandes fiestas celtas del pasado. Lo que sentimos la noche de San Juan, por ejemplo, cuando vamos a las hogueras. Esa magia que impregna el aire. De alguna manera, la serie lo transmite. No es ninguna broma, hablo muy en serio.

El urco está representado por unas populares máscaras de madera en la serie Néboa

El otro gran atractivo de esta serie es que utiliza cómo elemento central de su transfondo la figura del Urco, que siempre está presente de una forma u otra, y es que en la villa en la que transcurre la acción el Can do Mar es una figura mitológica muy potente. Es la figura central del entroido, que, como ya he mencionado, es uno de los nombres que tenemos en Galicia para nuestras fiestas de carnaval.

La acción de la serie transcurre en una isla de las costas gallegas, antes y durante esta fiesta tan especial. Las muertes comienzan a sucederse y las supersticiones locales apuntan a que el responsable es el Urco.

Y eso es todo, por ahora…

Ya conocéis al Urco, una leyenda y una criatura de la mitología de Galicia. En Asturias, cómo hemos mencionado, su figura coexiste y se une con la del Güerco, una entidad similar en algunos aspectos.

Llegados a este punto, tal vez os interese conocer a las demás criaturas que aparecen en este blog y que pertenecen a esas dos mitologías, es decir, a las criaturas de la mitología de Galicia, y a las criaturas de la mitología de Asturias. Tal vez, incluso, te apetezca echar un vistazo general a todas las criaturas fantásticas que hay en este blog. Sea cual sea tu decisión, la respeto y te lo agradezco, pues aunque yo cree este contenido, es trabajo de todos el mantener viva la rica herencia que ha llegado hasta nosotros.

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Un abrazo enorme. Muchas gracias por leerme.

Sentid, vivid y no os rindáis nunca.

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