Las serenas de Asturias son seres míticos muy antiguos. Hay que tomárselas en serio porque constituyen una parte muy importante del folclore de la Cornisa Cantábrica. Y es que, según cuentan las viejas crónicas, el Cantábrico siempre fue un mar poblado de sirenas.

Según Aurelio de Llano, que recorrió la Asturias de principio del siglo pasado recopilando todo el folklore oral que pudo encontrar, en los pueblos costeros asturianos se cree que las serenas tienen el siguiente aspecto: «de medio cuerpo hacia arriba son mujeres, menuditas y guapísimas, y de medio cuerpo para abajo son pescados».
Dicen muchas leyendas que las serenas fueron en su día jóvenes humanas. Algún tipo de maldición (con frecuencia lanzada por su propia madre) las hizo transformarse.
La serena de la mar
es una moza gallarda,
que por una maldición
la tiene Dios en el agua.
En conclusión, podemos decir que las serenas han dejado una huella imborrable en el folclore asturiano.
Serenas, sereas y sirenucas
Pues sí, las costas gallegas, asturianas y cántabras están llenas de sirenas. Además de eso, los ríos, las pozas y los lagos de Estremadura también son el hogar de estos seres. Sí, estas últimas sirenas del interior viven en cursos de agua dulce.
Todo esto no quiere decir que no haya sirenas en otras zonas de la península, y desde aquí hago una petición: si alguien conoce mitos o leyendas de sirenas de otras zonas, agradecería mucho que me lo dejase en un comentario al final de este artículo.
Un poco de historia
Algo que la mayoría de las personas no saben es que las sirenas han estado en nuestro folclore desde antiguo. No las ha inventado Disney. Merecen aparecer en este blog, más que incluso que otros seres creados por la literatura de los siglos dieciocho y diecinueve.
Aunque la imagen extendida actualmente es la de mujer con cola de pez, en varios testimonios literarios griegos y romanos y en numerosos vasos cerámicos, esculturas y representaciones de esta época, son representados como seres malignos con cuerpo y extremidades de pájaro y cabeza humana.
Ya entonces seducían a los navegantes y provocaban que muriesen en el mar. Muchas siguen haciendo lo mismo a día de hoy, pero no todas. Hay sirenas buenas igual que las hay malas.
El cristianismo medieval, en su intento de destruir el folclore anterior a su llegada, las identificó como criaturas del mal. En esta nueva encarnación del mito, las sirenas simbolizaban la lujuria.
Habría que esperar hasta el siglo VIII para que la iconografía de las sirenas comenzase a mostrar colas de pez. Las crónicas y libros medievales de toda Europa están llenos de historias de sirenas, hasta tal punto que su existencia llegó a admitirse con total naturalidad en el occidente cristiano medieval e incluso en la Asturias preindustrial.
Linajes de serenas
En algunas leyendas, una sirena resulta ser la matriarca de algún antiguo linaje, como en el caso de los descendientes del «Gaviluetu», cuya hermosa leyenda quedó inmortalizada en el papel por J. E. Casariego. Esta leyenda habla de una bella serena que se enamoró de un capitán vikingo y tuvo un hijo con él. Repudiada luego por el amante, la serena murió de pena, dejando al niño abandonado en la playa. Sin embargo, las gaviotas se compadecieron de él y le salvaron la vida.
Más espectacular aún es el caso de los Mariño, una famosa e importante familia gallega en la que un conde, Don Froilán, hizo de una sirena su esposa en el siglo XVII. Esta famosa sirena está presente en el escudo de esta poderosa familia noble, y no solo eso. También está presente en la bandera que Castelao creó para Galicia.

Lo cierto es que los matrimonios entre nobles humanos y sirenas cumplen un cometido: reforzar el poder del linaje al mezclar la sangre azul con la de un ser mítico, haciendo a los miembros de esa familia más que humanos.
Maldición de madre
En muchas leyendas asturianas se afirma que una joven se transforma en serena a causa de la ira divina o de la maldición de una madre muy enfadada por la conducta de su hija.
La Sirenina de la Mar
ye una moza gallarda
que por una maldición
arrojóla Dios al agua.
Otro ejemplo de esto es cierta leyenda recogida por Constantino Cabal en 1.916. En ella, una joven que desatiende sus quehaceres es maldita por su madre, que pronuncia la siguiente frase: «Permita Dios, te faigas pexe».
Se dice que, desde ese momento, la moza transformada en serena, furiosa por haber sido maldita, engaña a los marineros con su canto.
Peligrosas serenas
Fue durante la Edad Media cuando las serenas, que eran conocidas como fadas marinhas, fueron transformadas por la religión en seres demoníacos que personificaban la lujuria. Ellas atraían a los hombres con sus cantos y los seducían, obligándolos a hacer vete tú a saber qué cosas. Malaaaas. Pero como se os ocurre.
Existe una carta, escrita por el Cruzado Osborne, que nos cuenta cómo hacia el año 1.147 salió la segunda cruzada a Tierra Santa. Tras sobrevivir a una galerna, llegan a Gijón, llamado Mala Rupis (mala peña, seguramente a causa del Cerro de Santa Catalina, que por aquel entonces era un isla fortificada que quedaba aislada al subir la marea). Pero antes de llegar a puerto, los guerreros escuchan lo siguiente.
Los gritos de las serenas que,
en un primer momento,
parecían lamentos de dolor y espanto,
para después transformarse en risas,
como si desde sus castillos nos insultaran.
En Sarandias (Bual) decían que los pescadores rezaban antes de embarcar:
Dios nos libre de la tormenta
e d'oir cantar a la serena.
Los habitantes de Porrúa (Llanes) atestiguan que se puede ver a las serenas cantando sobre los pequeños islotes rocosos en los que anidan las gaviotas.
El ilustre erudito franquino Marcelino Fernández nos habla de la existencia de una serena frente a las costas de Porcía. Esta odiaba a los humanos de la población y los tenía aterrorizados. Acostumbraba a cantar desde las rocas de aquel bello paisaje costero, invocando enormes marejadas y también galernas que causaban naufragios y accidentes en el mar.

Las otras serenas de Asturias
Pero las serenas no aparecen solamente en las costas. También existen leyendas sobre estos seres en los ríos y fuentes del interior de Asturias.
- En Cornollo (Allande) se habla de una serena que bajaba por el río hasta el embalse.
- En el Pozu La Cárcaba, cerca del Ríu La Pedralba, en la Barrera (Illas) se aparecía una sirena peinándose.
- En el ríu La Vallada, en el Castrón de Barreu (Tineu), al lado de un castro, vivía una serena que era mitad mujer, mitad anguila.
- En Veiga’l Horru (Cangas del Narcea) se habla de una muchacha encantada que bajó rio abajo, en dirección al mar, montada en un cofre lleno de oro. Cuando llegó al océano se transformó en serena.
Por último, y también en Veiga ‘l Horru, se habla de una criatura mitad mujer y mitad pez, que habita el Pozu La Rinconca, en Llanu. Acostumbraba a raptar niños y los vecinos de la localidad solo pudieron matarla sacándola del pozo arrastrándola por los pelos gracias a dos bueyes gemelos.
Antes de morir, la serena lanzó uno de sus cabellos al agua junto con una maldición «Adios miou pelu, que tous los años m’entregues un pelegrín». Desde entonces el día de Santiago, día de los peregrinos, nadie se baña en el río por miedo a la maldición.
Pequeños y valiosos fragmentos de folclore oral
Aquí os dejo diversos cantares populares relacionados con las serenas:
En el medio de la mar
oí cantar la serena;
válgame Dios, qué bien canta
una cosa tan pequeña.
De la moza buena cantadora:
Aquella coloradina
que vive junto a la peña,
bebe agua cristalina,
canta como una serena
De ahí procede, sin duda, el conocido cantar popular, que, con ligeras variantes, hemos escuchado de boca de nuestras gentes marineras, que dice así:
N’el medio de la mar,
oín cantar la serena;
válgame Dios que ben canta
úna cousa tan pequena
Las sirenucas de Cantabria
En muchas culturas se cree que las sirenas son perversas, ya que, según dicen, gustan de atraer a los marineros con sus hermosos cantos para después matarlos cruelmente. En otros sitios tienen dos caras o interpretaciones, como en Galicia.
En Cantabria, sin embargo, es considerada un ser adorable, aunque les enfada que los marineros silben o canten, pues creen que se están mofando de sus delicados cantos. En estas situaciones, a veces, se juntan muchas de ellas y nadan, formando remolinos, alrededor del barco para asustar al marinero cantarín, sin llegar a más.
Cuenta la leyenda que si un marinero consigue capturar a una de estas sirenucas (así se llaman en Cantabria), será recompensado por el Lantarón (el Neptuno cántabro) con convertirse en su marido. Para ello el marinero debe besar a la sirenuca. Si lo hace, su cola se convierte en dos hermosas piernas. Una vez convertida en humana, le entrega a su esposo su espejo de nácar y el marido tiene que esconderlo, ya que si esta lo encuentra, se volverá a convertir en sirenuca y regresará al mar.
Las sereas gallegas
Sereas es el nombre con el que se conoce en Galicia a las sirenas. En estas costas también son seres miticos con el cuerpo de una bella mujer de largos cabellos y, de cintura para abajo, gran parecido con los peces. La mitología de Galicia también está llena de sirenas. Siempre se ha dicho que atraen a los marineros gracias a su portentosa voz, que puede tener propiedades hipnóticas y, cuando no, es poderosamente seductora.

Está claro que las sirenas gallegas viven en un entorno muy adecuado para ellas. Las rias de Galicia están llenas de playas maravillosas, de cuevas, de islas rocosas. Todos estos lugares son residencias perfectas para una sirena. Se dice que algunas viven en palacios submarinos llenos de riquezas. Otras viven en cuevas, e incluso hay algunas que se han ido a vivir con el ser humano.
Las sereas cantan en A Furna das Sereas; La sirena más famosa es la Maruxaina, pero la sigue muy de cerca Mariña, la serea de Sálvora, fundadora del linaje de los Mariños de Lobeira. También están la serea de Fisterra, la serea del Orzán, la de las islas Miranda, la del río Lerez y la de Mogor.
Podéis conocer a todas y cada una de estas sereas y a sus maravillosas leyendas en el siguiente artículo:
Un recorrido por las sereas de Galicia.
Ahora sí: hasta aquí con las serenas de Asturias
Si lo que te interesa es seguir conociendo a las criaturas de la mitología de Asturias, en este blog puedes conocer a bastantes más. Son las siguientes:
El patarico, un terrorífico cíclope marino.
El cuélebre, la serpiente alada de Asturias.
La güestia, la terrorífica procesión espectral asturiana.
El carru de la muerte, que viene a recoger las almas de los difuntos.
Las ayalgas, esas tristes y fascinantes damas encantadas.
Las lavandeiras, las lavanderas de la noche gallegas y asturianas.
El papón, el ogro comeniños de Asturias.
La zamparrampa, barranca, parranca o zanca parranca
El Urco, el Can do Mar gallego y asturiano.
El home marin y los homes mariños.
El pesadiellu, la manona y la mano negra de Asturias.
El sumicio, un duende muy peculiar.
El diañu burlón, ese extraordinario metamorfo.
Juan Cabrito, el nuberu, señor de las tormentas.
Trasgus, los duendes más famosos de Asturias.
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Un abrazo enorme. Muchas gracias por leerme.
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4 ideas sobre “Las serenas: un recorrido por las sirenas de Asturias”
¡Qué preciosidad de post con sus fragmentos, descripciones y cada una de las leyendas recopiladas de distintas zonas sobre las sirenas! Me han encantado, ya que es un ser mítico de los más icónicos. ¡Y qué poco sabemos en general de ellas! Me ha encantado profundizar y conocer más historias y dichos sobre ellas. ¡¡Un abrazo fuerte!!
¡Tienes toda la razón! ¡Otro abrazo enorme para ti, lobita!
Vivo en un pueblo de Extremadura, se llama Villanueva de la Serena, tenemos una sirena en el escudo y varias estatuas de la misma por el pueblo. De pequeños nos contaban que el nombre venía de la leyenda de que, cerca del pueblo, a las orillas del guadiana, vivía una sirena. Nadie sabía cómo llegó allí, tal vez nadó desde el mar, en Huelva, o tal vez fue parte de un botín de los soldados que viajaban a América con Cortés. El caso es que estaba allí, y su leyenda dio nombre al pueblo.
¡Muchas gracias por tu comentario! 🙂
Sabía de tu pueblo, pero lo tuyo es un testimonio de primera mano y eso vale oro. ¡Muchísimas gracias, de verdad!