El Conde Arnau: el alma en pena más famosa de Cataluña

El Conde Arnau (Comte Arnau en catalán) es un personaje de renombre de la mitología de Cataluña. Se trata del fantasma de un noble maldito, condenado a cabalgar durante toda la eternidad sobre un caballo negro al que le salen llamas por la boca y los ojos.

El conde Arnau. Foto generada por IA.

La forma que adquiere el mito

Empecemos por el principio: el Conde Arnau es un fantasma, un espectro. Es, de hecho, el alma en pena más famosa de Cataluña.

Adopta la forma de un jinete fantasma en llamas que monta un antinatural caballo negro. A este también le sale fuego por la boca y por los ojos. Juntos cabalgan por los aires y recorren los cielos de Cataluña. Siempre van seguidos por una jauría de perros espectrales y, según algunas fuentes, también por un gran ejército de sirvientes que continuamente hacen sonar un cuerno y azuzan a los perros y a los caballos en una carrera desenfrenada.

En el pasado, nadie se atrevía a salir de noche por las comarcas ripollesas por miedo a encontrarse con el conde, pues se decía que quien se topaba con él y con la procesión que lo acompañaba estaba condenado a morir y formar parte de ella. Todo esto está muy relacionado con mito europeo de la Cacería salvaje.

Por último, debo decir que el Conde Arnau es un fantasma muy peculiar, ya que está envuelto en llamas. Según la antiquísima «balada del conde Arnau», una de las canciones populares más antiguas dentro el folklore catalán, al Conde Arnau le sale fuego de «ojos, nariz, boca, oídos, manos y pies». El propio conde confiesa en los versos de su canción que estas llamas son provocadas por las malas acciones que cometió en vida.

El Conde Arnau: un individuo muy antiguo y trascendente

La figura del Conde Arnau tiene mucha, muchísima más profundidad. En ella destacan tres aspectos:

  1. Se le tiene por una figura histórico-legendaria heroica, al más puro estilo del Rey Arturo bretón.
  2. Se sabe que la figura histórica en la que se basa gran parte de su leyenda fue un señor feudal de mal corazón, despótico con sus vasallos y sin miedo ni remordimientos.
  3. También se le tiene por un pecador y sacrílego sin escrúpulos, condenado eternamente por sus acciones. Se le atribuyen hazañas de la categoría de dejar embarazada a una abadesa y también a un buen número de sus monjas.

Estos rasgos dan forma, como podéis ver, a un personaje fascinante y, a la par, terrible.

El conde Arnau histórico

Todo parece indicar que la leyenda tiene como base a Arnau, conde de Mataplana, cuyo castillo en ruinas se encuentra al lado de la capilla de San Juan de Mataplana. Dicho conde fue un hombre violento y problemático. Sus querellas y discusiones con el abad de Santa María de Ripoll, referentes a los limites de sus respectivos feudos, fueron frecuentes y bien conocidas. También tenía numerosas desavenencias con sus vasallos.

El conde vivió en el siglo XIV, como consta en su testamento de 15 de julio de 1353. Su problemática personalidad quedó confirmada tres años más tarde por su esposa.

La familia Mataplana

Como hemos dicho, la versión histórica del personaje lo hace miembro de la familia Mataplana, de la que se tiene constancia a partir del siglo XI. El Conde Arnau sería señor de esta baronía, que dominaba buena parte del Ripollés catalán.

Los Mataplana eran los señores de los castillos de este nombre y los de Solans, de Sant Amanç o Amand, de Castellar y de Blancafort o de las Damas. Estaban vinculados al castillo de Mataplana en Gombrèn y tienen como primer miembro documentado a Hugo I de Mataplana (1076-1089).

Nuestro Conde Arnau vivió, como hemos dicho ya, durante la primera mitad del siglo XIV. Existe un testamento suyo firmado el 15 de julio de 1353. Parece ser que este Arnau fue nieto de Blanca de N’Hug, señora del castillo de las Damas o de Blancafort, que en 1278 hizo renuncia de sus derechos señoriales a favor de sus vasallos. Como ya hemos mencionado, su nieto Arnau de N’Hug tuvo fuertes discusiones con el abad del monasterio de Ripoll sobre los límites jurisdiccionales del monasterio y la baronía y volvió a imponer los malos usos del feudalismo.

Estatua del conde Arnau.
Estatua del conde Arnau.

El conde Arnau: guerrero

Durante más de cuarenta años, Rossend Serra i Pagès recorrió las tierras del Ripollès en busca de cualquier leyenda o fragmento de folclore que tuviese relación con Arnau. Este gran folclorista soñaba con escribir una gran epopeya sobre la creación de Cataluña con el Conde Arnau como protagonista. La muerte se lo llevó antes de que pudiese hacerlo y el proyecto nunca se llevó a cabo.

Esto ha provocado que parte de la población de Cataluña busque en las gestas atribuidas al Conde Arnau un conjunto de leyendas épicas sobre la fundación de la nación catalana. El monte de Mogrony sería el equivalente de la Covadonga astur y, en lugar de Don Pelayo, los primeros catalanes serían capitaneados por el Conde Arnau.

La leyenda de la gesta de las cuevas de Ribes

Cuenta la leyenda que la invasión musulmana (entre el 711 y el 726) avanzó por la península hasta llegar al pie del monte Mogrony. La montaña impuso mucho respeto a los soldados invasores, que no se vieron capaces de conquistar esa imponente cima. Sin embargo, lo que sí hicieron fue cargar con fuertes tributos a la gente de la zona.

El noble local, que no era otro que nuestro Conde Arnau, convocó a sus vasallos en el castillo de Mogrony. Se reunieron los campesinos de Viles Grosses, Villas Xiques, Maials y los de Monegals. Todos juraron luchar contra los invasores y bajaron a los valles para hacer la guerra.

Sin embargo, no consiguieron la victoria. La superioridad numérica del enemigo era tan aplastante que los cristianos tuvieron que retroceder hasta Monegals. El Conde Arnau encontró refugio en la más alta de las cuevas de Ribes, que se alza a 26 metros de altura en un risco sobre el río Freser.

Los musulmanes, que perseguían capturar a tan insigne caudillo cristiano, intentaron llegar hasta él. Amontonaron las ramas de muchos árboles hasta alcanzar la entrada de la cueva, donde, a golpes de espada, el conde los iba matando medida que llegaban, en combate singular. Al final, los musulmanes desistieron en su intento de capturar al conde Arnau.

Mientras tanto, las levas de campesinos habían contraatacado y habían logrado acabar con la poca guarnición que habían dejado los musulmanes en el castillo. Mataron a su rey y rodearon a las confundidas y desmoralizadas tropas enemigas supervivientes. La noticia de la gran victoria corrió como la pólvora y muchos campesinos se añadieron a la lucha, expulsando definitivamente a los musulmanes.

El Conde Arnau, pecador irredento

El aspecto de la personalidad del Conde Arnau que más acentúa la tradición oral es la de pecador. Parece ser que era un hombre sin tabúes morales y que no le temía a la ira de Dios. Era capaz de cometer sacrilegios, blasfemias, pactos con el demonio y actos de una lujuria terrible. El mas conocido de ellos tal vez sea aquel en el que el conde se encaprichó de la abadesa del monasterio de San Juan de las Abadesas o San Amanç. La visitaba de noche, pasando con el caballo por un pasillo subterráneo que tenía la entrada por el agujero de Sant Ou, salía a las cuevas de Ribes y de allí llegaba hasta el monasterio. La cancioncita popular recogida por Serra i Pagès en 1905 dice así:

Hoy en día, el monasterio de San Amanç está en ruinas: dice la leyenda que fue fulminado por un rayo divino durante una de esas orgías. En noches de tormenta, entre sus escombros se sienten todavía el tintineo de las copas y las risas y los chillidos de Arnau, de sus compañeros y de las monjas.

Un monasterio muy especial

Los hechos históricos que originaron la mala fama del monasterio se remontan al año 1017. Bernat Tallaferro, hermanastro de Ingilberga, la abadesa de San Amanç, hizo informar al Papa Benedicto VIII de las fiestas que se celebraban en el monasterio. Dice la voz popular que en estas celebraciones se daban todo tipo de excesos sexuales y orgías entre las monjas y los señores.

Esa fue la razón de la orden de clausura. La bula papal instaba a disolver la comunidad por haber convertido la casa de oración en un «burdel de meretrices de Venus».

El cierre del convento y la expulsión de las monjas darían alas a la imaginación popular, que, con el paso de los siglos, lo transformaría en esta leyenda. Con la posterior aparición de la balada del Conde Arnau, este personaje sería incorporado, cinco o seis siglos más tarde, en las bacanales de las monjas.

El Conde Arnau. Imagen generada por IA.

La balada del Conde Arnau

El Conde Arnau como personaje literario tiene su origen en una canción tradicional catalana, posiblemente aparecida en Ripoll a finales del siglo XVI. En esta se narra una conversación entre el alma del conde Arnau y su viuda.

En la parte central de la canción, el conde solicita ver a sus hijos, pero su viuda le dice: «massa les espantariau» (Demasiado los asustaría). También se interesa por las criadas y los braceros, «Pagueu-los bé la soldada» (Págales bien el sueldo).

Después, es ella la que le pregunta al Conde Arnau por donde ha entrado, y el le responde: «Per la finestra enreixada» (Por la ventana enrejada).

La condesa observa durante la canción que a su difunto marido le salen llamas de los ojos, nariz, boca, oídos, manos y pies. El Conde Arnau confiesa que son debidas a las malas acciones cometidas.

Esta es una de las canciones populares más antiguas y apreciadas dentro el folklore catalán. Está catalogada dentro de las históricas y caballerescas. También es interesante comentar que la melodía de esta canción es de una gran suavidad, por lo que muchas mujeres la utilizan a la hora de acunar a sus bebés. Felipe Pedrell, destacado musicólogo y compositor español, afirmó que su madre la empleaba como canción de cuna.

El Conde Arnau: ánima en pena

La fuerza increíble con la que la leyenda del Conde Arnau permanece viva en la tradición oral catalana es debida, muy probablemente, a que este ser mítico está condenado a vagar eternamente.

Se tiene como real que al conde se le puede ver, cabalgando por los cielos sobre un semental negro y flamígero , en las noches de viento y tormentas. Se pueden oír entonces el sonido de los cuernos, los silbidos y el ladrido de los perros. Todos corren tras el conde, suspendidos en el aire.

Las tormentas han ido siempre asociadas a los espíritus, a los fenómenos paranormales y a la magia. De esa manera, en el castillo del Conde Arnau se aparece el fantasma de su esposa y en las ruinas de Sant Amanç todavía resuena el revuelo de las orgías.

Otra de las labores que realizó Serra i Pagès durante el primer tercio del siglo XX fue recoger los testimonios de gente que aseguraba haber oído los gritos del conde o los ladridos de los perros o, incluso, haber visto la macabra procesión.

Vida y evolución de un mito

Partiendo del convencimiento de que el Conde Arnau era un personaje histórico, Marian Aguiló reunió el material sobre el mito en 1843 y Manuel Milá y Fontanals lo publicó en 1835. Víctor Balaguer escribió una narración en 1858. De ahí que los literatos de la Renaixença hayan convertido su figura en el personaje medieval más romántico.

Otros literatos que han tratado el tema son: Anicet de PagèsFrederic SolerJacinto VerdaguerJosep CarnerJoan MaragallJosep Maria de SagarraAmbrosi CarrionAntonio Ribera y Miquel ArimanyFelipe Pedrell musicó el poema de J. Maragall. 

A lo largo de su historia, el Conde Arnau ha desarrollado una fuerza increíble en el imaginario ripollés. Lo ha hecho absorbiendo a una muchedumbre de personajes que nada tenían que ver entre sí: el guerrero, el tirano, el seductor de abadesas, el pecador, el alma condenada. Se ha acabado convirtiendo en el protagonista de muchas historias y leyendas.

La larga sombra del Conde Arnau

Su leyenda está extendida por todo el Ripollés, por el Llusanés, por parte del Bergadá y también por buena parte del Llano de Vich. Se narra desde la Pobla de Lillet hasta Sant Quirze y desde Camprodón en la misma ciudad de Vich. La canción está aún más extendida. Una vecina de Prades la cantaba y la llamaba «La Jaia Arnavat», con referencia a la esposa del conde.

El Conde Arnau. Imagen generada por IA.

El Comte Mal, la versión mallorquina del Conde Arnau, tiene como base a un personaje real: Ramon Safortesa Pacs-Fuster de Vilallonga y Nieto, segundo conde de Formiguera (1627-1694), señor de las antiguas caballerías de Hero, Santa Margarita, Alcudiola, María, Puigblanc, Castellet y Cerrar. Violento y vinculado al bandidaje, el pueblo mallorquín le guardaba rencor y lo asociaron con los aspectos más negativos de la leyenda del conde Arnau. Hay que decir que la figura del Comte Mal tiene un carácter político y social aún más acusado que la del ser mítico que hoy nos ocupa.

Folclore oral: algunas cancioncillas

Por último, os dejo aquí unos cuantos retazos de folclore oral del pueblo catalán. En el primero, Verdaguer nos lleva de la mano al lugar de la leyenda.

Este fragmento parece una oración que clama a la redención del conde:

José M.» de Sagarra hace una disección brutal de la leyenda, parece regalarse con los detalles mas escabrosos, todo el poema está escrito con una gran fuerza dramática.

El Conde Arnau se une a la mitología de Cataluña

Entre las numerosas fuentes de documentación a las que he recurrido para crear este artículo, debo destacar dos: el impresionante libro Mitología dels països catalans, de Daniel Rangil y también el artículo sobre el conde Arnau que existe en la wikipedia. Este último sorprende por la excepcional labor de investigación y la minuciosa y detallada información y referencias que contiene.

Está muy claro que la mitología catalana es apasionante, rica y variada. El Conde Arnau se une al buen puñado de criaturas míticas que ya tienen un artículo en este blog. Son las siguientes:

Además, si queréis conocer a los seres míticos de cualquier otra mitología de la península o bien de cualquier otra nación celta, podéis encontrarlas todas aquí:

Criaturas fantásticas.

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Un abrazo enorme. Muchas gracias por leerme.

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