Habelas, hailas: un compendio completo de bruxas y meigas

Habelas, hailas, decimos en Galicia. Sin embargo, la creencia en mujeres con poderes místicos y capacidades misteriosas es universal. En lo que respecta a nuestras bruxas y meigas, su imagen se extiende por lo que fueron las tierras de los antiguos galaicos, las que hoy son Galicia, Asturias, León y el norte de Portugal. Meigas y bruxas son mujeres peligrosas, independientes y muchas veces hurañas. También es cierto que las hay de muchas clases, y hoy vamos a hacer un recorrido por todas ellas.

Ilustración de Victoria Francés. Ideal para este post de Habelas, hailas.

No hay que olvidar los que, a mi juicio, son los otros dos grandes mitos populares gallegos, por un lado, las meigas, a las que se las considera como personas dotadas de ciertos poderes ignorados por la mayoría, que hay que diferenciar de las bruxas, que son personajes malvados que se dedican a hacer el mal, echar el mal de ojo, hechizar o realizar fechorías dañinas para los humanos y, por otro lado, los mitos generados en torno al lobo, cuyas figuras centrales son el lobishome, el lobo da xente y la peeira dos lobos lobos.

Manuel Martín Sánchez. Seres míticos y personajes fantásticos españoles.

Bruxas y meigas: habelas, hailas

Nuestro primer objetivo es saber diferenciar a las meigas de las bruxas, ya que la barrera entre la identidad y la moralidad de ambas es muy nebulosa. Comencemos: las meigas pueden tener cualquier aspecto y cualquier personalidad, por lo que existen muchos tipos de meigas diferentes, desde las monstruosas meigas chuchonas hasta las humanas y bondadosas menciñeiras. Esto se debe a su antigüedad: las meigas no son sinó la mitificación de esas mujeres sabias que tanto poder tuvieron en su tiempo gracias a su capacidad para crear remedios naturales de todo tipo.

Las bruxas son más recientes. La palabra nos llega desde ese antiguo lenguaje del que descienden el portugués y el gallego actual, y significa «bruja». La tradición popular asocia a las bruxas con actos malvados y con pactos con el diablo. Esto también tiene explicación: son la demonización que el cristianismo hizo con la figura de esas meigas de las que acabamos de hablar. En parte, fué debido a que eran mujeres que vivían apartadas y que, como hemos dicho, fabricaban remedios y medicinas gracias a sus conocimientos del medio natural. Ya sabemos lo que hace la religión cristiana con las figuras «paganas» anteriores a su llegada.

Habelas, hailas, y de muchos tipos.

Ahora voy a proceder a desglosar un compendio que englobe a todas las practicantes de las artes arcanas de Galicia, Asturias, León y el norte de Portugal. Seguramente, me estaré dejando alguna en el tintero (en Galicia no creo, pero en el resto de los lugares es posible). Si es así y alguno de vosotros lo detecta, me encantaría que me dejaseis un comentario al pie de este artículo. Si lo hacéis, estaré encantada a añadirlas a este superpost de «habelas, hailas».

Las meigas

Las meigas son figuras antiguas y complejas que adoptan muchas formas: desde pacíficas menciñeiras hasta terroríficas y deshumanizadas meigas chuchonas. Su figura nos llega desde tiempos muy remotos: son las equivalentes y sucesoras de las hechiceras que salen en La FarsaliaEl Asno de Oro, en La Metamorfosis, en El Satíricon, en La Odisea o en Las Argonáuticas. Es la misma figura y solamente ha habido un cambio, un punto de inflexión: con la llegada del cristianismo, el culto a diosas como Hécate y Diana fue sustituido por el culto al diablo. A partir de este momento, estas figuras ambivalentes, temidas y, muchas veces, caprichosas, fueron asociadas a la imagen actual de la bruja.

Imagen de una menciñeira creada por una IA.

En todas las tierras que hemos mencionado se ha entendido siempre a las meigas como mujeres poseedoras de misteriosos poderes mágicos. Atesoraban saber. Poseían conocimiento y se mantenían apartadas de los colectivos, lo que aumentaba su misterio. La gente acudía a ellas con preguntas, o buscando ungüentos y medicinas. Aunque no siempre eran inofensivas, pues si una de estas mujeres lanzaba un meigallo (un hechizo, un maleficio o un mal de ojo), los efectos iban desde enfermedades hasta mala suerte y todo tipo de desgracias.

La figura de las meigas, tan presente y asumida (habelas, hailas) tiene mucha profundidad y, por ese motivo, les he dedicado un completo post. Es el siguiente: El misterio rodea a las meigas gallegas.

La creencia en las meigas gallegas (y en las bruxas) llegó a ser tan popular que el Obispado de Orense proclamó su excomunión, y no fueron pocas las mujeres quemadas en la hoguera acusadas de meigas. Entre ellas, la famosa María Soliña, una mendiga acusada de brujería que fue torturada hasta que confesó aquello de lo que le acusaban.

María Soliña, una meiga de Cangas

Hay pruebas reales de que habelas, hailas. En Cangas (Galicia), entre 1619 y 1628, numerosas mujeres fueron acusadas de brujería y juzgadas por el Tribunal del Santo Oficio. Hoy se sabe que eran inocentes: acabaron por confesar atrocidades al sufrir en sus carnes los más terribles tormentos. Esta «caza de brujas» tuvo un motivo económico: el empobrecimiento general que siguió a la invasión turca de 1617. La pequeña nobleza vio descender su nivel económico y buscó una manera para mantener su nivel de vida. El remedio que encontraron fue la Inquisición, encargada de confiscar los bienes de personas bien elegidas.

Muchas «brujas» fueron juzgadas durante estos años. Mujeres como Catalina de la Iglesia, que confesó haber matado a cinco criaturas. O como Elvira Martínez, Teresa Pérez, María dos Santos… Pero la más famosa de las «brujas» de Cangas fue Maria Soliña, que quedó inmortalizada en cantares cómo lo que dice: «Ai que soliña quedaches, María, María Soliña». Esta cantiga parece reflejar que las gentes comprendían a algún nivel que esta mujer, más que ser ejecutada por ser una vil y antinatural adoradora del diablo, fue una desgraciada que tuvo muy mala suerte.

Esta mujer fue procesada por la Inquisición en 1621. Todo el evento estuvo destinado a demostrar que el diablo la había dotado de poderes capaces de provocar incontables males. Pero las más espectaculares fueron las propias confesiones que la tortura le arrebató a María Soliña. Ella confesó llevar más de 20 años siendo bruja, tiempo en el cual estuvo muchas veces con el diablo, que adoptaba la forma de un hombre.

El 23 de enero de 1622 se la condenó a la confiscación de sus bienes y a medio año de reclusión. María Soliña murió al poco tiempo a causa de las secuelas físicas de la tortura. Su acta de defunción no fue encontrada aún. Tal vez algún día descubramos donde reposan sus castigados restos.

Estatua de María Soliña, una de las figuras reales que demuestran que habelas, hailas.

Polos camiños de Cangas 
a voz do vento xemía:
ai, que soliña quedache, 
María Soliña.

Nos areales de Cangas,
Muros de noite se erguían:
Ai, que soliña quedache,
María Soliña.

As ondas do mar de Cangas 
acedos ecos traguían:
ai, que soliña quedache,
María Soliña.

As gueivotas sobre Cangas 
soños de medo tecían:
ai, que soliña quedache, 
María Soliña.

Baixo os tellados de Cangas 
anda un terror de agua fría:
ai, que soliña quedache, 
María Soliña.

María Soliña. (Celso Emilio Ferreiro)

Las bruxas

Todo lo que he tenido que investigar desde hace más de dos años, cuando empecé a documentarme para mi novela, me ha llevado a entender que la figura de las bruxas existe (habelas, hailas) en Galicia, en Asturias, en León y también en Portugal. Cómo tales las voy a tratar y, a modo de prueba. Os voy a enlazar un artículo de Astures.com en el que podréis conocer a una bruxa asturiana. Es el siguiente:

La brujería en Asturies. Una bruxa auténtica en Brañavara.

Aúnque las bruxas son, al fin y al cabo, meigas, y, por lo tanto, pueden nacer siéndolo, el método más popular para convertirse en bruxa es que una mujer realice un pacto con el diablo y/o tenga trato carnal con él. Como podéis ver, entramos de lleno en la superstición cristiana, con su demonización del sexo incluida. Una mujer también puede convertirse en bruxa heredando ciertos objetos de otra bruxa mayor, como su escoba o el caldeiro donde guarda el cacho (la untura para volar).

Esta untura o pomada está hecha de grasa de cerdo, polvos de rabo de lagartija, grasa de sapo y polvo de huesos de difunto. Todo bien bien mezclado y hechizado con sortilegios. Es gracias a estas pomadas, con las que untan por completo sus cuerpos desnudos, que las bruxas pueden volar con sus escobas. Para ello deben recitar la siguiente letanía: «Por enriba das silveiras e por debaixo das carballeiras (Por encima de las zarzas y por debajo de los robledales)».

Galicia, León y el norte de Portugal son los lugares en los que se le llama bruxa (y no bruja) a este importantísimo elemento de nuestro folclore y nuestra mitología. Se debe a que estas tierras han sido, durante la mayor parte de su historia, un mismo territorio, el hogar de una misma gente. Tenemos un pasado común, una herencia compartida y nuestras bruxas, igual que una gran parte de nuestro folclore, son los suyos también.

Bruxa, bruxo, cierto género de gente perdida y endiablada que, perdido el temor a Dios, ofrecen sus cuerpos y sus almas al demonio a trueco de una libertad viciosa y libidinosa, y unas vezes causando en ellos un profundíssimo sueño les representa en la imaginación ir a partes ciertas y hazer cosas particulares, que después de despiertos no se pueden persuadir, sino que realmente se hallaron en aquellos lugares, y hizieron lo que el demonio pudo hazer sin tomarlos a ellos por instrumento. Otras vezes realmente y con efeto las lleva a parte donde hazen sus juntas, y el demonio se les aparece en diversas figuras, a quien dan la obediencia, renegando de la Santa Fe que recibieron en el Bautismo, y haziendo […] cosas abominables y sacrílegas.

Sebastián de Covarrubias, acerca de las bruxas y los bruxos de León.

Aquí os dejo el enlace a un artículo muy bueno sobre las brujas de León: La brujería leonesa.

También os dejo un enlace a un completo post de este blog en el que podrás descubrir muchas cosas sobre las bruxas: Mouchos, curuxas, sapos e… Bruxas.

Ilustración de una vedoira creada utilizando una IA

Las menciñeiras

Se trata del tipo de meiga más pacífico e inofensivo. Tienen, de hecho, una función social importante: crean todo tipo de medicinas gracias a su conocimiento del entorno natural. Su apariencia es la de mujeres normales y pueden tener cualquier edad, aunque tienden a ser mayores. Aprender todos los secretos del bosque lleva su tiempo.

Muchos autores, entre los que me incluyo, aprecian muy claramente el paralelismo entre las menciñeiras y la figura de las antiguas druidesas. Es probable que la figura de las meigas lleve evolucionando desde esa época, y que la menciñeira sea el reflejo más fiel a lo que un día fueron. Y, desde luego, aun a día de hoy… habelas, hailas.

Las cartuxeiras

Una cartuxeira puede ser una simple mujer que echa las cartas. Sin embargo, si se trata de una meiga, entonces la cartuxeira siempre acierta. Esto sucede así porque, al igual que las vedoiras pueden ver a los espíritus, las cartuxeiras poseen dones adivinatorios que canalizan haciendo uso de las cartas. Son adivinadoras del porvenir y excelentes consejeras en asuntos amorosos, acontecimientos familiares, enfermedades y muertes. También saben de tesoros escondidos, como atestiguan un par de relatos populares del folclore gallego.

Las vedoiras

Las vedoiras son meigas capaces de vivir en comunidades humanas. Son indistinguibles de mujeres normales, de hecho. Su gran diferencia con estas es el hecho de tener la capacidad de ver a los espíritus de los difuntos y a cualquier tipo de fantasma. Pueden ver, por lo tanto, las procesiones fantasmales como la Santa Compaña y la Compañía das Xas. Hay personas normales que pueden tener estos mismos poderes: son aquellas que, por error, han sido bautizadas con el óleo de los difuntos en lugar de con el del bautismo.

En el lugar llamado O Concello, en el ayuntamiento de Vicedo (Lugo), paseaban una mujer y un hombre. De repente, la mujer, que tenía fama de vedoira, le dijo a su acompañante: «Ralentiza el paso que ahí viene un entierro». Él, enfadado, le respondió que se dejase de historias, que él no creía en esas tonterías. La mujer profetizó: «De tu casa va a salir». Esa misma noche murió la esposa del incrédulo.

Traducción de un relato recogido en Galicia Encantada, la enciclopedia de fantasía popular de Galicia.

El rico folclore de Galicia les otorga a las vedoiras muchos otros poderes, todos variantes de esta capacidad de ver el más allá. De esa manera, pueden saber cuándo va a morir alguien, poseen el poder de predecir ciertas catástrofes e incluso hay quien dice que poseen capacidades de adivinación.

Si quieres saberlo todo sobre ellas, tienen un post propio en este blog. Es el siguiente:

Vedoiras, entre este mundo y el siguiente.

Las meigas chuchonas

Las meigas chuchonas son las más crueles, peligrosas, oscuras y terroríficas de cuantas meigas puedan morar en las mágicas y misteriosas tierras de Galicia. A pesar de su nombre, sus rasgos se corresponden mucho más con los de una bruxa que con las de una meiga, tanto en lo físico como en su comportamiento.

Tienen la capacidad de cambiar su rostro y también la de transformarse en criaturas tales como asquerosos insectos. Al adoptar esta forma, estas meigas se introducen en las casas por la noche para chuparle la sangre a los niños. Tras dos o tres visitas de una meiga chuchona, el infante fallece.

También las horribles meigas chuchonas, mal que nos pese, habelas, hailas.
La meiga chuchona. Imagen de Kieran Yanner @kieranyanner.

Esta criatura, protagonista de varias conocidas leyendas populares, es una figura mítica del imaginario popular de Galicia por derecho propio. Su antigüedad y su fama dentro de la mitología de esta tierra está bien documentada. La propia Rosalía de Castro la menciona en uno de sus poemas.

Fun noutro tempo encarnada

como a color de sireixa,

son hoxe descolorida

como os cirios das igrexas,

cal si unha meiga chuchona

a mina sangre bebera.

Voume quedando muchiña

como unha rosa que inverna,

voume sin forzas quedando,

voume quedando morena,

cal unha mouriña moura,

filla de moura ralea.

Fuí en otro tiempo roja

como el color de la cereza,

soy hoy descolorida

como las velas de las iglesias,

Cómo si una meiga chuchona

se bebiera mi sangre.

Me voy quedando mústia

como una rosa que inverna,

me voy quedando sin fuerzas,

me voy quedando morena,

como una morita mora,

hija de la raza mora.

Fragmento de Airiños, airiños, aires. Rosalía de Castro.

Estas terribles criaturas tienen su propio post en este blog, en el que lo podréis saber todo sobre ellas: La meiga chuchona, el terror te visitará esta noche.

La meiga de los dientes verdes

En Carballo (A Coruña), en el Castro de Rebordelos, hay una meiga con los dientes verdes. Anda todos las noches por los caminos en busca de chiquillos. A los que coge, ya no se les vuelve a ver jamás. Aparte de ser un asustaniños similar a Mariamanta, esta meiga sobrenatural recuerda a la Orcavella y a las británicas Jenny Greenteeth, Peg Powler y Black Annis.

Las feiticeiras de Galicia y Portugal

Las feiticeiras son figuras enigmáticas y entran en este compendio un poco por los pelos. Esto se debe a que no son exactamente meigas o brujas, aunque vale mucho la pena intentar comprender su figura. Siempre son mujeres y también poseen, en todos los casos, poderes mágicos. Todas ellas son muy hermosas a ojos de los mortales y están completamente envueltas en misterio. Tal vez sean meigas de algún tipo. O puede ser que sean mouras, víctimas a su vez de una fada o encantamiento. También pueden ser mujeres hechizadas por alguna maldición o encantamiento. Y no podemos descartar que sean algo diferente a todo esto; algo que aún no conocemos.

Por otro lado, existe un grupo concreto de seres que es conocido como as feiticeiras de Arbo y Melgaço. A ellas he dedicado un post de este blog. Es el siguiente: Las feiticeiras surgen de entre las brumas del tiempo.

As feiticeiras de las mitologias portuguesa y gallega pueden ser meigas, mouras u otras mujeres hechizadas o hechiceras.

La Orcavella

Estamos hablando de una criatura que mezcla de la peor manera los peores atributos de una bruxa y de una ogresa. Ella es Orcavella, o La Orcavella, un terrorífico ser mítico de renombre, documentado desde fuera de Galicia, igual que el Vákner, pero con un peso enorme en el folclore y las leyendas de nuestra tierra.

Fue Julián Íñiguez de Medrano, caballero natural de Navarra, quien dejó constancia, no de la leyenda, sino de la existencia misma de la Orcavella, el lugar de su tumba e incluso una maldición que amenaza a todo el que la visite. Dejó constancia de todo esto por escrito en su obra Silva curiosa (1583, París). Este relato nos describe la peregrinación de este viajero por el camino de Santiago, desde Salamanca hasta Fisterra, donde escuchó la leyenda de la Orcavella, que nos describe junto con su experiencia personal.

Orcavella (o La Orcavella), no es una criatura mítica original de Galicia. Nos vino de fuera en la época de «La Reconquista» y también de las incursiones y saqueos de los vikingos en las costas españolas. Con estos dos datos, podemos situarnos entre el siglo IX y el siglo XII. Muy pronto comenzó a ser conocida y temida en la región, pues devoraba a todos los seres humanos con los que se encontraba. Además, haciendo uso de su astucia y de sus poderes mágicos, secuestraba niños para comérselos después.

Ella también tiene un post en este blog. Si queréis conocer su historia al completo, aquí la tenéis: La terrible leyenda de la Orcavella.

Habelas, hailas: un poco de historia

La historia nos deja muy bien documentado que habelas, hailas. Sin embargo, no voy a poner páginas y páginas de datos aquí. Me limitaré a ser muy esquemático.

1289 es un año de referencia. En él se establece en Santiago de Compostela una distinción muy clara entre magia (la adivinación incluida) y la religión. Se les prohibe a los religiosos practicar cualquier tipo de magia y, al poco tiempo, esta prohibición pasa a afectar a todo el mundo.

En 1579 una hechicera (como siempre les llamaba el tribunal de Santiago) es interrogada y torturada por «haber tenido invocaciones, tratos y cópula con el demonio»; en 1582 otra «hechicera e invocadora de demonios» «confesó el pacto que tenía con el demonio y cómo a veces… había tenido con él acceso carnal, unas veces de día y otras de noche y haberse ofrecido [en] cuerpo y ánima al demonio».

A finales del siglo XVI y principios del XVII comienza a aparecer una distinción entre hechicera y bruja en las actas de los procesos de la Inquisición. El concepto de hechicera se relaciona «más con la manipulación de ensalmos, hierbas, filtros, polvos, conjuros, etc., mientras que el de bruja engloba hacer el mal, tener pactos y sexo con el demonio, matar niños, etc.)».

De hecho, a nivel social, la palabra «bruja» comienza a ser utilizada como insulto.

El proceso de las brujas de Zugarramurdi, en Logroño, lo cambia todo y, a partir de 1612, el tribunal de la Inquisición de Santiago arremete contra las «brujas» más que contra las «hechiceras». Y es precisamente en esa segunda década del siglo XVII cuando aparece la palabra meiga para referirse a la bruja maléfica cuyo propósito es enmeigar, es decir, hacer el mal a personas y animales.​

Habelas, hailas. Incluso en el cine. Fotograma de tres brujas en una película en blanco y negro.

Y hemos terminado

Pues sí, quién lo hubiese dicho. Esquivé durante mucho tiempo el hacer posts dedicados a las «hechiceras» de Galicia. El motivo era la controversia existente entre la figura de las bruxas y la de las meigas. Sin embargo, he empezado a tratar el tema y, mirad ahora: Meigas, bruxas, vedoiras, meigas chuchonas, feiticeiras, la Orcavella y el post que estáis leyendo: siete artículos entrelazados tratando el tema.

Estos artículos son especiales, porque, aunque he hecho superposts como este sobre otros tipos de criaturas y leyendas, como los duendes, los licántropos y las procesiones espectrales, las meigas y bruxas de Galicia son mucho más reales, pues, ya sabéis… habelas, hailas.

Todo se acaba, aunque si queréis seguir investigando la mitología de Galicia, Asturias, León y Portugal, os dejo unos enlaces:

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Un abrazo enorme. Muchas gracias por leerme.

Sentid, vivid y no os rindáis nunca.

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