El ojáncano: la encarnación del mal en la mitología cántabra

El ojáncano es uno de los seres más terribles y malignos del folclore cántabro. Pero es mucho más que una criatura mítica muy importante. Se trata, de hecho, de uno de los dos ejes de la mitología de Cantabria.

El ojáncano, encarnación del mal en la mitología cántabra

Ojáncano, bujáncanu, jáncano, juáncano, injáncano, ijángano y páncanu. Esta criatura recibe muchos nombres, pero dejemos que nos lo cuente Carlos Cabria.

La importancia del ojáncano en la mitología de Cantabria

Los ojáncanos, protagonistas del post de hoy, encarnan el mal, lo brutal y lo salvaje. Son criaturas terroríficas, malvadas y muy agresivas, que viven para causar daño. Todo esto tiene su lugar y su sentido dentro de la mitología de Cantabria.

En su obra Seres míticos y personajes fantásticos españoles, Manuel Martín Sánchez afirma que la mitología cántabra gira en torno a dos razas de seres mitológicos, una maligna y la otra benigna, que son fundamentales en el folclore de Cantabria. Nos referimos a los ojáncanos (y también a las ojáncanas) y a las anjanas.

Estas últimas son criaturas míticas muy menudas y dotadas de pequeñas alas transparentes que les permiten volar. Son bellas (y mucho), tienen una larga melena rubia, una piel muy blanca y una voz preciosa, musical. También se les atribuye una varita o báculo y una estrella brillante, por lo que su apariencia es similar a la de las hadas de los cuentos.

Las anjanas representan uno de los dos ejes de la mitología cántabra: son espíritus del bien. Se las describe como bondadosas, siempre dispuestas a prestar ayuda a quien lo necesite. Sin embargo, su prioridad es poner remedio a las fechorías de los ojáncanos y socorrer a las personas dañadas o perjudicadas por estos monstruos. Son, pues, enemigas declaradas de los protagonistas de este artículo.

El ojáncano de Cantabria

Entre sus muchos rasgos notables, lo que más define a este monstruo es el único ojo que tiene en el centro de la frente. En efecto, el ojáncano es un cíclope al mas puro estilo de la tradición griega, como el Polifemo de la leyenda homérica. Y debo decir que este monstruo cántabro no es el único cíclope de las mitologías de esta península. Al final de este post veremos a sus equivalentes de la mitología gallega, vasca, asturiana, leonesa y extremeña.

Continuando con su descripción podemos decir que, aunque su forma es humanoide, su tamaño supera con mucho el de cualquier hombre. De hecho, a los ojáncanos se los suele describir y representar con tallas que van desde los tres metros de estatura hasta dimensiones realmente gigantescas. Además, y por si fuese poco, su poderío físico es mayor aún de lo que le correspondería por su tamaño. Su fuerza es sencillamente monstruosa.

Ojáncano, comparación de tamaño con otras criaturas.

Más cosas sobre el ojáncano

Según algunas fuentes, cada una de sus manos y cada uno de sus pies cuenta con diez dedos en lugar de cinco (nada menos). Se dice también que tienen varias hileras de dientes (por lo general dos).

El cuerpo de estos monstruos está cubierto casi por completo por un abundante pelo rojizo, descuidado y enredado, duro como cerdas de jabalí. Posee una barba que le llega hasta las rodillas, una cabellera que le tapa los hombros y la espalda y unos bigotes acordes con todo esto.

No llevan ropa, pues su abundante vello corporal los tapa casi por completo. Además, tienen la costumbre de embadurnar todo su pelo, que ya es muy duro de por sí, con unto de oso. Esto provoca que sus espesas pelambreras se vuelvan más rígidas, impermeables y resbaladizas. ¡Y aún más apestosas!

Se dice que, en sus correrías por el bosque, se les prenden las barbas y el pelo a las ramas de los árboles, que levantan de sus raíces en el paroxismo de una ira incontrolable. En este estado de furia despedazan y lanzan grandes rocas y árboles. Momentos como estos han dado forma a algunos montes y han creado muchos de los desfiladeros y precipicios de Cantabria.

Aún más cosas sobre el ojáncano

Los seres de esta raza se dedican a hacer el mal de muchas maneras distintas. Arruinan las cosechas, destruyen los sembrados y desvían el curso de los ríos. También se les puede dar por destruir puentes y destrozar aldeas. Tienen un apetito enorme que sacian con el ganado de la zona en la que viven. Sin embargo, no le hacen ascos a la carne humana y también se comen a los campesinos cuando los tienen a mano.

Los ojáncanos tienen sus moradas en grutas oscuras situadas en lo más profundo del bosque. Estas tienen las entradas cubiertas de maleza y cegadas por enormes piedras que solo estos seres pueden mover

Impresionante ilustración del ojáncano de Cantabria.
Impresionante ilustración del ojáncano de Cantabria.

El punto débil del ojáncano

La única manera de matar al gigantesco Balar, líder de los terribles Fomoré, era herirlo en su ojo maligno. Los cíclopes de la mitología clásica tenían el mismo talón de Aquiles. Los ojáncanos no iban a ser menos y, con toda su fuerza desmedida y su salvajismo, también tienen un punto débil. Y no, no es el ojo.

La debilidad de estos monstruos, la única manera de matarlos, se encuentra escondida dentro de su frondosa barba. Se trata del único pelo blanco que existe en todo el cuerpo de estos gigantes. Si alguien lograse arrancarlo, eso acabaría con la vida de ese ojáncano en concreto.

Ojáncanos y ojáncanas

Los ojáncanos no están solos: aunque parezca mentira tienen familia y amigos. Se emparejan con las ojáncanas, las hembras de su especie, aun sin ser físicamente iguales a ellos. Además, de la misma manera en que las anjanas son sus enemigas, los cuervos son sus amigos y les mantienen informados.

Según la tradición oral, cuando los ojáncanos envejecen son otros de su misma especie quienes los matan, les abren el vientre y se reparten lo que hay dentro. Después los entierran cerca de las raíces de grandes robles. A los nueve meses surgen de la tierra unos enormes gusanos viscosos, amarillentos y apestosos. Las ojáncanas los amamantan con leche y sangre de sus pechos hasta que, cuando cumplen tres años, se transforman en ojáncanos y ojáncanas jóvenes. 

Las ojáncanas

Las hembra de los ojáncanos son aún más malvadas, feroces y peligrosas que ellos. Son un poco más pequeñas que sus contrapartidas masculinas y también poseen abundante vello rojo. Están dotadas de una cabeza inmensa y sus dientes son sucios y retorcidos, sobre todo los inferiores, que son similares a colmillos de jabalí. Los utiliza para despedazar a sus presas, ya que son carnívoras apasionadas.

Les gusta cazar los niños que se pierden en el bosque, pues son su manjar predilecto. También les encanta beber la sangre de los infantes antes de devorarlos a grandes dentelladas. El hecho de ser vampiresas y ogresas a la vez las convierte en uno de los asustaniños más populares de Cantabria.

Tienen unos pechos inmensos, que les cuelgan hasta casi las rodillas. Se los cargan a la espalda cuando corren, caminan, cazan o huyen, lo que les da una apariencia extraña y terrorífica.

Ilustración de la ojáncana.
En Asturias recibe también el nombre de Ijáncana e Ijiana.

Las ojáncanas son estériles. No pueden concebir pero, como hemos mencionado, amamanta con leche y sangre que mana de sus pechos a los gusanos que nacen del cuerpo putrefacto de los ojáncanos muertos y enterrados. Se dice que, mientras cría a estos gusanos, estos pueden morir si les toca en el cogote un murciélago, que en Cantabria llaman sapo volandero, aunque se pueden salvar si se les da de comer una hoja de avellano untada con sangre de zorro.

Una leyenda sobre el ojáncano

Aquí os traigo una bella y arraigada leyenda cántabra:

Ilustración de la leyenda de la novia del ojáncano.
La popularidad de esta leyenda ha hecho posible que tenga una bella ilustración propia.

Pataricus, ojancos, olláparos, pelujáncanos, tártalos y ollapines: los primos de nuestros ojáncanos

Como mencioné al principio de este post, las mitologías de nuestra peninsula están llenas de cíclopes. Tenemos a los tártalos o tortos del País Vasco y al Jáncanu y la Jáncana extremeños. También tenemos al olláparo y al ollapín, ambos gallegos. Por último, mencionar a los pataricos de Asturias y al ojaranco de Castilla y León.

El ojáncano, protagonista del post de hoy es, tal vez, la criatura más popular de la mitología de Cantabria. Tras mucho documentarme y compararlos, he descubierto que es posible que esta sea la criatura más peligrosa de toda su familia. Vamos a conocer a los demás.

El olláparo y el ollapín de Galicia

En Galicia, este ser es un gigante antropófago que tiene un solo ojo en mitad de la frente y, en ocasiones, otro ojo en el cogote. Bruto y feroz, muy salvaje y voraz, gran comilón, que vive en cavernas en los bosques y en los montes, sobre todo en las montañas de Lugo y Ourense.

El ollapín vive en cavernas de Galicia, en la comarcas gallega de Bolo y Caldeas y comparte muchos rasgos con el Olláparo, como sus costumbres antropófagas y su gran fuerza y brutalidad. La característica principal del Ollapín es que su único ojo no está en medio de la frente, como suele ser habitual en las criaturas ciclópeas, sino que lo tiene en el pescuezo.

No os voy a hablar más sobre estos dos seres porque ya tienen un magnífico post propio en este blog en el que lo podréis saber todo sobre ellos. Este es:

El olláparo, el terrible cíclope de Galicia.

El Jáncanu y el Pelujáncanu extremeños

Son la versión hurdana de esta criatura. Son seres malignos y antropófagos que visten con pieles de animales y poseen un cuerpo peludo y gigantesco, además de un único ojo enorme en su frente, lo que no les impide tener una vista prodigiosa y “panorámica” de varias leguas a la redonda desde la altura que les proporciona su estatura. A menudo se le supone casado con una jáncana o bien ser el hijo de alguna de ellas, pese a que éstas no suelen ser de un tamaño tan descomunal como el Jáncanu. 

El Pelujáncanu se diferencia del Jáncanu únicamente en su cabeza calva con un solo pelo, en el que reside su descomunal fuerza.

El ojáncano. Imagen generada por IA.

El tartalo o torto del País Vasco

En la mitología vasca, son cíclopes antropomorfos, gigantescos,​ con costumbres antropófagas y comportamiento terrorífico. Viven en las montañas, según algunas fuentes en un monte próximo a las localidades navarras de Zizur Mayor y Astraín, el Monte Emerriega o en el monte Saadar en Cegama (Guipúzcoa), donde hay un dolmen llamado Tartaloetxea («casa de Tartalo»).

Su tamaño es descomunal al igual que lo es su fuerza, y su entretenimiento favorito es tirar piedras de un monte a otro. No me extenderé más, porque esta criatura tiene un post propio en el que la podréis conocer tan profundamente como queráis. Este es:

Tártalo, el temible cíclope de Navarra y Euskadi.

El ojaranco de Castilla y León

Conozco a este individuo gracias al gran Jesús Callejo Cabo, que en su extraordinaria obra El mundo encantado de Castilla y León nos habla de la variante segoviana de esta familia de seres. Él nos habla del filólogo y folklorista Aurelio M. Espinosa, contándonos de él lo siguiente:

Dibujo de un olláparo, creado por una IA.

Hasta aquí hemos llegado con el ojáncano

La cántabra ha resultado ser una mitología rica, espectacular y, sobre todo, muy característica y diferente.

Es cierto que el ojáncano que hemos conocido hoy es uno de los dos pilares de esta mitología pero, sin embargo, no está solo. Otros seis seres de la mitología cántabra tienen un artículo propio en este blog. Estos son:

Además, si quieres conocer a los seres legendarios que pueblan el resto de las mitologías de la península, puedes hacerlo aquí: Seres míticos de la Península Ibérica.

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Un abrazo enorme. Muchas gracias por leerme.

Sentid, vivid y no os rindáis nunca.

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