Anano viene del latín «nanus» y del griego «nannos». Es un ser mítico muy antiguo y también una rareza dentro de la mitología gallega. Esta raza de criaturas es muy importante y abundante en las mitologías de los países germánicos. El hecho de que también esté presente en la mitología gallega se debe, sin duda, al reino que fundó el pueblo germánico de los suevos en la primera mitad del siglo V en la provincia de la Gallaecia del Imperio romano de Occidente. Estamos hablando del reino suevo de Gallaecia.

Si, pero… ¿Quiénes son los ananos?
Cierto. Centrémonos. Lo primero que debemos dejar claro es que un anano no es ningún tipo de duende. Es un ser muy bajito: puede llegarle a la rodilla a un hombre o, como máximo, llegarle casi hasta la cintura. Esto depende del relato o de la leyenda. Suelen tener la cabeza muy grande y no se distinguen por su belleza física. Lo cierto es que lucen largas barbas blancas y tienen aspecto de ancianos desde su más tierna juventud.
Los seres de esta raza son muy trabajadores. Viven debajo de la tierra, bajo los castros, las mámoas y otros restos antiquísimos. En sus dominios subterráneos tienen cámaras, galerías, pueblos, minas e incluso ciudades. Son los creadores y guardianes de grandes tesoros, que son muy importantes para ellos. Invierten la mayor parte de su tiempo en guardar, limpiar y cambiar de lugar esas riquezas. Además, esta raza tiene una afinidad natural con la tierra y sus secretos, por lo que son expertos en la construcción de túneles y saben encontrar las mejores vetas. Trabajan en las minas para extraer esos minerales, que después convierten en más tesoros. Y es que los ananos dominan la minería, la metalurgia y la orfebrería. Son, por lo tanto, grandes forjadores y artesanos.
Relación entre el anano y el ser humano
Con respecto a nosotros, los seres humanos, los ananos nos eluden como regla general. Es más, si algún ser humano intenta inmiscuirse en los asuntos de los ananos, estos hacen uso de sus grandes poderes mágicos para rechazar al intruso. Se dice que, además de poder realizar hechizos y sortilegios, su mirada e incluso su aliento pueden tener efectos mágicos también.
En ocasiones, sin embargo, sin que se sepa bien por qué, un anano sale de sus dominios bajo tierra y entra en conversación con una persona. Siempre se trata de alguien que viaja solo, y, en muchos relatos, es alguien que va camino de una feria. Puede ser que el anano beneficie enormemente a esa persona, pero no sin condiciones.

Los ananos en Desde Iliddiam: el anano de La marca del Urco
En mi segunda novela aparecen muchas decenas de seres de todas las mitologías de la Cornisa Cantábrica. Por supuesto, aparece el pueblo de los ananos. Uno de ellos, Sognir, mantiene una charla con Grik, el protagonista de ese capítulo, que es un trasno.
―Es la primera vez que vienes, ¿verdad?
La voz me sobresaltó. Me giré y descubrí a un individuo aún más bajo que yo.
―Se llama Ribademinio, aunque también se la conoce como La guardia del Minio.
El individuo tenía la voz ronca, pero parecía agradable y bienintencionado. Era gordito y fornido, y tenía una barba que le llegaba hasta los pies, la nariz muy grande y un casco en la cabeza. Estaba muy arrugado. Parecía una persona mayor, muy mayor.
―No soy tan mayor. Soy joven para ser un anano. En mi raza tenemos la piel arrugada y el pelo blanco casi toda la vida.
―¿Me has leído la mente? ―le pregunté, asombrado.
―Los ananos somos famosos por nuestros poderes mágicos. Y por nuestros tesoros. Todo el mundo lo sabe.
―Yo no lo sabía.
―Tú eres un mocoso, pequeño ―me miró, juntando las enormes y pobladas cejas blancas, que se unieron sobre unos ojos relucientes.
Me pregunté si el pequeño individuo se habría enfadado, pero en ese momento se echó a reír.
―Me has caído bien. Bueno, dime… ¿Qué haces aquí, pequeño? ¿Cómo has llegado? Tienes aspecto de haber hecho un largo viaje.
―Lo he hecho, pero hasta el gran castro que hay aquí mismo en otro mundo. Me ha ayudado a cruzar una meiga amiga mía.
―¿Qué otro mundo? Hay muchos ―Los ojos del anano relucián.
―El mundo de los hombres. ¿Tiene nombre?
―¿De los hombres? ¿Y por qué no de las mujeres? Tienen mucho peso en esa sociedad por lo que tengo entendido. Casi más que los varones de su especie. ―El pequeño individuo hablaba con voz muy seria.
―Eh… ah, no sé. ¡Perdón! Es que no sé cómo se llama.
―Tienes razón. “El mundo del ser humano” suena fatal…
No supe qué decir. Él se había quedado totalmente quieto, con las manos detrás de la parte baja de la espalda, mirándome muy fijamente.
Pasó algo de tiempo. No sabría decir si fue mucho o poco, pero se me hizo eterno.
El anano se echó a reír a grandes carcajadas.
―¡Me estaba metiendo contigo! ¡Me caes muy bien, pequeño! ¡Dime qué quieres! Te ayudaré a conseguirlo ―el anano levantó un dedo―. Con la condición de que no le digas a nadie que lo he hecho. Es muy importante.
David das Tebras. La marca del Urco.
El anano y la lechuza
Otra de las increíbles capacidades que tiene esta raza es la de transformarse en lechuzas. Se dice que lo hacen para anunciar, con su canto, la muerte de un ser humano.
Es posible que los ananos se puedan transformar en otros tipos de ave, ya que en algunos castros de Melide se suelen aparecer unos extraños pájaros muy desagradables. Muchos creen que son ananos y que están guardando los tesoros que hay bajo los castros.
También hay quien dice que pueden controlar a diversas criaturas como “bichas” (enormes serpientes que guardan depósitos secretos de minerales como oro y plata o piedras preciosas) .
O anano e o muiñeiro
Tal vez la leyenda mas conocida en Galicia sobre un anano es aquella conocida como «O anano e o muiñeiro (El anano y el molinero)»
Yendo un molinero de Bahamonde para la feria de Santa Cruz de Parga, a la altura de la Pena do Castelo, le salió al paso un anano.
—Entonces… ¿Adónde va? —le preguntó.
Cuando el molinero le contestó, le preguntó que iba a hacer en la feria, en qué trabajaba, dónde vivía, cuántos hijos tenía… en fín, todo lo que se puede saber sobre una persona. El molinero le dijo que tenía nueve hijos y que era muy pobre, y el anano le ofreció su ayuda.
—Vete a la feria, hombre, que hoy vas a vender muy bien el trigo y cuando vuelvas vas a tener más trigo aquí. Pero esto tiene que ser un secreto. No lo puede saber ningún ser viviente. Si se lo cuentas a alguien, entonces se acaba la molienda.
Cuando el molinero regresó de la feria, allí estaba otra vez, en la Pena do Castelo, el anano con una bestia cargada de trigo.
Cada vez que había feria en Santa Cruz pasaba lo mismo. La economía del molinero comenzó a mejorar y también crecía la curiosidad de su mujer, que quería saber a toda costa de dónde le venía el trigo a su marido. Tanto insistió que el bueno del hombre acabó por confesarle su encuentro con el anano que le traía las cargas de trigo.
Al día siguiente se desató una tormenta enorme. Llovió tanto que hubo una descomunal crecida en el regato, que arrastró el molino. El molinero que no respetó el trato con el anano se ahogó allí con toda su familia.
Traducción al castellano del relato El anano y el molinero, recogido en A flor da auga, de Xosé Miranda y Antonio Reigosa.

Ananos, mouros y tesouros
Maliciosos y malvados, esa es la imagen que la iglesia le dió a la figura de los ananos. Como siempre, cuando comprobó que era imposible acabar con las creencias paganas de las gentes, las contaminó y las demonizó. Es lo mismo que esta religión hizo con las meigas y con otros muchos seres míticos. Pero eso no logró que, durante siglos, se siguiesen propagando leyendas sobre los tesoros subterráneos de los mouros y los ananos. Aparecieron docenas de versiones de «grimorios» (libros mágicos que supuestamente revelan donde están enterradas las riquezas de los ananos y demás seres mágicos). El más conocido de ellos fué el Ciprianillo.
Así, hasta hace poco aún era muy popular en Galicia la creencia de el que poseyese el Ciprianillo (libro de San Cipriano), también poseía la clave para acceder a tesoros de mouros y de ananos. Esto provocó, hace pocas décadas, un auténtico estropicio arqueológico y cultural, cuando la gente levantó los antiquísimos castros buscando los tesoros de mouros y ananos.
Reflexiones
Os quiero dejar aquí un fragmento de una intervención de un individuo del que no conozco ni siquiera el nombre. Su «apodo» en Celtiberia.net es Carr, y estoy seguro de que es alguien con unos conocimientos enormes. La conversación iba, entre otras cosas, sobre la presencia de los ananos en la mitología de Galicia.
Un corpus de mitos conforma la mitología oficial de un pueblo, regido por sus propias pautas culturales. Por definición, estos son mitos o relatos «cultos», en el sentido en que vertebran las instituciones y los valores sobre los que se asienta una cultura. Este sería el caso de la Grecia clásica y de la Roma clásica. Ambas culturas están codificadas en los mitos que han llegado hasta nosotros.
El poder que estos mitos, que aún se conservan en el pensamiento europeo, es precisamente una prueba de la vigencia de valores culturales grecolatinos en nuestra cultura oficial o institucional (es decir, la cultura oficial, hegemónica, o «dominante»).
Los pueblos celtas, como cualquier otro pueblo, codificaron su visión colectiva del mundo y sus fundamentos culturales en una producción mitológica que seguía el desarrollo específico de unos presupuestos comunes de la matriz indoeuropea, que a su vez habían sido producidos por un pueblo sometido a unas condiciones de vida y necesidades culturales específicas, que lo apartaron de la remota matriz cultural común a la que son reconducibles todas las mitologías del mundo.
Las bases más antiguas de esta matriz se asentaron en una época muy temprana, que parece anterior a la dispersión de los grupos humanos por el globo, o que en todo caso, se encardinaría con una cierta estructura psicológica que llevaría a la postulación de unos mismos principios culturales codificados en forma de mitos muy semejantes y equivalentes, como postula J. Campbell.
Ahora bien, cuando un pueblo es incorporado a la órbita de una cultura de mayor alcance, como el cristianismo o la cultura greco-latina, se produce una simbiosis entre su «sustancia» cultural y su expresión oficial en mitos.
En realidad, esos nuevos contenidos han debido adaptarse al sustrato cultural anterior, y ceder ante su más sólida implantación y adaptación al terreno. Sin embargo, esta antigua sustancia cultural, que sigue gobernando de facto, pasa a ser anónima y queda excluida del reconocimiento institucional.
Esto es lo que sucedió, como ya dije, con la extensión del cristianismo en todas partes, y entre ellas en Galicia. Ahora bien, en esta «diglosia» cultural sobreviven viejas creencias, a veces anteriores incluso a la anterior cultura dominante (céltica o indoeuropea) aunque muy afectadas por ella, que son lo que se suele denominar cultura popular o folklore, un auténtico continuo cultural -una sustancia- en la que van quedando registradas todas estas influencias, como las marcas en la corteza de un árbol.
Carr. Celtiberia.net
El anano de Punta Cabicastro

Según la Enciclopedia de Fantasía Popular de Galicia, Galicia Encantada, en la Punta Cabicastro, concello de Sanxenxo (Pontevedra), hay una cueva donde mora un anano que grita cuando hay niebla para avisar a los barcos. Eso atestigua José Pazos Lameiro, marinero jubilado de Marín (Pontevedra), en enero de 2014. También afirma que supo este dato cuando, siendo él joven y estando embarcado, los viejos lo relataban cuando el barco pasaba por la Punta Cabicastro, camino de La lanzada. Esos marineros veteranos lo comprendían como algo cierto y normal.
Los compañeros de mitología del anano gallego
Hasta aquí hemos llegado con los ananos. Hay gente que afirma otros datos, historias de meigos oscuros y distintos grupos de ananos. Sin embargo, no he encontrado esos relatos, esas fuentes, así que me ciño a lo probado y comprobable.
Por otro lado, si te has quedado con ganas de más y quieres seguir conociendo a las criaturas de la mitología de Galicia, este es el blog adecuado. Aquí tienes muchos más retazos de este amplio entramado:
- Los mouros, antiguos habitantes de estas tierras y constructores de castros y mámoas.
- La Santa Compaña, la reina de las procesiones espectrales.
- Las mouras, pequeñas deidades de los cuerpos acuáticos.
- La Sociedad del Hueso y la Procesión das Xas.
- Los trasnos, esos traviesos diablillos.
- Los tardos, los duendes más perversos.
- El olláparo, el cíclope de Galicia.
- Las lavandeiras, las lavanderas de la noche gallegas.
- El meniñeiro, el duende que cuida de los niños.
- El sumicio, un duende muy molesto.
- El diaño burleiro, el gran transformista.
- El papón, el ogro comeniños de nuestras tierras.
- El Urco, el Can do Mar.
- El nubeiro, amo de las tormentas.
- La peeira dos lobos, lider de las manadas.
- Xacias y xacios, bellos y peligrosos en extremo.
- Los lobishomes, nuestros licántropos.
- Las meigas gallegas.
- Los lobos da xente, los licántropos más crueles.
- Las feiticeiras del rio Miño.
- El Vákner: un terror medieval en el camino de Santiago.
- La terrorífica meiga chuchona.
- Las bruxas de Galicia.
- La terrible Orcavella.
- El home marín y los homes mariños.
- La mano negra.
Además, si quieres echar un ojo a TODAS las criaturas fantásticas que hay en este blog, aquí las tienes: Criaturas fantásticas en Desde Iliddiam.
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Un abrazo enorme. Muchas gracias por leerme.
Sentid, vivid y no os rindáis nunca.
2 ideas sobre “El anano de la mitología gallega: herencia nórdica en una nación de raíces celtas”
¡Que post más rico y sorprendente! ¡Me ha encantado cada curiosidad y cada fragmento! Se nota que está hecho con mucho detalle. ¡Uno de mis nuevos preferidos, sin duda!
¡Muchísimas gracias, querida amiga! 🤗