La meiga chuchona: el terror te visitará en la noche

La meiga chuchona es la más cruel, oscura y terrorífica de cuantas meigas puedan morar en las mágicas y misteriosas tierras de Galicia. A pesar de su nombre, sus rasgos se corresponden mucho más con los de una bruxa que con las de una meiga, tanto en lo físico como en su comportamiento.

La meiga chuchona. Imagen de Kieran Yanner @kieranyanner.

Esta criatura, protagonista de varias conocidas leyendas populares, es una figura mítica del imaginario popular de Galicia por derecho propio. Su antigüedad y su fama dentro de la mitología de esta tierra está bien documentada. La propia Rosalía de Castro la menciona en uno de sus poemas.

Fun noutro tempo encarnada

como a color de sireixa,

son hoxe descolorida

como os cirios das igrexas,

cal si unha meiga chuchona

a mina sangre bebera.

Voume quedando muchiña

como unha rosa que inverna,

voume sin forzas quedando,

voume quedando morena,

cal unha mouriña moura,

filla de moura ralea.

Fuí en otro tiempo roja

como el color de la cereza,

soy hoy descolorida

como las velas de las iglesias,

Cómo si una meiga chuchona

se bebiera mi sangre.

Me voy quedando mústia

como una rosa que inverna,

me voy quedando sin fuerzas,

me voy quedando morena,

como una morita mora,

hija de la raza mora.

Fragmento de Airiños, airiños, aires. Rosalía de Castro.

La meiga chuchona: malvada y poderosa

De acuerdo con su leyenda, las chuchonas son meigas del peor tipo. Tienen un gran vicio: les encanta la sangre, y su gran poder les permite transformarse en animales como insectos, murciélagos o roedores. Al parecer, a pesar de ser humanas, carecen por completo de sentimientos como la bondad, pues escogen una familia y comienzan a desangrar a uno de los vástagos de esta. Cuando ese niño muere, tras consumirse poco a poco, la misma «enfermedad» comienza a ensañarse con uno de sus hermanos. De esa manera, una a una, las pobres criaturas van falleciendo, para consternación y tristeza de los padres.

Las meigas chuchonas entran en las casas que han escogido cuando el cielo ya está oscuro. Lo hacen transformadas, normalmente, en un asqueroso insecto parecido a una gran mosca negra. Buscan a los niños pequeños, se posan en sus cuellos y comienzan a drenar su sangre, con lo que los pequeños van poniendo pálidos y débiles. Existe un corto cinematográfico de 2006, obra de Pablo Millán, que explica amena y visualmente la terrible leyenda de la meiga chuchona. Aquí lo tenéis.

Origen y génesis de la meiga chuchona

Es fácil creer que esta criatura está influida por el mito del vampiro. Vicente Risco así lo hacía. Yo opino que su origen puede ser, o estar influenciado, por las estriges de la mitología griega, concretamente las de Ovidio. Eso explicaría muchas más cosas que la simple pasión por el consumo de sangre.

Las estriges que describe este autor clásico actuaban de noche, mataban a los bebés y se bebían su sangre, alimentándose con ella. Ovidio menciona que las estriges podrían ser brujas, que se transformaban en aves horribles, de largos picos, haciendo uso de sus poderes mágicos. Como veis, los parecidos con la meiga chuchona van mucho más allá del mero vampirismo.

Las víctimas predilectas de estas criaturas eran, como hemos dicho, los niños lactantes. Los acechaban, buscaban la manera de entrar en sus habitaciones durante un descuido de sus madres o cuidadoras y, mientras los bebés dormían en sus lechos, se aferraban a sus cuerpecitos y les sorbían la sangre. Adoptaban, de hecho, esta forma de ave para poder volar y colarse en las habitaciones de los niños sin ser vistas, y así saciar su sed de sangre.

La meiga chuchona en Portugal, en Italia… y en Asturias y Cantabria

Para darle más peso a este posible origen de la meiga chuchona, os diré que en la mitología de Italia (heredera de Grecia a través de Roma) también existen unas meigas chuchonas idénticas a las gallegas, aficionadas como estas a consumir la sangre de los niños. También las hay en Portugal, donde aún son más crueles y acostumbran a consumir la sangre de sus propios hijos hasta matarlos.

La guaxa de Asturias y la guajona de Cantabria no dejan de ser otras formas de esta criatura mítica. Comparten su aspecto, sus costumbres y la mayoría de sus características, con lo que cabe pensar que son una evolución paralela del mismo mito.

Encantadora figura de la meiga chuchona, de Fátima Grandal
Encantadora figura de la meiga chuchona, de Fátima Grandal

De todas formas, no debemos caer en el error de pensar que la meiga chuchona gallega es una criatura mítica independiente, como sus contrapartidas cántabra y astur. La chuchona sigue siendo una meiga (la peor de sus versiones, eso sí), con todas sus características y un plus de maldad y de horror.

Algo interesante

El folclore gallego, basándose en su rica mitología, poseía cuatro explicaciones para la tremenda mortalidad infantil tan común en épocas pasadas. Cuando un infante moría era:

  1. Obra de la meiga chuchona, protagonista de este post.
  2. Provocado por una pequeña criatura (o afección malintencionada) llamada tangaraño o tango-mango, que se introducía en el cuerpo de los niños y los debilitaba hasta matarlos.
  3. Un meigallo: un hechizo o maleficio, obra de una bruxa o de una meiga, que provocaba la dolencia que se llevaba al infante.
  4. El caso de los niños cambiados, un fenómeno común en las mitologías de las naciones celtas. Consiste en que el niño verdadero es robado por una criatura mítica, normalmente una moura, que, en su lugar, deja a un niño suyo, que suele morir al poco tiempo.

Una pobre mujer ya no sabía qué hacer. Se le habían muerto todos sus hijos y la última estaba en un trance semejante. Decidieron hacerle la prueba de los tres juncos un sábado por la noche. Así sabrían si la consumía el mal de la envidia, el enganido o la chuchona. Cortaron los tres juncos y los marcaron y, como sospechaban, era mal de la chuchona. Pero, ¿cuál era la meiga que secaba a la niña?

Le pusieron a la niña una castaña de indias, un diente de ajo y una rama de hierbas de San Juan. Y la vigilaron, porque sabían que la causante de su mal vendría de noche a la cuna de la niña con la forma de una mosca grande y negra, para chuparle la sangre. Tan pronto como la viesen tenían que decir: «¡Meigas fora!», y pegarle con una rama de laurel o de avellano hasta matarla.

Así lo hicieron: a media noche llegó la mosca, dijeron el conjuro y le dieron golpes hasta matarla. Pronto supieron quién era la causante: una vieja de un lugar próximo, que apareció muerta en la cama. Y no fue coincidencia, porque la niña mejoró y llegó a moza, sana y hermosa.

Diccionario dos seres míticos gallegos. Xoán R. Cuba, Antonio Reigosa y Xosé Miranda.
Imagen de la meiga chuchona generada por una IA.

Un relato sobre meigas chuchonas

Existen dos libros maravillosos. Se llaman A flor da auga y Arrepios e outros medos. Son recopilaciones de relatos y leyendas populares de la mitología de Galicia, ambos obra de Xosé Miranda y Antonio Reigosa. Los dos obran en mi poder y me han dado grandes alegrías. Una de estas felices sorpresas tuvo lugar cuando, leyendo Arrepíos e outros medos, descubrí un relato sobre meigas chuchonas. No era la leyenda popular llevada a la pantalla por Pablo Millán, sino un relato mucho menos conocido.

Esta es una traducción del comienzo del relato:

En una casa había dos bruxas, madre e hija, las dos casadas. Dicen que a todas las bruxas les gustan las filloas y el caso es que a ellas les gustaban mucho. Y como no siempre hay sangre de cerdo para hacerlas, mientras el padre de la familia y su yerno dormían, les chupaban la sangre para hacer la golosina. Y los hombres estaban todos blancos y flacos.

Una noche de nieve, en la mitad del invierno, pidió posada en la casa un mendigo viejo, gordo y rosado. Y, siendo como eran las cosas en la Terra das Frieiras, no estaría bien visto que no se la dieran, pues podía morir en el camino, además de que las bruxas, al verle las pintas, pensaron en seguida en hacer unas filloas con su sangre…

Arrepíos e outros medos. Xosé Miranda y Antonio Reigosa.

Este relato tiene el valor añadido de aportar un nuevo enfoque sobre las meigas chuchonas: siendo seres terribles, no tienen por qué estar tan deshumanizadas como la protagonista de la leyenda que inspiró el corto cinematográfico. Pueden vivir dentro de la sociedad y pueden tener familia.

Hay algo más que comentar con respecto a este relato: la leyenda cataloga a la meiga chuchona como bruxa, y no como meiga. Esto tiene bastante sentido, ya que es cierto que responde mucho más a las características de una bruxa que a las de una meiga, tanto en lo físico como en su comportamiento.

Sargadelos diseña esta colección de meigas de Galiza. Hay meigas divertidas, otras que se desplazan a gran velocidad y outras que son desconfiadas y no quieren hablarnos. Pero las más peligrosas son las meigas chuchonas.
Sargadelos diseña esta colección de meigas de Galiza. Hay meigas divertidas, otras que se desplazan a gran velocidad y outras que son desconfiadas y no quieren hablarnos. Pero las más peligrosas son las meigas chuchonas.

Eso es lo que sabemos de la meiga chuchona

Si quieres seguir conociendo a las criaturas de la mitología de Galicia, aquí tienes muchos más retazos de este amplio entramado.

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Un abrazo enorme. Muchas gracias por leerme.

Sentid, vivid y no os rindáis nunca.

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