Martinicos: los duendes más sombríos y temperamentales de la península

Los martinicos son los duendes más extendidos por la geografía española, distribuyéndose en grandes números a lo largo y ancho de los extensos territorios de Castilla-La Mancha, Aragón y Andalucía. Según Carlos Villar Esparza, son duendes «Dionisiacos y, por exceso en sus impertinencias, malvados. Duendes deliciosamente acanallados». Me encanta esta descripción.

Martinicos. Imagen generada por IA.

Estos seres aparecen representados desde hace siglos como criaturas pequeñas y de aspecto sombrío, con su feo cuerpo cubierto por completo por hábitos monacales cuya capucha oculta la mayor parte de un rostro muy poco agraciado.​

Duendes del hogar

Los martinicos son duendes domésticos y, como tales, están asociados a una edificación o a una casa, un hogar, en cuyo caso estarán fuertemente vinculados a la familia que vive en él.

Tan fuerte se vuelve ese vínculo que, cuando esta familia decide mudarse a otra casa, el martinico también recoge sus cosas en un zurrón y los sigue hasta el nuevo hogar, muchas veces para gran consternación de la familia (que en la mayor parte de las ocasiones se muda a causa del duende).

Los martinicos: unos auténticos gamberros

A pesar de su aspecto desagradable y tenebroso, los martinicos no son seres malignos. Bueno, según Carlos Villar Esparza, sus numerosos defectos los convierten en malvados. Dejemos eso a la interpretación de cada cual. Lo que sí está claro es que estos duendes son famosos por su personalidad traviesa y temperamental.

Esto queda muy bien reflejado en que les encanta gastar bromas pesadas a los seres humanos, la mayoría de las veces a los propios inquilinos de la casa en la que viven, quienes tienen que aguantar las gamberradas del martinico. ¡Y también su mal genio!

Esto último se debe a que, aunque les encanta hacer gamberradas, a los martinicos no les gusta nada de nada que los pillen con las manos en la masa o que los interrumpan mientras están realizando una fechoría. ¡Se enfadan mucho cuando esto sucede!

Las travesuras de los martinicos

Vamos a echar un vistazo a las travesuras más características de estos duendes. Comencemos por esta: les gusta mucho hacer ruidos misteriosos en el hogar para asustar a sus habitantes. También les encanta causar un gran estrépito para despertar a toda la gente de la casa durante la noche.

Sin embargo, la travesura más común y habitual es cambiar de sitio los objetos de la casa (o esconderlos directamente). También pueden apagar de repente faroles y candiles durante la noche y arrojar al suelo pucheros que estaban en la lumbre.

Una broma especialmente pesada que les encanta es convertir en carbón el oro que encuentren por la casa.

A pesar de sus bromas y sus legendarios cabreos, si se les perdona sus rarezas y se les trata bien, estos duendes son generosos y, en caso de necesidad, ayudan a las familias a las que están vinculados.

¿Y cómo son estos duendes?

Los martinicos son pequeños, no alcanzando en ningún caso el metro de estatura. Como también he mencionado, no son nada agraciados físicamente: son regordetes, chepudos y contrahechos. Por si eso fuese poco, su rostro es muy feo y en él destaca una gran nariz muy desagradable que, en muchos casos, es el único rasgo que sobresale de la capucha de su hábito. Algunas leyendas les otorgan ciertas deformidades como joroba o incluso un rabo. Ah, y tienen barba.

Martinicos. Imagen generada por IA.

Los martinicos ocultan a la gente la mayoría de estos rasgos gracias a sus hábitos, que son similares a los de los monjes y los tapan casi por completo. Estos ropajes suelen estar muy deteriorados y ser de color rojo (el color de los duendes), aunque también pueden ser de colores oscuros.

Francisco de Goya los representó en el grabado Duendecitos con las manos grandes y una gran cabeza, mientras que Pedro Calderón de la Barca los definía como «frailes tamañitos» o «duendes capuchinos».

Al que no esté familiarizado con los duendes de nuestra península le resultará curioso el hecho de que los martinicos tengan un agujero en la mano izquierda. Esta es una característica muy problemática para estos duendes, ya que les impide retener en las manos cosas muy pequeñas, como granos de cereal. Parece una tontería, pero no lo es. Debido al carácter obsesivo de estos duendes, el ser humano puede utilizar esta característica para mantenerlos ocupados o incluso librarse de ellos.

El mal genio de los martinicos

A pesar de que son unos apasionados de las gamberradas y de lo mucho que les gusta molestar a los moradores del hogar, los martinicos detestan ser interrumpidos mientras están realizando una de sus fechorías. Si esto sucede, montan en cólera con rapidez. ¡Se pillan unos cabreos terribles!

Sin embargo, por mucho que se enfaden, solo llegan a ser crueles con la gente avariciosa. A ellos los atacan donde más les duele, ya que transforman todo su dinero en carbón o piedras.

A pesar de sus bromas y sus legendarios cabreos, si la familia con la que están vinculados los trata bien pueden llegar a ser muy generosos y echar una mano en los momentos de necesidad.

Como dato anecdótico, mencionar que, aunque a los martinicos les gusta molestar a los adultos, estos utilizan la mala fama de estos duendes para asustar a sus hijos.

Historia de los martinicos

Estos seres tienen mucha historia. Tal vez más que cualquier otro duende de nuestras mitologías. Su forma e identidad llevan conformadas muchos, muchos siglos. Para que seáis conscientes de ello, un dato: en la obra La dama duende, una comedia de Calderón de la Barca estrenada en el año 1629, durante la escena XIII de la segunda jornada, el autor describe al supuesto duende que dice haber visto el miedoso Cosme como «fraile tamañito» o «duende capuchino».

Antonio de Zamora, un dramaturgo del siglo XVIII, también satiriza, como Calderón en La dama duende y El galán fantasma, esta costumbre de hacer pasar por duendes a los amantes y novios ruidosos. Lo hace en su comedia Duendes son alcahuetes y el espíritu foleto. Por otro lado, Fernán Caballero recogió en el siglo XIX algunos cuentos populares en los que los martinicos son los protagonistas.

Por último, y cómo ya he mencionado, Goya los ha retratado en su obra Duendecillos, donde van vestidos con hábito franciscano. Aquí tenéis el grabado:

Los martinicos aparecen en obras y grabados antiguos, como este grabado "Duendecillos" de los Caprichos de Francisco de Goya.
Duende Martinico en el grabado «Duendecillos» de los Caprichos de Francisco de Goya.

Leyendas de martinicos

Este tipo de duendes parecen sentir predilección por la comunidad de Castilla-La Mancha​. Aunque los martinicos más famosos son aquel que aterrorizó Villarroel y también el llamado Duende Culebrón de Guadalajara, también son muy conocidas las leyendas de los martinicos de Mondéjar, Villaluenga de la Sagra, La Guardia y Cazalegas, aunque, desde luego, no son los únicos.​

Los martinicos también se encuentran en cuentos e historias de Aragón y de toda Andalucía, pero sobre todo de las provincias de Jaén y Granada y, si queremos concretar más, forman parte del folclore popular de Arjonilla, Porcuna, Quesada, Pozo Alcón o de Baza.

Los martinicos de Andalucía

En Córdoba existe una leyenda muy famosa en la que un martinico se enamora de la dueña de una casa. El hermano de esta mujer, sin embargo, pretendía asesinarla para quedarse con el inmueble, por lo que el martinico siempre provocaba un gran estruendo cada vez que lo veía venir. La dueña, cansada de la situación, se mudó y su hermano aprovechó para asesinarla.

Esa misma noche, el hombre se trasladó a esa casa que siempre había deseado, que era la misma en la que vivía el martinico. Mientras dormía, notó que le faltaba el aire y como algo le oprimía el cuello y, poco a poco, su cuerpo se fue alzando en el aire hasta quedar colgado de una viga. Al día siguiente los vecinos lo encontraron muerto. En un rincón de la habitación esperaba el martinico que, antes de desaparecer, proclamó que se había hecho justicia.

En Granada, en el Albaicín, cuentan que los martinicos son los guardianes de los aljibes y de los depósitos de agua, y se asusta a los niños mencionando a estos duendes para evitar que ensucien el agua de estos depósitos. También en Granada, en Benamaurel, en un documento de la Biblioteca Virtual de Andalucía, se narra que cada vez que fallecía un niño sin bautizar este se convertía en un martinico vinculado la casa, y que la única manera de hacerlos desaparecer era pagando una bula a la iglesia. Esta misma historia también es popular en Baza (Granada).

Los martinicos de Castilla

Impagable, el siguiente fragmento de Notas de la mitología manchega, de Carlos Villar Esparza:

Los martinicos son los duendes de la mitología castellana.

Los martinicos en Aragón

En Aragón los martinicos tienen una atribución, un cariz diferente a sus familiares castellanos y andaluces. Y es que parece ser que es el duende que trae los sueños (un equivalente al Pedro Chosco de la mitología gallega). De hecho es muy común escuchar la expresión «ya viene el martinico» cuando un infante se está cayendo de sueño.

Otros duendes de la península

La Península Ibérica está llena de duendes. En este blog ya han aparecido muchos de ellos, la mayoría con un artículo propio en el que se explica todas sus características, costumbres y leyendas.

Estos duendes comparten ciertas características: son menudos, son bromistas, hacen trastadas (excepto los trasnos gallegos. Esos hacen trasnadas) y gastan bromas constantemente, pero, por lo general, no son malos. Es casi imposible verlos porque se esconden de la gente y también porque tienen el poder de hacer que las personas no los vean. Por cierto, todos tienen la mano izquierda agujereada.

A los duendes de Castilla y León y de Cantabria se les llama trasgos mientras que los gallegos son conocidos como trasnos. En Asturias se les llama trasgus y en Portugal llevan el nombre de demos (o fradinhos) da mao furada.

De trasnos y trasgus

Los trasnos gallegos. En Galicia hay muchos tipos de duendes, pero, de todos ellos, los equivalentes a los martinicos son los trasnos. Se les puede describir de muchas y maneras, pero la más común es la de hombrecillos menudos, con pequeños cuernos y un gorro rojo. Una de sus peculiaridades, e importante para “acabar” con ellos y sus travesuras, es que tienen un agujero en la mano izquierda. A veces también se los describe con patas de cabra y con rabo. Entran por la noche en las casas y hacen que se rompa la vajilla, que se pierdan las llaves, que caiga un vallado, que se líen los novillos que esté cosiendo una muchacha, etc… En fin, todo aquello que en galicia llamamos trasnadas.

Risco publicó una historia sobre una mujer que se mudaba y su Trasno:

Los trasgus asturianos: según Aurelio de Llano, son «de figura diminuta y simpática, visten de blusa de bayeta colorada y cubren su cabeza con gorros del mismo color. Nadie se ha fijado si gastan o no pantalones y si andan calzados o descalzos».
Jesús callejo nos los describe como unos seres pequeñitos, de hasta 80 cm, de piel oscura, piernas torcidas, rabo, uñas grandes en sus manos, una boca descomunal, la nariz aplastada, los ojos brillantes y pequeños cuernecillos. Van vestidos con una blusa y un gorro rojo. Son muy delgaditos y cojos. La cojera no les impide moverse con mucha rapidez, pues son muy ágiles y muy flexibles.
Por último, siempre me ha hecho mucha gracia una aportación de Francisco González Prieto: “Y era un pequeño cuchurrumelu chancelo y feo, pero coxirricaba (cojeaba) y los cuernos y el rabu se tapaba con un gorrete”

De trasgos, trastolillos, duendis y demos da mao furada

A los trasgos de León se les representa como figuras diminutas que visten bayeta colorada y cubre la cabeza con un gorro del mismo color. Penetran en las casas o en las cuadras por la noche cuando sus moradores duermen y se divierten haciendo calceta, limpiando y barriendo la casa, colocando las cosas en su sitio. Ah, pero si están de mal humor se dedican a romper los cacharros, esconder las cosas, revolver la ropa, hacer ruidos y asustar al ganado.

Los stragos o demonios da mao furada de Portugal son un pocos diferentes: tienen las orejas grandes, llevan el obligatorio gorro rojo en la cabeza y se pasan la vida jugando y haciendo bromas. Viven en los molinos, en las despensas, en los castros, en las grutas y en los pozos y los humanos no son capaces de verlos.

A los trastolillos cantabros se le describe como jugetones y atolondrados, de facciones pícaras y más negros que el hollín, con el pelo largo y del mismo color. Tienen unos ojillos muy verdes, una nariz gorda, dientes grandes, dos pequeños cuernos y un rabillo corto. Suelen cojear de la pierna derecha y visten una especie de túnica roja que se hace de cortezas de árbol cosidas con hiedra, se cubren la cabeza con un gorro blanco y se asisten de un bastoncillo de madera para caminar.

Por último, los duendi extremeños tienen ciertas rarezas: son muy pequeños (unos 40 cm) y de un color verde que se vuelve brillante por la noche. Corren a cuatro patas y, todavía más extraño, no en línea recta sino en zig-zag. En las Hurdes se habla del duendi Jampón, que pese a ser diminuto necesita engullir siete arrobas de comida al día y se cuela por las casas devorando todo lo que encuentra. También de la pareja formada por la duenda y el duendi zunguluteru, al que se le achaca el provocar los retortijones y los gases soplando en el oído a la gente mientras duerme.

Martinico creado para el Inktober por Tinta a tientas @itnasmorilla
Martinico creado para el Inktober por Tinta a tientas @itnasmorilla

Algunos artículos muy interesantes sobre los martinicos

Para despedirnos, os dejo aquí algunos artículos muy interesantes sobre los martinicos. El primero de ellos es un artículo publicado el 9 de febrero de 2014 en el periódico La Tribuna de Ciudad Real). «El duende martinico». En este artículo, se narran unos hechos que tienen a un martinico como protagonista.

El siguiente artículo es muy diferente. En el, Jose Ramón Lopez de los Mozos estudia varias leyendas populares con los martinicos como protagonistas: «EL “DUENDE MARTINICO” DE MONDEJAR Y LOS DUENDES DE BERNINCHES (GUADALAJARA)»

El siguiente artículo aparece en Culturas Populares. Revista Electrónica 6 (enero-junio 2008), y es extraordinario: en él, Rafaela Nieves Martín hace lo que ella misma define como «Edición y análisis comparativo de cuentos, leyendas, creencias, supersticiones, religiosidad popular, etnomedicina, informaciones de historia oral, del pueblo de Manzanares (Ciudad Real, España)». La consecuencia, 34 páginas de análisis sobre nuestro duende y su entorno. Aquí lo tenéis: http://www.culturaspopulares.org/textos6/articulos/nieves.pdf

Aquí os dejo también, en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, el texto de «NOTAS DE MITOLOGÍA POPULAR MANCHEGA», de Carlos Villar Esparza. Es un texto impagable que nos habla desde muy atrás en el tiempo de la mitología popular de La Mancha.

Las mitologías de Andalucía, Aragón y Castilla

Lo admito, no son las mitologías en las que más me he volcado… de momento. Pero todo llegará. Aún así, este blog tiene su recorrido y ya tenemos un buen puñado de seres miticos, cada uno con su artículo. Estos son los de la mitología castellana:

También existen en este blog un puñado de criaturas míticas que pertenecen a la mitología de Aragón. Son las siguientes:

Y aquí tenéis a los compañeros y compañeras de los martinicos en la mitología de Andalucía:

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Un abrazo enorme. Muchas gracias por leerme.

Sentid, vivid y no os rindáis nunca.

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2 ideas sobre “Martinicos: los duendes más sombríos y temperamentales de la península”